Revista Gastronómica Digital
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Actualidad

La Gastronomía Española: ese fenómeno enREDado

Fernando Huidobro
Fernando Huidobro 23/7/2014Comentarios

A pesar de la hambruna económica de la crisis, en España se ha abierto un inusitado apetito por La Cocina

No tengo duda sobre el término. Por ser una experiencia sensible, extraordinaria y sorprendente, incluso, si me apuran, monstruosa, la Gastronomía Española es un auténtico Phenomenon. Un fenómeno que se nos ha venido encima de golpe y porrazo, al abarrote. Toda nuestra alacena se nos desbarata al tratar de alcanzar cualquier chuminá culinaria. Estamos atiborraos, empachaos y aupaos de tanta comida y cocina. Y es que somos de aúpa.

Hasta hace unos telediarios, cuando aún Rosa Mateos los dignificaba por la cara, por su cara, andábamos famélicos y gastroenteríticos de interés por el condumio y desganaos de saberes sobre las cosas del comer, pero ahora ya ven, ya les digo, no podemos ni sabemos vivir sin ella. La Cosa tiene miga.

Oscar y Adrián, Diego y Luis en Arbore da Veira

La cocina española de vanguardia, un fenómeno actual.

A pesar de la hambruna económica de la crisis, en España se ha abierto un inusitado apetito por La Cocina, ha sido digerida en la oficina de nuestra apetencia cultural, se ha instalado y va camino de ser la segunda afición patria tras el fútbol, con quien guarda curiosas y significativas similitudes. A saber: nos la tenemos que comer a diario; todo el mundo puede practicarla o hacer de cocinillas; está al alcance de todos y todos pueden opinar y criticar, siendo tema de conversación en laborables y festivos; los cocineros se han hecho famosos, héroes del momento y modelo a seguir; es causa de salidas, quedadas, rutas y viajes y también la dan en las teles a todas horas. Además, los sectores hostelero y alimentario se han erigido en salvadores del paro, ayudan al crecimiento económico y contribuyen a la exportación y al turismo.

No tengo empacho en afirmar con rotundidad y seguridad que Ferrán Adriá/El Bulli ha sido el flautista/entrenador de este Hambrelín/Futbolín que espantó las ratas de una enmohecida tradición culinaria y unas cocinas rancias e infructuosas. El Del Bosque que nos hizo campeones del mundo. Así de claro, su selectivo movimiento de La Cocina Española de Vanguardia fue base, razón, causa y efecto del cambio, promoción y ascendencia al primer puesto del ranking mundial, de este fenómeno del que hoy aquí hablamos porque todo a nuestro alrededor nos habla de él: los medios y la red también están colmados, llenos de goles culinarios.

En lo que respecta a la IMAGEN de la cocina española, ya ven el empacho televisivo que soportamos: talk shows, reality showschoubisnes a la postre interesados tan sólo por las vicisitudes, los andrajos de vidas sin obra y el cotilleo narigudo. Los canales se han convertido en panales de rica miel a los que cien mil moscas acuden a diario. Veremos si mueren presas de patas en él. La crueldad devoradora de sus propios hijos de este medio saturnal y cronológico, no tiene remedio, da miedo y estremece. Desinformación&Ocio igual a ardentía.

En lo que a la RED se refiere, webs, blogs, páginas y demás voraces formatos tecnológicos se han poblado de la re coquinaria. Le van como el AOVE y una pizca de sal al pan. La engrasa, le da brillo, buen gusto, gracia, alegría y salud. Están hechos para ser cocinados juntos en el futuro, no cabe duda.

masterchef

Los realities sobre cocina proliferan.

Pero esa RED es de cerco y arrastre al tiempo. Pilla todo lo que encuentra a su paso y en su fondo cabe de tó: lo bueno, lo malo y lo peor. Del premio nobel de gastronomía al churrero del barrio, todos pueden y tienen sitio en el ancho cupo de internet; profesionales y aficionados conviven, viejas voces académicas y nuevas callejeras comparten este espacio plural y abierto. Allí se vienen fajando por el pódium de la prescripción especializada. Están abocados a compartir la comida en esta mesa común. Esperemos todos sentados a ella pues nos queda mucho por probar, porque aunque la convivialidad del crítico académico y el bloguero este aún por maridar, las redes sociales ya han emitido su nota de cata y certifican su enredado gastroporvenir inseparable. Por ver está como se armoniza este compartimento del debate público culinario.

Sin embargo, apartemos de esta fuente de carnaza los pitracos intragables. Busquemos e impongamos a nuestra lectura y visión, a nuestra selección de contenidos gastrós, unos criterios y valores mínimos de calidad. Tiremos a la basura todo ese chismorreo de reality y desatendamos esa marea narcisista pseudocoolinaria que no sabe ni papa de lo que habla y que confunde indefectiblemente el tocino con la velocidad. Ese sería un buen entrante.

¿Sería mucho pedir, a continuación y de primero, el que estos apasionados y asiduos opinadores supieran comer y tuvieran buen gusto? Sería más que conveniente que su sapiencia culinaria y literaria se empapara de cordura y sabiduría, redujera su verborrea inconsúltil, desechara sus ordinarios topicazos y se desligara de su grosera autosatisfacción onanista. No toda comida ni toda cocina son maravillosas, ni todos los cocineros son la leche. La falta de criterio provoca indigestión y vómitos. La copiona, repetitiva y mitificadora letra vertida por estos insípidos e insulsos tumbaollas está ahita de estribillos que hacen triunfar tristemente la anécdota sobre el fondo, dejando un regustillo de amarga confusión.

Perdón por la ingenuidad y osadía de esta utópica pretensión de poner puertas a las redes del campo, pero es que es menester parar el puñetero abuso de este tipo de mayorías devastadoras del todo vale, todo a cien. La gastronomía quiere, pretende y vive en la búsqueda de la exquisitez y la excelencia, lo otro es sólo echar de comer, dar margaritas a los puercos.

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Se necesita al escriba gastronómico.

Así, por fin llegamos a la buena letra de toda esta música (¡ojalá nos quede mucha por leer!), porque aún hoy, la escritura de calidad, sensata y comedida, seria y analítica es necesaria y la consecuente palabra también. Estos contenidos han de ser generados y se busca y se necesita al escriba, porque la RED y la IMAGEN requieren de gastrósofos que les marquen el camino a seguir para que el reality no prevalezca sobre la cocina, ni el personajillo sobre El Cocinero. Se busca editorial y editorialistas. Los necesitan como el comer. Afortunadamente los hay y buenos. Pero desgraciadamente escasos son quienes los requieren y casi ninguno quien quiere pagarles un justo precio, la gratuitidad se ha instalado por la cara en el interface. Aquí es donde entran en el juego gastronómico la crítica, la crónica, el periodismo, la prensa, la escritura y la literatura, incluso el arte y, por supuesto, en fin, la cultura. La de calidad, la de marca conocida y reconocida, la de méritos, la garantista. Esa que hay que buscar, seleccionar, conocer, seguir y apoyar. Y, por supuesto, valorar y pagar.

No paramos de oír las voces que profetizan la caída del imperio de la letra impresa por la ascendencia y preponderancia de estos nuevos medios fruto de su acomodaticia y cómoda inmediatez, su accesibilidad transeúnte, la falta de tiempo y ganas del personal y su escasez de cultas ambiciones, entre otras muchas cosas. Pero la realidad es, espero que sea y siga siendo, que la escritura y su predecesora/continuadora sine qua non, la lectura, son un bien imprescindible para paliar el hambre y la sed bruto-animal de la humanidad. También respecto de la cultura gastronómica. Se escribe para todos, para los que leen y para los que no lo hacen; para los que comen y para los inapetentes también. Todo ello influye sobre la realidad culinaria… y quizás la cambie, para bien o para mal. Escribir es hacer y es acción. Es el Festín de las Palabras de Revel.

Sí, con todo ello se ha topado la gastronomía. ¡Aviaos estamos con este lío tan fenomenal!