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El convidado

La poética del vino

Meritxell Falgueras
Meritxell Falgueras 24/7/2009Comentarios

Josep Pla, en “El què hem menjat” se pregunta qué gusto tiene el guisante. Acaba explicando que el guisante sabe a guisante. El vino huele a vino. Esta tautología significaría que todos los vinos huelen igual y no es así. Expresar sensaciones es difícil. Poner en palabras comunes algo tan personal como la degustación cuesta. Es pasar de lo subjetivo y personal al marco colectivo de las palabras. Para ello el sumiller más que definir tiende a evocar.Comunicar lo percibido a través de sus órganos, relacionarlo con el recuerdo y exponer su opinión a los que no están tan entrenados a poner etiquetas a las sensaciones. Para ello, lo mejor es expresarse con metáforas. El perfumista Alexandre Smith es capaz de detectar las diferentes moléculas aromáticas que forman el bouquet del vino. Pero los consumidores entienden mejor el aroma de un vino si lo relacionamos con la  pera que hablamos del hexil acetato. Se pueden describir los aromas con fórmulas químicas pero estas no comunican los sentimientos. El vino es como nos hace sentir, la ilusión de cada sorbo.

copas de vinoMª Isabel Mijares, la madre de la poética del vino, encontró en una copa “enaguas de monja novicia”. Seguramente ese vino olía a naftalina, a limpio, a jabón de rosa. Tal vez, el referente es difícil (al menos yo no voy oliendo las faldas de las monjas) pero es una afirmación que provoca y hace volar la imaginación. Josep Roca, en una de sus notas de cata de El Magazine de La Vanguardia hablaba de la nariz de un verdejo como “visceral, contundente, de pura sangre, impregnada de la sensación excitante de aires caribeños”. La comparación, la paráfrasis, la alusión son figuras literarias que encontramos fácilmente en las notas de cata. Por no hablar de las personificaciones cuando hablamos del cuerpo de un vino o de sus notas masculinas o femeninas (¡esto último daría pie a muchos matices!)

Algunos críticos de vinos utilizan las puntuaciones para combatir la ambigüedad del lenguaje metafórico. ¿A qué huelen  100 puntos Parker? ¿Qué gusto tiene 97 puntos Peñín? Clasificar la calidad con numeraciones es una opción, pero de difícil transcripción si uno no está familiarizado con el vino. El esquema de comunicación de Jakobson resalta la importancia  de descifrar el mensaje a través de un código y del canal adecuado para que llegue al emisor. Si para que el comensal entienda la diferencia entre la calidad de dos vinos se debe utilizar metáforas como “este es un Clio y el otro un Mercedes” bienvenidas sean las comparaciones. Tenemos que aprender cual es el lenguaje más directo para que nuestro receptor nos entienda y los sumilleres deben ser los comunicadores del vino. Y se necesita hacer poesía, pues el vino es arte, tienen buen material para inspirarse. Oda al vino acaba con los siguientes versos “vino liso como una espada de oro, suave como un desordenado terciopelo”. ¿Esto es una poesía de Neruda o una nota de cata?

El vocabulario del vino es impensable sin las figuras retóricas que establecen relaciones inéditas. La eficacia de la metáfora, como dice Aristóteles, está en la información extra aportada y en expresar una cosa en términos de otra.  La metáfora sorprende, impacta y emociona. Las metáforas en el vocabulario del sumiller no tienen un papel ornamental sino que son la  base de su lenguaje especializado.

8 Comentarios

  1. Josep M. Palau dice:

    La verdad, espero no encontrarme nunca el aroma de las enaguas de monja novicia en una copa, en especial si se trata de una primera cita o de una comida de trabajo.
    Puede que, a veces, el gusto por el adjetivo y el retruécano de algunos críticos acabe por ocultar la esencia de la realidad: que el vino huele a recuerdo.
    Ojo, pues, que puede acabar pasando como en aquel pasaje de “El cartero y Pablo Neruda”, donde la madre de la chica asediada por las atenciones del protagonista exclama ofendidad “¡es que le escribe metáforas!”.

  2. Santi dice:

    Me ha gustado mucho este artículo. Con reflexión y meditado. La cata y la degustación no es una actividad cualquiera y simplemente gustativa, la metáfora es imprescindible y se nota cuando un sumiller cree en ella…

    Felicidades Meritxell!

  3. Veronica dice:

    Es cierto que para los que no somos expertos en vinos, pero nos gusta degustarlos, es difícil trasladar en palabras sus características. Aquí es cuando entra la figura del sumiller. Me gusta el artículo porque hace ver que estos expertos no se ciñen al lenguaje técnico, sinó que acercan a los no entendidos todo un mundo de sabores, aromas y poesía.
    Felicidades!

  4. Daniel Vilosa dice:

    Describir una sensación tal vez sea uno de los ejercicios más complejos que existen, motivo por el que ese mismo ejercicio es elevado a la categoría de arte. Cuando la sensación proviene de un aroma, el sumiller debe traducir e interpretar sin maldad, como los periodistas, las características de esos olores tan agradables. La poesía es sin duda un hermoso modo de lograrlo.
    Gracias por un artículo tan esclarecedor.

  5. Spritz 2000 dice:

    Felicidades Maritxell por tu articulo,
    Continuas invitando con sencillez y humildad
    a amar el mundo del vino sin especular ni ahorrar
    en arrogantes comentarios.
    Gracias, por ser siempre una
    enciclopedia abierta.

  6. Albert dice:

    Artículo con demasiada argumentación por autoridad, te apoyas en lo que dicen personas de reconocido prestigio de muy distintos ámbitos, prácticamente en todo el artículo.
    No sé si las figuras retóricas son imprescindibles en el vocabulario del vino porque no es la metáfora la que impacta, ni sorprende, sino el vino, es éste el que despierta emociones, sensaciones, evoca recuerdos. Las metáforas son subjetivas y, a veces, las que se aplican a los vinos son excesivas, no describen nada, ni nada aportan, aunque sean ocurrentes y suenen bien.
    El vocabulario base de un sumelier moderno no puede ser el metáforico, que es ornamental, éste será, en todo caso, un recurso más que le ayude en su trabajo.

  7. Tana dice:

    ¡Qué apasionante reto tenéis los sommeliers para describir todos los matices que esconde un vino! La metáfora puede ser útil, depende de cómo se use. Reconozco, sin embargo, que tanto como los descriptores sensoriales del vino a mi me interesa conocer todo lo que hay detrás de él, de donde surgió, quien y como lo han hecho posible.
    Felicidades, Meritxell, que se que te has currado mucho las metáforas del vino.

  8. gonzalo arteaga dice:

    Para el hombre siempre ha sido el Vino una quimera, siempre ha tratado de encontrar lo mejor para su gusto, para el poder paladear lo máximo, pero ahí se queda, ahi solo sabe que es una llegada parcial, ya que el camino de la vida le va dando a su propio gusto sensaciones diferentes, dependiendo de la edad en que se encuentre.Es muy atractivo el saber que nunca encontrará esa máxima expresión de sabor.ES ALGO ASUMIDO POR EL HOMBRE.
    Para el sommelier debe ser parte de suSER, LA necesidad de encontrar esa quimera, abrazarla junto quizás a los taninos que obtuvieron el resultado esperado
    .La temperatura que se busca tambien es parte de esa quimera, ya que nunca deja de dar su respectiva opinión en el momento de la cata.
    ¡Vamos hombres del mundo!, tenemos esta grata entretención de seguir buscando de por vida entre los caldos, la exacta formula que realmente nos llene plenamente y para siempre nuestra impaciencia por encontrar el sabor perfecto.