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Actualidad

Fallece Pere Bahí, cocinero y cantante. Por Xavier Agulló y Salvador García-Arbós

Redacción
Redacción 7/11/2015Comentarios

Pere Bahí, por Xavier Agulló

Llora mi teclado hoy. Y lloro yo también por Pere Bahí, amigo, cocinero, erudito gastronómico, cantante, compañero de tantas luces junto al mar… Y pienso, a pesar de lo que llegamos a disfrutar en sus menús infinitos de La Xicra o con sus arroces monumentales en la cueva o con esas conversaciones densas de Empordà y Pla, que lo que hoy más me falta, me duele, es su sonrisa perenne, que ni tan siquiera sus gafas tintadas podían oscurecer.

Pere fue sostén fervoroso de lo más tradicional de la culinaria ampurdanesa, cierto; pero también un hombre de su tiempo que supo darle el necesario lustre actual a aquellas recetas. Porque Pere siempre supo equilibrar las potencias y las sutilezas con una elegancia de sorprendente naturalidad. De ahí la importancia futura de su legado.

Su gran cultura, su alegría inacabable y sus catárticos “catxuflinos” se enroscan ahora mismo en mi mesa con esos rayos de tímido sol invernal… Y yo ya sonrío de entrañable nostalgia.

Pero el teclado sigue llorando.

Pere Bahi, cocinando en la barraca de Els Lliris, en Tamariu, foto de Miquel Ruiz

Mi amigo, Pere de La Xicra; por Salvador Garcia-Arbós

Me emocioné llegando al hipo cuando mi amigo Miquel Ruiz, autor de la foto que ilustra este obituario, me anunció el traspaso de nuestro amigo Pere Bahí. Pude escribir poca cosa sobre este singular personaje de la bohemia de la Costa Brava, que dedicó su vida a repartir felicidad, más allá de su faceta de cocinero investigador de la cocina tradicional ampurdanesa, probablemente en los cimientos de los estándares de la cocina catalana clásica.

Hombre de buen gusto, hizo sus pinitos en el mundo del arte, y dedico una parte de su vida a la decoración, pero sobretodo, cocinó, cantó, escribió y lideró las sobremesas más largas que uno pueda imaginar, desde el vermut de mediodía hasta agotar existencias ya entrada la madrugada. Si no comenzaba un debate profundo sobre gastronomía, agricultura o pesca, nos comentaba anécdotas que no os voy a contar o nos narraba sus viajes, especialmente a Venezuela, profundizando sobre sus rones. Lo que se le daba mejor era cantar. Era un bajo  voluminoso, una potencia que conservó hasta el final, a pesar de su maldito cáncer de pulmón. De nacer hoy, tal vez, lo hubieran llamado para cantar ópera. O, tal vez,  hubiera preferido ser, como fue estrella de la habanera. Cantó con los grupos más míticos de la costa catalana: Peix Fregit, Port Bo o Els Pescadors de l’Escala.

Precisamente, Pep Rodríguez, guitarrista con quien formó el dúo Els que canten, com el que cantó hasta el día antes de su dulce adiós, sostiene que Pere es «La mejor voz baja del mundo de la habanera». Ahí están un par de discos.

Os confieso que ya no estoy triste. Tras su funeral, que contó con el compañero y amigo común Lluís Bofill de maestro de ceremonias, todo el mundo salió feliz. Al principio, dolor, a la salida, paz, un gran sosiego, con la sensación que  el espíritu de Pere Bahí rondaba por el tanatorio de Sant Feliu de Guíxols, donde estuvieron todos los grandes cocineros de Catalunya, encabezados por el decano, Carles Gaig, y los hermanos Roca.

La gente va a recordar a Pere Bahí cocinando y estableciendo las bases del sofregit, sofrito megaconcentrado de cebolla superconfitada en aceite, agua y vino, durante horas, días. La base de su cocina, de sus platillos, guisos, estofados, nius y catxoflinos, y sobretoro de sus grandes arroces a la cazuela, negros, sin tinta y sin encebollar el plato.

Nos dejó con 77 años. Pero La Xicra va a continuar con Anna Casadevall, su heredera en los fogones, y Montse Soler su amada esposa y compañera, junto a la que el 20 de abril del 1984, comenzaron con una granja en el literario carrer Estret, de Palafrugell, la ciudad de Josep Pla, del que Pere Bahí estudió profundamente su cocina.

La influencia de Pere de La Xicra y saber gastronómico lo concentró en el magnífico volumen Sabor ampurdanés, de Ediciones Omega. Una maravilla enciclopédica.

Y si no lo digo, reviento: este lugar coqueto de cocina sabrosa, intensa, de kilómetro cero avant la lettre, ha sido siempre merecedor de una estrella.

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En nombre de todos los caníbales, D.E.P.

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