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Actualidad

Sabores con estrella en el #Catalàdelany 2016

Carmen Alcaraz del Blanco
Carmen Alcaraz del Blanco 9/4/2016Comentarios

Políticos, periodistas, empresarios y muchas otras corbatas y vestidos de cócteles. Constar en la lista de invitados de la gala organizada por El Periódico en el postmodernista Teatre Nacional de Catalunya es sinónimo de poderío, entendido éste bajo cualquiera de sus acepciones. Una cita ineludible entre los eventos anuales barceloneses que premia la labor de célebres o anónimos. Un galardón que equilibra y criba a partir del qué por delante del quién. “Por sus frutos conoceréis el árbol” rezaba San Lucas y también la esencia de esta distinción que enorgullece a (nosotros) sus paisanos.

PhotoGrid_1460152947839El proceso de votación, el cual ha permanecido abierto desde hace semanas, brinda a los lectores de El Periódico diez nombres cuyas aportaciones o méritos, ya sean profesionales o personales, son dignos de subrayar, difundir y apoyar. Los finalistas que anoche conocían el veredicto a la vez que las casi 900 butacas de la Sala Gran del TNC no respondían al mismo patrón, pero sí que ocupaban la platea bajo el mismo denominador común: la lucha. El trobador Pau Donés (Jarabe de Palo) ha combatido un cáncer; el todoterreno de las letras Josep Maria Espinàs, con casi noventa años y todavía en activo, ha guerreado todos los géneros habidos y por haber del noble arte de juntar letras; y el ganador de la noche, el badalonés Òscar Camps, batalla diariamente desde las aguas de Lesbos a favor de aquellos que huyen de la sinrazón para llegar a un continente donde parece reinar el sinsentido. El socorrista es el fundador de Proactiva open arms, equipo de 15 socorristas por cuyos brazos han pasado más de 135.000 refugiados llegados en pateras. Camps declaró haberse preguntado durante los últimos días si él debía ser o no merecedor del nombramiento, siendo la única respuesta: “Ojalá no me lo hubiera merecido nunca”. Contundente, incisivo y reivindicativo fue su discurso. Palabras que atragantaron las glotis y consciencias de muchos de los presentes. El mismo tono había sido empleado por la oenegé Stop Mare Mortum, Premio Mejor Iniciativa Solidaria del Año, cuyos representantes repartieron contra todos los que ostentan el poder logrando que la mitad del auditorio no aplaudiera; retratados quedaron. La gala fue, por ende, un catalizador social: políticos que esquivan, periodistas que señalan y ciudadanos que se mojan. Y de qué manera.

Una cena que une

El Català de l’Any también es gastronomía. Los mejores chefs del terruño apoyan desde hace años la iniciativa de El Periódico brindando su mayor talento, sus mejores platos, su mejor destreza. Los platillos atraviesan el inmenso hall, convertido éste en un gran comedor cuyos comensales, al permancer de pie, están condenados a interelacionarse entre sí. Saludos, besos, abrazos, primeras conversaciones, incisos pendientes, observaciones compartidas, presentaciones y sonrisas. Una amalgama de asistentes que quizá no se han sentado nunca juntos pero que tienen en común la vigilancia de derechos y deberes. Una cena donde impera la esencia de la sobremesa bien entendida, aquella donde con la excusa de la comida brota la intimidad de la conversación entre personas, no entre cargos ni oficios.

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Y menuda cena. La flor y nata como tildamos en nuestras redes. Carme Ruscalleda (Sant Pau) y sus guisantes a la japonesa, qué livianos. Paco Pérez (Miramar) y una elegante golosina con forma de macaron que aunaba en boca remolacha, queso y trufa. Fina Puigdevall (Les Cols) y su caldo ahumado con espagueti de ‘fajol’, el alforfón que te traslada a su paisaje volcánico al sentirlo en los labios. Sergio y Javier Torres (Dos Cielos) y su yema de huevo trufada acompañada de un alarde de su mejor talento: la extracción de la quintaesencia de la caza a través de un consomé de órdago. Paco Méndez y Albert Adrià (Hoja Santa) jugaron con la combinación de la suculencia más primaria y la huella exótica por medio de un taco de barbacoa que provocó que muchos cuellos de camisa se chupeterrearan los dedos. El siempre sonriente y enérgico Carles Gaig (Gaig) y su ravioli de lechón con fresa y cebolla fueron muy celebrados, un bocado que sabe a primavera. Nandu Jubany (Can Jubany) y su irreprochable arroz, éste elevado gracias a sepionetas, alcachofas, guisantes y gamba de Palamós. Sergio Humada (Vía Véneto) y sus espárragos blancos con Chantilly de parmesano viejo y vainilla de Tahití, combinación ganadora y señorial. Hofmann y su turrón de botifarró de cebolla, colmenilla, foie y judías; sin Mey pero impregnado de la elegancia que ella desprende en persona y en los fogones. Christian Escribà y Patricia Schmidt (Escribà) nos deleitaron con un original trampantojo bautizado como “muslitos de ‘bollastre'” (juego de palabras entre bollo y “pollastre”, pollo en catalán) al vermut Miró. Jordi Roca y Ale Rivas (Rocambolesc) terminaron de dibujar sonrisas con polos con formas de napia (la genial nariz del benjamín del Celler) y el índice de Colón a modo de frigodedo con sabor a fresa, más barcelonés que la baldosa de flor. Todos ellos bajo el paraguas y la confianza del chef anfitrión, Ferrán Adrià y del olfato avizor del periodista Pau Arenós.

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El menú fue acompañado de un bufet con las aportaciones del atún excelso de Balfegó, las emblemáticas conservas de Espinaler, el jamón 100% ibérico de 5J, los panes de Santagloria, el impecable (siempre impecable) foie de Collverd, las cucharadas de la DOP Torta del Casar (pura ambrosía), los mejores helados artesanos de Barcelona de DelaCrem y los griegos de Oikos. Y regando los brindis: Torres, Gramona, Damm, Bacardí, Martini, Coca-cola, Novell y Veri.

Pero esto no se acaba aquí. No. Sería injusto no resaltar y agradecer el trabajo de toda la brigada que logra hacer de esta cena un ejercicio de producción culinaria modélico, bien orquestrado e impoluto. Un engranaje de más de un centenar de profesionales compuesto por alumnos y profesores del CETT, personal de Singularis, equipos de los stands, la familia laboral de los grandes chefs y, cómo no, la dirección de los compañeros de grup gsr: el capo y chef ejecutivo Jaume Vera y su mano derecha Jordi Fernández. Los comensales lo dimos todo durante una noche, pero ellos cuentan con más de cinco meses de trabajo en sus espaldas. Por cierto, en un evento como éste y tras una intensa jornada in situ, los números hablan por sí solos: 17km pateados por el recinto.

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Ah, un apunte final, pero de Kundera: “La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”.

 

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