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De narices

La fiebre del vino en Estados Unidos

Cristina Alcalá
Cristina Alcalá 10/7/2014Comentarios

Reflexión sobre el cambio de actitud, tendencias y consumo en la viticultura norteamericana

Hoy en día se elaboran vinos en todos los estados de Estados Unidos aunque California sigue siendo el baluarte tanto en producción, consumo y turismo. Lo que ahora es para muchos un paradigma en la industria del vino tiene también un pasado y mucho futuro. Podríamos resumir la historia de la viticultura en Estados Unidos por tres hitos históricos: la llegada de los misioneros, la Fiebre del Oro y la Ley Seca.

vino estados unidos

Estados Unidos está viviendo la fiebre del vino.

Los misioneros franciscanos establecidos en Yerba Buena -hoy San Francisco- llevaron las vides al norte de California plantando los primeros viñedos en Sonoma a principios del siglo XIX con la uva Misión o Criolla traída de la colonias del sur. La Fiebre del Oro, a mediados de siglo, y la llegada de inmigrantes de todo el mundo supuso el gran revulsivo económico de la región. Los primeros bancos, el ferrocarril, la agricultura, las primeras industrias…y el vino. Años de gran crecimiento demográfico y económico que vio paralizado por la 18º Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, la llamada Ley Seca. Aprobada en 1920, prohibió la elaboración, venta y transporte de alcohol (a excepción del vino de misa). Algunas de las bodegas lograron sobrevivir manteniendo sus instalaciones, disimulando producciones para otros fines, mientras el contrabando mantuvo vivo parte del viñedo y la producción de uvas. Aún así, la industria del vino se resentiría durante las próximas décadas. Y no solo por las carencias agrícolas sino por el cambio que supuso en los consumidores tanto en estilo de vinos como en precios y percepción.

Un par de datos. Antes de la Ley Seca había unas 700 bodegas en California, después solo unas 160. En 1933, año en que se deroga la Ley Seca, el 60% del vino que se producía tenía más de 20 grados de alcohol (dulces y generosos).

Vistas desde el tasting room en Sonoma County

Vistas desde el ‘tasting room’ en Sonoma County.

Hubo que esperar hasta los años 70 para que California comenzase su nueva etapa reinventándose a sí misma. Además de las bodegas históricas como Berninger, Buenavista, Korbel, Charles Krug, Sebastiani, etc. comienzan a surgir otros proyectos liderados por bodegueros con nuevas inquietudes. En todo esto, gran parte de la influencia llegó de la mano de la Universidad de California Davis, escuela de muchos de los enólogos actuales y centro de investigación sobre técnicas agrícolas y asesoramiento a viticultores. Poco a poco el cambio de hábitos en el consumidor va trazando el camino hacia el nuevo sueño americano. De los vinos elaborados con Chenin Blanc y Zinfandel, los más bebidos en los años 70, se pasa a la Chardonnay, Cabernet, Merlot o Pinot Noir. En el año 1980 se establece la primera AVE (American Viticultural Areas). Hoy hay más de 200 y creciendo. La mitad están en California. Aunque la regulación no es igual que las Denominaciones de Origen europeas, sí es un arma de defensa para los elaboradores sobre el origen, territorio, diferenciación e identidad propia. A la vez que una referencia de calidad para el consumidor.

¿Qué es lo que ha cambiado? Solo en California hay más de 60.000 marcas registradas y en Estados Unidos más de  7.000 bodegas. Cuando nombramos California pensamos en Napa o Sonoma por ser la referencia mundial aunque solo elaboren el 10% de los vinos que se producen en ese estado. Después de California, Washington, Nueva York, Pennsylvania y Oregon son los mayores productores de vino. Mientras que Washington DC, New Hampshire, Vermont, Massachusetts, Nevada y Nueva Jersey los que más consumen aunque el 60% de las ventas se producen en California.

Imagen habitual en Napa Valley (3)

Imagen habitual en Napa Valley.

Los bodegueros han sabido captar y evolucionar de cara al mercado. Aunque en muchas ocasiones mi impresión es que son ellos lo que marcan las pautas, crean las necesidades y cuentas sus propias historias. Muchos de los conceptos que ahora exponen y defienden han sido traídos de Europa y adaptados a sus necesidades. A pesar de todo, el Viejo Mundo sigue siendo un referente, al igual que decir que han estudiado o trabajado en Francia, Italia o España. Algunos ejemplos: Las single vineyards, la adaptación de las variedades a cada tipo de suelo y clima, no enmascarar los vinos con exceso de madera, buscar el equilibrio con el alcohol, mayor densidad de plantación y buen manejo de la uvas, no abusar del azúcar residual, sostenibilidad y agricultura orgánica…

En las últimas décadas Estados Unidos ha experimentado un cambio en actitud, tendencias y consumo, que ligado a su más que reconocida fama por la efectividad de su marketing, están haciendo posible la aceleración de la industria del vino. Y todo esto ayudado por el creciente consumo entre los jóvenes, sobre todo la generación Milenials, que ya supone el 26% de vino consumido. El precio que se paga por una botella de vino, en supermercados, restaurantes y por copas en los wine bar, o los precios de algunos tasting room de Napa Valley son poco imaginables en España. Las limusinas frecuentan las bodegas californianas, los clubs de vino más variopintos incrementan el número de seguidores, los nuevos ricos de las empresas de tecnología invierten en vino y los jóvenes lo beben como símbolo de estatus. La fiebre del vino en Estados Unidos sube suavemente agitando los espíritus y el entusiasmo por una nueva cultura no vivida hasta ahora.

 

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