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Actualidad

D.O. Terra Alta con nombres y apellidos

Lluís Ariza Soler
Lluís Ariza Soler 15/7/2014Comentarios

Una zona catalana a descubrir con unos vinos que seducen

Cuando recibí la noticia de mi contribución en el proyecto Prodeca, en forma de reportajes de enoturismo sobre las 11 denominaciones de origen del vino catalán, me pareció una idea fascinante. Si bien al principio pensé que me gustaría escribir sobre la D.O. El Pla de Bages, pues es una zona que conozco bien, fue una alegría cuando me dijeron que debía hacerlo sobre la D.O. Terra Alta y no lo dudé. ¿El motivo? No conocía bien esta denominación y sin duda este desconocimiento la hacía más interesante e ilusionante. A veces lo que tienes cerca, piensas que ya tendrás tiempo para conocerlo y luego no encuentras día para ir. Esta era la mejor ocasión.

Viñas de la Terra Alta.

Viñas de la Terra Alta.

Quise salir hacia la Terra Alta con visitas programadas y todo bien organizado, pues de lo que estaba seguro es que  encontraría mucho más de lo previamente seleccionado. El programa para mi visita a la D.O. Terra Alta lo preparé para conocer su tierra, sus vino, sus bodegas, su gastronomía, su cultura y sus edificios más emblemáticos, pero también sus personajes.

Día 1: Barcelona-Batea

Cuando pregunté cuánto tardaría en llegar, me dijeron que unas dos horas si iba por Falset y un poco más si iba por Tortosa. Decido ir por Falset -que siempre me hace ilusión recordar mis primeras visitas al Priorat-. No fueron dos horas, sino media más. Además de por Falset, pasas por Mora, Gandesa y desde allí dirección hacia Aragón llegas a Batea.

Batea-La Fou Cellers-Ramón Roqueta

Frente al nº34 de la plaza Catalunya de Batea me espera Ramón Roqueta Segales. Joven miembro de una familia de larga tradición vinícola, es  ingeniero agrónomo y máster en enología en Montpellier. Me disculpo por la tardanza y me contesta: “A todos los que vienen a visitarme les pasa lo mismo y aprovecho para acabar mis temas pendientes”. Me explica su vida, que en 2003 acabó sus estudios de enología y que realizó sus prácticas en la región francesa de Chateauneuf-du-Pape. Allí tuvo la experiencia de trabajar con garnacha, una cepa de la que quedó fascinado, por el estilo de vino que da, elegante y profundo.

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Junto a Ramón Roqueta, de la bodega LaFou.

Buscó el paraje que mejor lo pudiera adaptar y escogió la Terra Alta. Allí compró una finca rústica de más de 60 hectáreas y una bodega situada en el centro del pueblo de Batea y fundo LaFou en 2007. Las viñas de esta bodega están situadas al norte de la población, en las tierras de Mas Gabrielet, paraje que delimitan la provincia de Tarragona con Zaragoza y Teruel. “Cuando miro un plano, sé exactamente donde están mis 12,5 hectáreas de viñedo. Un terreno orientado al sur, de clima mediterráneo, aunque con inviernos muy fríos y veranos calurosos, de suelos calcáreos de textura arcillosa con zonas de cantos rodados”, me comenta Roqueta. Allí tiene plantada garnacha negra de 40-60 años de antigüedad, garnacha blanca de 40 años, syrah de 15 años y de morenillo, que es una cepa recuperada, y que está arrasando en la Terra Alta.

La bodega situada en la plaza Mayor, en el centro de Batea, era antiguamente una gran balsa de agua que abastecía a toda la población. Por razones higiénicas se eliminó y dos años después, en 1789, llegó el agua corriente a la población. Allí la familia Figueras, los primeros propietarios, edificó su vivienda. Actualmente es propiedad de la familia Roqueta, quien la ha rehabilitado para crear un espacio único con las modernas instalaciones de una bodega pero adaptada a la antigua vivienda.

Hacer vinos con la garnacha, su cepa preferida, es su propósito. Para ello cuenta con su enólogo de toda la vida, Joan Soler Plaia, ingeniero técnico, máster en viticultura y Enología por la UPC, a quien le describió el tipo de de vino que quería elaborar. Joan lo entendió y plasmó exactamente el tipo de vino quería Roqueta. Poca maderna para el blanco, solo un 10% de la producción pasa por barrica y nunca nueva. En tintos, hasta 12 meses. No más. Produce al año entre 60.000 y 80.000 botellas de sus tres grandes vinos LaFou de Batea, LaFou els Amelers y LaFou El Sender.

LaFou Els Amelers es un vino 100% de garnacha blanca. En nariz destacan aromas frutales, florales y de fuego. Es fresco, largo, tiene una buena acidez y un final potente y elegante. LaFou de Batea está elaborado a base de 75% de garnacha negra, 15%syrah y 10% cabernet sauvignon. En nariz, notas a frutos secos, tomate y frutas rojas. En boca, vivo, fresco muy equilibrado, con un final un poco amargo. LaFou El Sender, a base de 60% de garnacha negra, 30% de syrah y 10% de morenillo. En nariz notas de fruta negra, balsámico y muy perfumado. En boca, largo, fresco, agradable, donde los recuerdos a fruta fresca se combinan con especies y regaliz.

El lema de la bodega: “que se exprese el vino”.

Día 2: Celler Batea- Lluís Marín

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Parte de la bodega de Celler Batea.

Batea, una población situada al sur de Catalunya, es una de las cuatro comarcas que forman las Terres de L’Ebre a 400 metros sobre el nivel del mar. Es un lugar formado por colinas, valles y llanos. Un paraje espectacular donde la viña se planta en terrazas naturales y terrenos muy permeables que permiten un buen drenaje.

Celler Batea es una cooperativa que  se fundó en el año 1961. No obstante, su tradición vinícola forma parte de la historia y la cultura de esta población desde hace muchos años más. Sus viñedos tienen una extensión de 1445 hectáreas y están situados en distintos microclimas. Se recogen más de ocho millones de kilos de uva. De ellos, un 45% es blanca y un 55%, tinta. Para vinos blancos cultivan la garnacha blanca, el macabeu, la perellada y la moscatel. Para los vinos tintos, garnacha negra, cariñena, merlot, syrah, cabernet sauvignon y tempranillo.

Muy interesantes son sus naves de envejecimiento construidas aprovechando antiguas almazaras que estaban en desuso. Esta bodega está edificada con arcos de medio punto de cerámica de ladrillo visto entre nave y nave. Mirando al techo se observan las antiguas bóvedas de cañón revestidas con azulejos vidriados.

En la bodega, nos recibe Lluis Marín enólogo-gerente de la Cooperativa Celler Batea. Aunque va muy escaso de tiempo nos dedica casi una hora para explicarnos sus proyectos. “Embotellamos desde hace 30 años y desde hace dos que hemos empezado a elaborar vinos naturales”, nos comenta Marín. “¡Es el porvenir!”, asegura. “Agricultura ecológica en todas las tierras, porque cuesta convencer a los payeses. Y en tres años todos serán ecológicos”, añade el enólogo. Se sirve de productos naturales para la elaboración de vinos blancos y los mantiene tres meses sobre lías en constante movimiento hasta que las lías precipitan y hacen de antioxidante. Exportan un 25% a China, a Alemania, Estados Unidos y Suiza . Procura en lo posible que sus vinos no sobrepasen los 13% los blancos y 14,5% los tintos. Su producción es de 1.000.000 de botellas.

Sus vinos: Vallmajor, 100% garnacha blanca. L’Aube, un espectacular tinto con merlot, garnacha, cabernet sauvignon, con 15 meses de barrica. Primicia, con garnacha tinta y syrah y de seis a nueve meses en barrica. Vallmajor, con garnacha tinta y syrah. Vivertell, con 80% de garnacha, tempranillo y syrah.

Hace pocos días presentaron los vinos Naturalis Mer, un blanco joven de garnacha blanca 100% y un negro con garnacha negra y cabernet sauvignon con tres meses de crianza en roble francés. Dice Lluís Marín: “estos vinos son el objetivo de la Cooperativa para responder a la inquietud general de consumir productos naturales y al mismo tiempo al interés del productor de preservar al máximo el medio ambiente”. Que así sea.

Joaquim Paladella I Curto: Alcalde de Batea

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Vistas habituales de la DO Terra Alta.

Joaquim Paladella es de profesión payés, aunque finamente se les llame viticultores. Joaquim comparte esta profesión con la de alcalde de la población. Me recibe en el Ayuntamiento y durante dos horas hablo con él. Conversar con Paladella es de gran satisfacción para mí, al haber pasado parte de mi vida como funcionario, técnico municipal. Alcalde desde 1991 y al frente de la coalición UPTA (Unión per la Terra Alta) PSC-PM, ha sido además parlamentario y portavoz en la Comisión de Agricultura, Ganadería y Pesca entre 2006 y 2010. Es el único parlamentario que puede presumir de ser payés. Nacido en 1963, tiene dos hijos, “xiquet y xiqueta“. El chico comparte con su padre la profesión y vive de su trabajo en la viña junto a los almendros y olivos.

Paladella me comenta: “todos los concejales de mi equipo son payeses como yo, un lujo hoy en día. Los jóvenes ya no se van a la ciudad. Algunos de los que se quedan trabajan en el campo. Batea es además la población con la tasa de paro más baja en las Terres de L’Ebre”. Batea  es una población rica y él está orgulloso.

Hablando sobre viticultura, nos muestra su ilusión con la uva morenillo, una cepa casi abandonada que hoy es objeto de culto. Hoy todos la quieren plantar, la llaman la pinot-noir, por su color marrón parecido a un Pommard. Obtiene las mejores puntaciones entre las guías, ya que es una cepa de la que se obtienen vinos finos, delicados y golosos. ¡Un Bourgonya en Catalunya!

También cultiva, con su padre e hijo, unas 2600 cepas por hectárea. Tiene 90.000 cepas de garnacha blanca, garnacha negra, merlot y syrah.

Beu i viu a Batea (bebe y vive en Batea)” es su lema y Joaquim lo hace posible.

Josefina Piñol-Celler Piñol-Batea

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Viñas del Celler Piñol.

Que Josefina Piñol, propietaria de Celler Piñol, es la alma máter de esta bodega nadie lo duda. Con su fuerte personalidad nos explica su vida y su esfuerzo por llevar adelante esta bodega. Nos cuenta que: “importantes distribuidores de vino nos ofrecían quedarse con toda la producción de la bodega a un precio que consideramos irrisorio, pero preferimos seguir solos y la verdad que lo pasamos muy mal en aquel momento”. Nos comenta que sólo con la pasión y el amor por la tierra y los viñedos de cuatro generaciones de la familia ha hecho posible que, más de medio siglo después de iniciar la elaboración de vinos de forma artesanal en 1940, sus vinos hayan alcanzado cotas muy importantes de calidad, reconocidos con premios importantes..

En 1995 comercializaron su primera botella, L’Avi Arrufi 1995. Ya en el primer concurso internacional -el certamen Seleccions Mondials de Montreal- al que se presentaron con él, el vino obtuvo una medalla de plata, entre casi 2.000 referencias. Hoy este vino recibe puntuaciones de 95 puntos en la guía Wine Advocat.

Están encantados y satisfechos con su última joya que es el morenillo, en viñedos de 100 años. Esta variedad, necesita al menos 15 años para poderse vinificar. Requiere terrenos pobres y fallas con materia orgánica. Tiene que aprovechar la poca agua que cae durante el año (350-400 mm) y sus largas horas de sol (2800), lo que favorece a una menor producción pero a una mayor complejidad e intensidad al vino. Tienen 75 hectáreas de terreno y potencian sus variedades autóctonas como la garnacha blanca, la negra, la cariñena y el mazuelo.

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Interior de la bodega del Celler Piñol.

Nos enseña la bodega y descendemos donde envejecen los vinos en dos naves. Una de ellas construida en antiguos lagares bajo tierra, en piedra picada, y la otra, para los vinos de semicrianza. Hay más de 450 barricas, la mayoría de roble francés.

Sus mejores vinos o los que más me han gustado son:

Finca Morenillo 2010: Su vino estrella, 100% morenillo, un vino de guarda elaborado a partir de viñas de 85 años de antigüedad. Solo 3.000 botellas a 27€ cada una. 15 meses en barrica de 500 litros de roble francés y 14% de alcohol. Es un vino elegante, fino y de larga persistencia en boca.

Mather Teresina: Es el realizado en honor a su madre, de viñas viejas de garnacha negra, cariñena y un 10% de morenillo. Crianza en barricas de roble francés 855 y americano. Un vino carnoso, redondo con una excelente expresión del terroir.

L’Avi Arrufi Blanco: 100% garnacha blanca, con crianza durante siete meses en barrica de roble francés. Untuoso, sedoso, muy estructurado, sobresaliendo unas finas notas minerales y me gusta por su largo final.

Josefina Piñol dulce negro: Otro de sus vinos preferidos. Elaborado en recuerdo a aquellas viejas mistelas, es un vino sobremadurado en cepa de más de 80 años, de garnacha 100%. Tiene aromas digo yo “totales”. Confitura de frutas, dátiles, torrefactos, cacaos , cafés y regaliz. En boca no es muy dulce, pero es  redondo, fino y agradable y eso lo convierten en ideal para tomar con postres con chocolate y con algún queso azul.

Esfuerzo, pasión y amor al vino estas son las cualidades de “Mather Josefina”.

Día 1 y 2. Gastronomía

Ana Miralles-Hotel Restaurante Miralles-Horta de Sant Joan

Les capçades.

Hotel Les Capçades en la Terra Alta.

Nos alojamos en el Hotel Les Capçades, situado en la localidad de Horta de Sant Joan. Cuando llegué, pensé que era un Relais & Chateaux en la Terra Alta, por su situación y sus instalaciones. Este establecimiento es propiedad de la familia Miralles, que en el mismo Horta de Sant Joan posee el Hotel Miralles y el restaurante del mismo nombre, posiblemente el más conocido de la zona. Como en Les Capçades no servían cenas, salvo el fin de semana, nos fuimos a conocerlo.

Ana Miralles es la copropietaria y responsable de los hoteles y restaurante. Este último fue fundado por su padre Salvador nacido en el mismo Horta de Sant Joan un 18 de marzo de 1976. Ya de pequeño, y para ayudar a la familia, criaba un rebaño de cabras blancas llamadas crestons. El crestó es un cabrito castrado correspondiente a la especie de la cabra blanca. En 1950 había en la zona 30 rebaños y unos 5.000 animales que fueron desapareciendo hasta que en 1960 apenas quedaban. Salvador, que como hemos dicho había hecho de pastor, recuperó los existentes, iniciativa que le permitió recibir algunas distinciones. Asimismo reintrodujo el plato de crestó en escabeche en la carta del restaurante. Este tipo de comida ya se cocinaba durante el siglo XIII bajo el nombre de Mes Preurat. Por entonces no había guías gastronómicas.

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Cartel del ‘crestó’ con escabeche en el restaurante Miralles.

La carta del restaurante Miralles es interesantísima con platos como el Pulpo a la brasa con crema de patata, Carpaccio de crestó con queso curado de oveja y virutas de foie, Hamburguesa de pato del delta con cebolla dulceBacalao confitado al romero, Chorizo de cabra a la brasa y el Crestó en escabeche, naturalmente. Nosotros comimos un carpaccio de langostino con trufa melanosporum recién llegada dels Ports de Basseit en pleno mes de mayo, que podría competir con las grandes trufas de su cercana Morella. Raciones abundantes y precios ajustados con un servicio, ágil y profesional. El carpaccio de trufa, a 16€, por ejemplo. Ana, que es un encanto de mujer, no solo te cuenta los avatares del restaurante sino que te recomienda lugares, bodegas y paisajes que no debes perderte, además de hacerte las reservas.

Días 1, 2 y 3 Alojamiento

Les Capçades-Familia Miralles

Varios fueron los alojamientos que se me propusieron. Todos ellos, sin duda, merecían la pena. Dos de ellos me pusieron en un serio aprieto. El Enoturismo Celler Piñol en Batea, con cuatro bellísimas habitaciones y situado frente a la bodega, daba la sensación de convivir con el vino. El otro, situado en Horta de Sant Juan, bajo el Parque Natural de los Puertos de Tortosa Beceite y a los pies de las rocas de Benet y la impresionante silueta de la montaña de Santa Barbara, me acabó convenciendo.

El Hotel Les Capçades es de nueva construcción. Jordi Pujol celebró su 80 aniversario acompañado de toda su numerosa familia -29 personas- en este hotel que expresa con sencillez y lujo para descansar, respirar y sentir. Habitaciones con terraza y jardín. En el interior, en la planta baja, una coqueta piscina cubierta. El comedor principal, dedicado a Manuel Pallares, amigo de Pablo Ruiz Picasso, que fue quien lo trajo a su casa para que se recuperara de una enfermedad contagiosa en 1898. La habitación en donde pernocté, posiblemente la mejor del hotel, lleva el nombre de Picasso.

Los puertos de Beceite fueron lo que más le impresionaron al entonces joven pintor que volvió a Horta de Sant Joan 10 años después, estancia por el escándalo que provocó la compañía de la modelo y artista Fernande Olivier. Su obra en aquel momento era un homenaje al pueblo, a las tierras y a las montañas de este lugar y más tarde reconoció que todo lo que sabía, lo había aprendido aquí.

Día 3: Jaume Martí-Sant Martí Wines-Bot

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Garnacha en los terrenos de Agrícola Sant Josep.

En la D.O. Terra Alta ha sido un gran placer conocer a Jaume Martí de Agrícola Sant Josep. Nos sentamos frente a la antigua estación de Bot, actualmente acceso a la Vía Verde que forman parte de los 32km del antiguo trazado del ferrocarril proyectado en 1882 que debía de unir Puebla de Hijar, en la provincia de Teruel, y Sant Carlos de la Rápita, población a la que nunca llegó el tren. Sus túneles y viaductos son transitados por excursionistas y, especialmente, ciclistas pues es el lugar ideal para descubrir los encantos paisajísticos que atesora esta región. En defintiva, un lugar ideal para hablar con este gran comunicador y que ama su trabajo. Enólogo, ingeniero técnico de industrias agrarias y alimentarias y máster en gestión de empresas, ha dedicado unos años a la secretaría del Consell Regulador de la Terra Alta. Ha situado esta región en una de las más avanzadas en tecnología y ha impulsado campañas como SOC TERRA ALTA / SOC GARNATXA BLANCA 100/100, consciente de que los esfuerzos expresados, siempre con honestidad, se han de centrar en dar a conocer y situar el producto en el mercado.

Ahora ha dejado el Consell Regulador y emprende un nuevo proyecto profesional como nuevo director de marketing de Agrícola Sant Josep en Bot, pueblo cercano a su Gandesa natal. “El entorno en el que nos ha tocado vivir es competitivo”, comenta Martí, quien ha colocado en la red informática de la Cooperativa, el nombre de Sant Josep Wines. “Convencer al socio cooperativista de poner este nombre, no ha sido fácil”. ¡Me lo creo!

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Edificio de la bodega Agrícola Sant Josep.

Me habla de sus cepas preferidas. Es la garnacha, la más identificativa de la zona. La blanca, siempre sola pero la negra mejor con coupages.

El vino emblemático de la bodega es el Llàgrimes de Tardor, blanco o tinto y además me dice con orgullo que es el más consumido en la región. Es de una calidad excelente, se recoge en 50 fincas, es un vino que es la esencia de este territorio, la Terra Alta que era la más desconocida de las DO catalanas y que está resurgiendo día a día con mayor prestigio.

Probamos sus lágrimas: Llàgrimes de Tardor blanco garnacha blanca 100%, de color amarillo dorado, en nariz tiene aromas de  frutas tropicales y en boca es aterciopelado y fresco con un largo final. Llàgrimes de tardor tinto es un vino compuesto por garnacha negra, cariñena, merlot, tempranillo y shirah. Color rojo cereza, aromas en nariz a frutos rojos, es amplio, redondo con un buen final. Goloso es una de sus mejores cualidades y no me extraña el liderato en ventas. Elaboran también Clot de L’Encis, en blanco, rosado y tinto y este año han comercializado un vino joven, moderno a base de la cepa shirah llamado Pla d’en Fonoll, que apenas ha durado en tienda, por su éxito.

“Y no lo olvides, la exportación cuesta pero es nuestro futuro”, me comenta finalmente.

Este es Jaume, un gran personaje y director de marketing de una cooperativa que posee 500 hectáreas de viñas, la mayoría garnacha, la bodega al lado de la antigua estación de Bot, en la que desde no hace mucho vuelve a circular el tren. El “trenvinícola” se entiende.

Día 4: Celler Barbara Forés-Gandesa

MªCarmen y Manuel Sanmartín, de Barbara Forés.

Mª Carmen Ferrer Escoda, enóloga, dice que para ellos la bodega Bárbara Forés significa respeto y tradición en el arte de elaborar vinos, transmitidos de padres a hijos durante más de 100 años. Con el vino Bárbara Forés, formado por el matrimonio entre MªCarmen y Manuel Sanmartín, rinden homenaje a la tatarabuela, nacida en Gandesa en 1828 quien supo trasmitir a su hijo Rafael el arte de elaborar vinos. Rafael Ferrer construyó la bodega de la casa a finales de 1898 y empezó a embotellar vinos en un edificio modernista que es la actual bodega, obra del insigne arquitecto tarraconense Ramón Salas y Ricoma. Me dice Manuel que es “demasiado grande para una casa y demasiado pequeña para una bodega”. Los antiguos lagares los han convertidos en depósitos para fermentar los vinos.

En Gandesa tienen 19 hectáreas de viñas entre 350 y 600m de altitud. Siguen explicándome: “las más viejas, de garnacha blanca, aunque antes eran de malvasía que eran la cepa que se plantó en un lejano 1.647”. También tienen la viognier, una cepa francesa de la que están muy contentos. La Garnacha blanca, negra, cariñena, cabernet sauvignon, merlot y shirah son otras variedades que cultivan, además de la morenillo, la última en plantar.

Recorremos sus viñas, Coma d’en Pou, un paraje excepcional con vistas a la Serra de Pandols y Els Ports de Beseit. Allí tienen las viñas de garnacha tinta, cabernet sauvignon, merlot y shirah. Y en la Corneta y el Grau, la garnacha blanca. Ver en medio de la Serra de Pandols, rodeada de vegetación, la plantación de morenillo, es un lujo. “La hemos tenido que vallar para evitar la entrada de animales”, dice Maria Carmen.

Ya de vuelta a la bodega probamos El Quinta 2003, un garnacha blanca en estado puro. Es sabroso, fino y con notas herbáceas. Parece Chartreuse. Y también catamos La Coma d’En Pou, un tinto con garnacha, cabernet y shirah y El Templari de garnacha negra y morenillo y su famoso rosado, Bárbara Forés, uno de los mejores que conozco con Garnacha tinta, shirah y cariñena.

Si Bárbara Forés, la tatarabuela fundadora de la bodega lo viera seguro que diría: “Valió la pena”.

Último día: Jordi Rius-Gandesa

Jordi Rius Gironés (Tarragona, 1979) es ingeniero agrícola y enólogo y desde hace dos años secretario del Consell Regulador de la DO de la Terra Alta, cuando sustituyó a Jaume Martí. Puedo calificarlo como devoto de su tierra, de sus vinos y de las bodegas elaboradoras, pero su éxtasis es la garnacha blanca, la variedad estrella. Me comenta que la Festa del Vi de Gandesa, de la que Jordi es uno de los responsables, el año pasado batió todos los récords. Más de 2.300 copas vendidas en lo que era su edición número 26 y siguen creciendo. “Cada año hacemos mejores vinos, las bodegas trabajan mejor, invierten en tecnología, en el campo y nos creemos el potencial que tenemos”, añade. Seguimos con la garnacha blanca: “tenemos unas 1.400 hectáreas de un total de 4.500 hectáreas que existen en todo el mundo. El 33% se hace aquí y representa el 90% de la superficie de garnacha blanca de Catalunya”.

Me cuenta que la garnacha blanca está reconocida con dos distintivos de garantía. El genérico, que ha sido calificado por el INCAVI, y el distintivo específico Terra Alta Garnacha Blanca, que se aplica a los vinos que están elaborados totalmente con esta uva y que han recibido una calificación superior a 80 puntos según el Comité de Tast del Consell Regulador.

Imagen de los arcos de la Catedral del Vi.

Le pregunto a Rius por las variedades foráneas. Me responde que “las viñas están volviendo cada vez más a las cepas locales. Un 70% de las variedades foráneas se han arrancado y se han replantado por cepas locales”. El enólogo señala finalmente: “con esta climatología, la poca lluvia, el suelo pobre en materia orgánica, los factores culturales y las personas, la D.O. Terra Alta está en alza”.

De visión imprescindible

Celler Cooperatiu de Pinell de Brai: De estilo modernista fue encargado a César Martinell Brunet en 1918. Es, sin duda, la Catedral del Vi por excelencia. La decoración de la bodega se basa en azulejos, evocando escenas de las prensas de aceite, de vino y de cazadores bebidos, que no se colocaron hasta 1957. Los cooperativistas decidieron ahorrarse las 5.000 pesetas que valía la obra, pero César Martinell las hizo realizar a escondidas y las guardó en el sótano del Celler.

Celler Cooperatiu de Gandesa: Construido en 1919, se comenzó después del de Pinell de Brai, aunque se acabó antes. Martinell proyectó su obra más singular, reconocida como una de las siete maravillas de Catalunya. La cubierta es el elemento más sorprendente. Las diferentes alturas de cada nave son el secreto para dejar entrar la luz uniformemente a todo el interior por medio de ventanas abiertas, bajo cada una de las bóvedas catalanas levantadas sobre los arcos parabólicos que aguantan la estructura.

Iglesia arciprestal de la Asunción en Gandesa: Construida en el siglo XIII, sobre una mezquita, su parte románica incluye el absis poligonal y el muro lateral de tramuntana, en donde hay un magnifico portal de estilo leridano del siglo XIII. Al lado de la Iglesia, existe la casa donde nació Mossen Juan Bta. Manya Alcoverro, sacerdote, teólogo, historiador de Gandesa y buen aficionado al vino. Durante toda su vida su afición fue cultivar su parcela de viña.

Y como ejemplo basta indicar que en el reciente Festival Mundial de la Garnacha celebrado el pasado 9 de febrero en Perpignan , las garnachas catalanas obtuvieron 22 de las 75 medallas de oro, de ellas 9 para bodegas de  la Terra Alta:  Celler Piñol y  LaFou Celler y de plata para Sant Josep Wines y Cooperativa Batea. ¡Un éxito sin precedentes!!! Una razón mas para seguir promocionando los vinos catalanes.

4 Comentarios

  1. Noelia dice:

    Me ha encantado el post. Sin duda es una zona a descubrir
    http://trujal-almazara-aceitedeoliva.blogspot.com.es/

  2. Tacones cercanos dice:

    Apreciado Sr. Ariza, esta vez ha redactado un recorrido – investigación que contiene la ilusión del descubrimiento, la admiración hacia los protagonistas y su ya característica capacidad de seducción para invitar a sus lectores a que le acompañen en el próximo trayecto, porque repetir el que usted ya ha realizado requerirá contratarlo como mentor. Es impresionante el gran universo por descubrir en cada pequeña zona vinícola!

  3. Manel Duran dice:

    Lastima que el excelente trabajo que hacen algunos enólogos se vea perjudicado por los que no saben hacer vinos originales y todavía se dedican a producir vinos afrancesados.