Revista Gastronómica Digital
image

Síguenos en:

  • facebook
  • twitter
  • youtube
  • googleplus

Actualidad

Agricultura, ¿en peligro de extinción?

Carme Gasull
Carme Gasull 20/9/2017Comentarios

El 25 de agosto leía con sorpresa la noticia publicada en The New York Times sobre la epidemia de suicidios de agricultores que arrasa en Francia. Entre las causas, la incertidumbre del futuro y la caída de precios.

La autora del texto, Paméla Rougerie, recogía casos diversos y concretos que complementaba con datos. “Entre 2007 y 2011 se suicidaron 985 agricultores, una tasa 22 puntos por encima de la media del país” (…) “los agricultores más susceptibles de suicidarse son hombres de 45 a 54 años” (…) “Desde 2014 existe un servicio telefónico para ayudar a los agricultores. También han aparecido redes multidisciplinarias para aconsejarlos en el ámbito financiero, médico, legal y familiar. Solo en 2016 este grupo atendió 1.352 casos” (…)

Quedé impactada. Y tuve una reacción, pueril quizás, tuitear la noticia de forma inmediata. ¿Esperando qué? No lo sé. Mostrar mi inquietud, compartirla también, y esperar reacciones. Hubo pocas, pero sí hubo una persona que sintió lo que yo y me lo hizo saber. El heladero riojano Fernando Sáenz , Premio Nacional Memorial de Gastronomía en 2016, me contactó en privado e intercambiamos mensajes sobre la necesidad urgente de poner en valor el trabajo de los agricultores, de los precios injustos, de la desconexión campo-ciudad, de las justificaciones de los cocineros, del silencio en los medios de comunicación… Hablemos de ello(s).

Cataluña: la agonía de la ‘pagesia’

El pasado 13 de septiembre se constituía el Consell Català de l’Alimentació, un órgano adscrito al Departamento de Agricultura (DARP), formado por una amplia representación de las asociaciones y entidades relacionadas con la alimentación en Catalunya que pretende convertirse en un foro de análisis, debate y propuesta sobre las cuestiones relacionadas con las políticas agroalimentarias catalanas. La JARC (Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya) es una de ellas. Su finalidad es defender los intereses de los profesionales de la agricultura, la ganadería y la silvicultura. Su vinculación a la COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) les permite defenderlos también en Madrid y Bruselas.

Según los últimos datos disponibles -de enero de 2016- la JARC-COAG alerta que el número de profesionales del campo en Catalunya ha descendido a casi la mitad durante los últimos 22 años. Más concretamente, entre 1994 y 2016, la cifra de agricultores y ganaderos catalanes disminuyó un 48,9%, pasando de los 50.938 a los 26.031. Las estadísticas también confirman que el sector envejece progresivamente porque los profesionales no se ganan la vida. Según la misma fuente, el 38,2% de los titulares de una explotación agraria tiene 65 años o más, cuando 20 años atrás solo era el 24,62%. Asimismo, desde 2004 hasta finales de 2014, la renta agraria en Catalunya ha empeorado un 15% y el volumen total generado por el sector a precios corrientes se ha situado en los 1.401,1 millones de euros, 150 menos que hace una década. La caída de la renta y el incremento de los costes de producción han ido acompañados de un descenso de casi el 15% en la población ocupada en Catalunya. Así pues, entre 2003 y 2013, la ocupación en el campo descendió de los 140.000 hasta los 119.000 trabajadores.

Francesc Boronat, viticultor y presidente de la JARC-COAG, explica: “Uno de los problemas del profesional del campo es que le cuesta mucho abandonar. La mayoría son propietarios de tierras que han pertenecido a su familia y si no les rinden creen que han fracasado. Antes de perderlas se empeñan, las van vendiendo poco a poco y, cuando ya no puedan más, se las venderán todas. Es un trabajo muy vocacional en el que se mezclan sentimientos. El suicidio es el extremo”. Y prosigue: “La tendencia en Europa es ser poco proteccionista y la Comisión de Competencia no permite pactar precios mínimos en algunos productos agrícolas, una excepción a la norma que pedimos desde JARC-COAG. En el marco español el problema es la ley de la cadena alimentaria que dice que todas las transacciones deben tener un contrato, un precio y unos plazos de pago. Los productos perecederos se pagan a 30 días y el resto, a 60. Y el payés se ve obligado a vender por debajo del precio de coste. En Catalunya existe un código de las buenas prácticas, voluntario, desde 2011. En la mesa se sientan casi todos los agentes que formamos parte de la cadena alimentaria y la verdad es que hemos notado pocos avances. Todos nos comprometíamos a no comprar a precio bajo coste, pero topamos con la gran distribución; ellos no quisieron de ninguna manera”.

No obstante, las líneas de acción están claras para el presidente de la organización agraria: “Queremos crear una pacto con la sociedad y mostrar todo lo que estamos haciendo los profesionales del campo: producir alimentos con seguridad alimentaria, prevenir incendios, disminuir la huella de carbono… Queremos acercar el campo a la ciudad, enseñar lo que hacemos en las escuelas, que la gente pueda visitar explotaciones. Es difícil querer algo que no se conoce… Queremos preguntarle a la gente si les importa el modelo alimentario que tenemos y que tendremos o les da igual. Si la respuesta de la sociedad es que les importamos, nosotros, los payeses, nos comprometemos a seguir, pero vosotros tenéis que pedir nuestros productos. La demanda debe condicionar la oferta y no al revés”, concluye Boronat. Para exponer estas cuestiones y salir de dudas, JARC-COAG tiene previsto celebrar una rueda de prensa el martes 26 de septiembre. El lugar aún está por determinar.

Acciones que empoderan

A raíz de esta situación, a lo largo de la geografía catalana han surgido diversas acciones cuyo objetivo es mostrar herramientas, aportar conocimiento y ofrecer experiencias que pongan en valor el trabajo de los agricultores y por supuesto, dar valor al producto. Éstas son algunas de ellas:

Benvinguts a pagès. Un fin de semana de ‘puertas abiertas al campo’ para ver cómo y dónde se producen los alimentos que llegan a nuestras mesas y saber cómo trabajan los agricultores catalanes. Las casi 200 explotaciones agrícolas y ganaderas que abrieron sus casas en la primera edición recibieron más de 12.500 visitas. La cifra superó las expectativas así que más de 750 explotaciones agrícolas y ramaderas, alojamientos, restaurantes y actividades se apuntaron a la edición de 2017, celebrada el pasado mes de junio. La acción registró unos 18.000 visitantes. Habrá una tercera.

Mercat de la Terra. Para acortar distancias entre la tierra y la mesa y aportar conciencia sobre lo que comemos, desde el pasado otoño Barcelona acoge semanalmente un encuentro de productores pequeños, artesanos, de proximidad y de Km0 que presentan y venden directamente alimentos obtenidos con procesos tradicionales respetuosos con el medio ambiente a precios justos, tanto para ellos como para los compradores.

Fira Àpat . El próximo mes de octubre hará tres años que los productores y elaboradores catalanes pueden mostrar sus productos a los consumidores finales o a los intermediarios (tiendas, restaurantes, hoteles, vinotecas, distribuidores) en la capital catalana.

Jornada Agronyam, organizada por el Consorci Leader de Desenvolupament Rural del Camp, se estrena en la Vinícola de Nulles el próximo 9 de octubre. La finalidad es crear sinergias entre los productores, facilitar las relaciones comerciales con restauradores, establecimientos comerciales y agroturísticos del Camp de Tarragona. Si vives y/o trabajas en la zona, podría interesarte.

Los citados no son los únicos espacios de encuentro entre payeses y consumidores que ofrecen la posibilidad de comprar directamente alimentos locales sin intermediarios en territorio catalán. Afortunadamente se reparten por la geografía y el calendario. Igual que las ferias, fiestas y muestras dedicadas a ingredientes de temporada; las jornadas y menús gastronómicos con productos locales como protagonistas; los talleres, catas y degustaciones e incluso los premios y concursos que reconocen su calidad.

“Tenemos una diversidad y una tipicidad de alimentos increíble, pero tenemos que ponerlos en valor”, concluye Francesc Boronat. ¿Les ayudamos?


Comentarios