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Adiós al Ristorante Giorgio, de Calafell

Enric Ribera
Enric Ribera 21/2/2017Comentarios

Giorgio Serafini, con el apoyo de su mujer, Sabine, hace varias décadas dejó su tierra italiana, junto al Adriático, y vino al Mediterráneo, instalándose en la Costa Dorada, concretamente en Calafell. Era 1963. En esta turística población marinera, abrió -años después, en 1968- el restaurante Giorgio, donde ofrecía la mejor cocina italiana, mediterránea, artesanal y con una materia prima impecable. Tras una larga y fructífera trayectoria, llegó el momento del adiós y hace unos días, Serafini comunicaba el cierre del local.

El ristorante Giorgio, a dos pasos de la playa, ocupaba un local que era y siempre ha sido una verdadera pinacoteca, con obras de los mejores artistas catalanes, que frecuentaban el establecimiento al igual que otros muchos personajes conocidos de la política, las artes, los deportes o la cultura… Allí también se realizaban singulares cuadros colectivos, de grandes dimensiones, temáticos, que han dado la vuelta al mundo, como el del Café de Colombia o el de Luciano Pavaroti, entre otros.

Degustar las exquisiteces culinarias rodeado de pinturas de Rollán, Fuentetaja o Emilia Castañeda, oliendo el perfume de la trufa blanca resultaba ciertamente una experiencia inolvidable. Y es que Giorgio hacía una cocina mediterránea sencillamente antológica, elaborada con unos productos de primerísima calidad y realizada con verdadera pasión. Muchos productos procedían de su propio huerto, ubicado no muy lejos del establecimiento, de forma que eran de km O.

El añorado periodista Julián Peiró escribió un libro sobre la historia del restaurante en el que se citan las muchas distinciones que por su trayectoria profesional ha recibido a lo largo del tiempo Giorgio Serafini. Entre ellas cabe destacar la entrega de Premio de la revista Gastronomia i Turisme, en la celebración de su XXV aniversario. Y como más importante la entrega, por parte del presidente de Italia, del título de Cavaliere de la República de Italia, sin olvidar la Medalla de la Academia Italiana por la divulgación y la promoción de la auténtica cocina italiana y su importante tarea profesional en España. Por toda esta brillante trayectoria, la Guía Gourmand lo designó Restaurante del año 2016.

En este último año de su historia, 2016, el restaurante acometió  importantes novedades y notables mejoras en el local. Comedor, cocina y terraza fueron renovados y actualizados convenientemente para mayor confort y calidad. Junto a los numerosos cuadros de grandes pintores contemporáneos que llenan las paredes del local, destaca la pintura colectiva sobre los escritores famosos que han pasado por el restaurante en la larga vida del mismo. Firmas tan conocidas y prestigiosas -ya mencionadas- como Jordi Rollán, Fuentetaja, Alumà, Castañeda o Cruañas han plasmado a los famosos escritores que han pasado por el emblemático restaurante en su larga historia, como García Márquez, Vargas Llosa, Jorge Edwards, Juan Marsé, Carles Barral, Josep Mª Castellet y Carme Balcells.

Un almuerzo o cena en Giorgio podía iniciarse con la copa de champagne Henry Abelé. Con suave música de fondo italiana, llegaba a la mesa la bandeja de pan caliente y focaccia variada, toda una delicia. Seguía el salmón ahumado con cococha de semillas de amapola y los salmonetes rebozados con cebollita de primavera de la propia finca, exquisitos como la auténtica pizza italiana. En esta ópera culinaria se llegaba al cielo con las habitas y guisantes primerizos con caldo de gallina,  también de la propia finca, recogidos el mismo día a las 12 horas; al igual que las judías verdes, patata rate y patata violeta  con gambita fresca y aceite de oliva. Y culminaba el ágape con el crepe hecho al momento con salsa de múrgola fresca con queso. En los postres, las dos tartitas al soufflé de limón y naranja con helados de naranja y limón con salsa de zumo de naranjas de la propia finca y miel, eran un “bocato di cardinale”.  El café en taza de cristal de Murano con su crema de leche montada a mano era el magnífico colofón de una comida inolvidable, que podía rematarse con una exclusiva copa de Grappa Nonino, de 41º en botella de 6,3 l., servida con una gran probeta.

Quedaban muchas otras especialidades a probar de la carta cuya portada incluía el cuadro de Fuentetaja del joven arlequín comiendo pasta. En temporada -de mediados de octubre a mediados de diciembre- el “tartufo bianco” era el protagonista de sus mesas y estaba presente en la mayoría de los platos de la casa. La trufa blanca, ese producto excepcional, el llamado diamante de la gastronomía, se traía de Acqualagna. Para los gourmands era una gran fiesta, la fiesta de los sentidos. Eran unas jornadas memorables. De hecho, desde hacía muchos años la trufa blanca ha sido uno de los iconos gastronómicos del Ristorante Giorgio. Serafini fue pionero en hacerla llegar a Catalunya y a España cuando bien pocos conocían sus excelencias. Él es originario de Pésaro, en la regional italiana de Las Marcas, la misma en la que se hallan las excepcionales trufas blancas de Acqualagna, la mejores del mundo. Para garantizar su calidad, no hay nada como la confianza y la experiencia. Sus proveedores son miembros -con varias generaciones- de la familia Tofani de Aqualagna, que seleccionaban sus mejores trufas blancas para Giorgio. Seguramente, el más fiel de sus clientes y un buen amigo. La carta de platos con trufa blanca del restaurante estaba concebida en función de la calidad extrema de la trufa y del respeto a los otros elementos de cada plato. Con la trufa blanca de verdad no se juega. La temporada de trufa blanca en el restaurante duraba lo que duraba la temporada de trufa blanca en Acqualagna.

Siempre aprovechaba las fiestas navideñas para cerrar el restaurante  -del 20 de diciembre al 20 de enero-, pero este año el periodo de vacaciones se ha alargado más. Hace pocos días, una nota informativa comunicaba que el local de la calle Angel Guimerà, 4 de Calafell no abriría más sus puertas. Giorgio se despedía así, con estas palabras: “La más maravillosa historia de la restauración llega a su fin. Tras más de 50 años trabajando en el mundo de la hostelería, ha llegado el momento de la jubilación. Por ello, el Ristorante Giorgio ya no volverá a abrir. Nuestro más sincero y enorme agradecimiento a todas las familias que nos han visitado durante todos los años, así como a todos los trabajadores que participaron en este proyecto, a proveedores, vecinos, amigos todos. Nos vemos a tavola! Infinitas gracias a todos!”.

La Costa Daurada ha perdido uno de sus mejores restaurantes.


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