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Actualidad

‘Bis bald’, Jean Louis!

Xavier Agulló
Xavier Agulló 2/2/2015Comentarios

El último ‘champagne’ en Neichel. Exordio de Roser Torras

Entro hoy en Neichel… Y me veo a la vez entrando, hace 33 años, un año después de su apertura, Evelyn embarazada de Mario… Aquí hice el stage de cocina definitivo, el que me convenció para dedicarme de lleno a la gastronomía, una pasión que siempre se me coló en el quirófano en el que ejercía de instrumentista para Santiago Dexeus. Sí, fue Jean Louis quien me decidió a dar el salto…

Neichel, Roser y Marc.

Neichel, Roser Torras y Marc Albornà.

Hace 33 años de aquello y, hoy, aquí, puedo volver a saludar al gran Antonio, el primer maître. 33 años y hoy. Antonio, y Javier, que llegó después… Estamos todos celebrando Neichel… Y Nuria. Y Evelyn. Y Jean Louis. Miro a mi alrededor y veo a los clientes de siempre… Neichel. Muchas emociones, muchas. Se acaba una etapa y sólo les deseo lo mejor a todos. Vienen nuevos tiempos, y Mario tiene un gran futuro. Y las niñas. Y Jean Louis y Evelyn se merecen vivir la felicidad fuera de la esclavitud de los servicios.

De postre, el pastel de chocolate sin harina, por favor. ¡Cuántos hice yo misma aquí, Jean Louis! ¿Te acuerdas de cuando me hiciste limpiar de un barreño de cangrejos de río vivos? Tantos recuerdos…

Todo mi amor, familia…

Roser Torras 

Debo decir que, en mis tiempos de juventud orgullosa, Neichel era el fruto prohibido en mi agenda de ligoteos gastronómicos (algo que siempre me funcionó muy bien). Sí, hermanos, Neichel era (el propio nombre ya me impresionaba) el restaurante inaccesible. Porque imagínate: un restaurante francés y fino y en Pedralbes. ¡Carísimo! No podía arriesgarme a fracasar en la temida hora de la cuenta… Fue catártico cuando, por fin, gracias a mi trabajo como periodista, entré un día allí… Recuerdo que todo brillaba, las botellas de sensaciones desconocidos alineadas, la blancura de los manteles, la gran carta con los misterios de la nouvelle cuisine saltándome a los ojos… Grande. Siempre lo es la primera vez, ¿no? Luego ya fui conociendo a Jean Louis y a su mujer, y comencé a comprender que los precios, la finura o el barrio nada tenían que ver con Neichel. En Neichel se celebraba la nueva cocina, se trabajaba en la máxima presión, las materias primas eran asombrosas y la diversión estaba en el fondo de cada plato… Neichel era alta cocina, amigo, y de verdad. Un lugar para disfrutar, mitificar… y aprender. Ahí estaban Chapel, Haeberlin, Pic… Jean Louis interpretaba y creaba y hacía historia. Neichel es historia de Barcelona.

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Ensalada de gamba, arroz con butifarra y vieira y lomo de ciervo con castañas de la última comida en Neichel.

Y hoy haremos la última comida aquí. Y una realidad que viví y disfruté pasará a ser un capítulo del gran libro de la gastronomía barcelonesa. Mira como entramos: royal de foie gras con reducción de garnacha; tartare de salmón con sus huevas y parfait de becada con trufa negra de Graus. La perfecta alegoría del lujo culinario.

Recuerdos y colores… La ensalada de gamba, Micuit, verduras y frutas… El parmentier con huevo poché y trufa negra. El arroz con butifarra, vieira y espardenya. El noble lomo de ciervo con castañas, pera al vino y ruibarbo… Y la ligerísima pero envolvente mousse de chocolate, el pastel de chocolate y plátano, el merengue… Y las tejas, esas tejas de Chapel…

Luego es el champagne terminal con Jean Louis, ese último champagne que bebemos frío y melancólico…