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¿Ski de luxe y gastronómico? Sí, en Grandvalira, Andorra

Xavier Agulló
Xavier Agulló 27/2/2017Comentarios

Reconozcámoslo: mola ir a esquiar; pero se hace cuesta arriba pensar en los párkings repletos, los alquileres atestados, las caminatas vacilantes hacia los remontes, las colas interminables… Y luego, además, esos bares impracticables, esos bocatas imposibles y esa incomodidad que ya no es heroica sino simplemente fastidiosa. Entonces, en Grandvalira, alguien pensó con claridad: Àlex Orue. Y se hicieron el Grandvalira Mountain Club y, por si esto fuera poco, el Snow Club Gourmet. Ya te puedes imaginar…

Los protas del showcooking en la Nomad Food Ratrack. Grandvalira. Andorra. Foto: Xavier Agulló.

Los “protas” del showcooking en la Nomad Food Ratrack. Grandvalira. Andorra. Foto: Xavier Agulló.

Àlex Orue es un visionario que se encontró con otro visionario, Conrad Blanch, general manager de Ensisa Grandvalira. Llegado a Andorra del mundo del cátering, Orue imaginó un formato de ski adecuado a los tiempos y a los deseos, con comodidad, glamour y gastronomía de nivel. Esforzada empresa, desde luego. Y Blanch la jugó. Juntos, poco a poco, durante estos últimos cinco años, han conseguido lo improbable. Y, ahora, el conjunto GrandValira –desde Canillo hasta el Pas de la Casa, un dominio esquiable en el top europeo- es no sólo ski infinito sino experiencia de placer global y alta gastronomía, desde los restaurantes más puestos hasta el “fast food” gourmet. Me encuentro con Prisca, responsable del Grandvalira Mountain Club y me lo cuenta: “los miembros -550 € al año- disponen de Párquing VIP (olvídate de hundirte en la nieve en la otra punta del telecabina), acceso a los lounge VIP –en Soldeu y El Tarter, abajo y, flípalo, también arriba, en las pistas-, guarda esquís con calienta botas (si nos ponemos pijos, nos ponemos), asistente personal (gestión personalizada de clases, motos de nieve, mushing, reservas en los restaurantes…) y hasta te regalan un forfait de un día para que te lleves a un amigo. Y sí, claro, también membresía del Snow Club Gourmet (“fee” anual sin ser socio del Mountain, 75 €), motivo particular de este artículo. Con el Snow Club Gourmet, Àlex y Conrad han tornado las pistas de Grandvalira en alta cocina a todos los efectos. Durante los fines de semana, acciones gastronómicas en directo (showcookings) y, siempre, alta gastronomía de producto, cocina y copas de postín en todos los establecimientos de las pistas, abajo y arriba, incluso en medio, con el “Nomad Food Ratrack”, una “ratrack, un restaurante (con terraza de 40 metros cuadrados) itinerante que se mueve por las pendientes ofreciendo cocina y “drinks” en el mismo lugar donde estás derrapando. Pero espera, que ni hemos empezado…

Prisca y Àlex Orue en el lounge VIP (El Tarter). Los del "showcooking" celebrando. Sala de guarda esquís. Darío, Imanol y Xavi. Grandvalira. Andorra. Fotos: Xavier Agulló.

Prisca y Àlex Orue en el lounge VIP (El Tarter). Los del “showcooking” celebrando. Sala de guarda esquís. Darío, Imanol y Xavi. Grandvalira. Andorra. Fotos: Xavier Agulló.

Mushing salvaje y showcooking reparador

Te explicaba todo lo anterior desde el lounge VIP de El Tarter, con Àlex, Prisca y Kirian, responsable el último de Top Class (servicio absolutamente personalizado de clases a todos los niveles que incluye transfer desde el hotel, compañía todo el día, grabaciones de vídeo, pruebas con distintos esquís, vestuario, lounges, reservas preferentes en los restaurantes…), mientras nos gozamos unos canapés acompañados de cava Torelló y, oye, champagne Veuve Clicquot, dos de las marcas que conforman el universo de productos estelares de Snow Club Gourmet y que ya están presentes como oferta culinaria en la mayoría de restaurantes y bares del dominio. ¿El resto de marcas? Ametller Origen, Joselito, Txogitxu, Carpier, Espinaler, La Catedral de Navarra, Don Bocarte, Belvedere, Diageo, Vilmah, Juicius, Hennessy o Concept Pa. Bien, ¿no? Es decir, cuando entras en alguno de los establecimientos, eso es lo que te aguarda para bajar la tensión de tu última bajada a toda hostia.

Pero démosle caña que nos apalancamos con las burbujas… Hoy toca mushing (trineo arrastrado por perros), una de las actividades extra ski que se pueden vivir aquí. Allá vamos en el confortable tele huevo hasta arriba. ¡Hola! ¡Escaleras mecánicas en las pista para evitar los desniveles! “Too much”. Aunque, fíjate: “puedes conectarte a internet, tenemos wifi en todo el dominio”. ¡Contra! Hay otros mundos y están en éste, sí.

Ya hemos llegado a la “yurta” (cabaña circular mongola auténtica que es el centro de partida de los trineos), donde nos pertrechamos con todo lo necesario para la aventura. Mal día hoy, porque la nevada que está cayendo es histórica. Pero, oye, mantas, gafas, y hacia el bosque… Caen los copos en furioso silencio y ladran los perros, y el trineo se desliza entre los bosques en un viaje distinto, feroz, atávico. Una experiencia realmente singular, en la que aprendemos no sólo a llevar un trineo sino también a gestionar el carácter de los perros, sus jerarquías, sus instintos…

El frío ha sido muy intenso (-15º) pero nos aguarda en la Cabaña Espiolets, restaurante de Soldeu, un “showcooking” del Snow Club Gourmet (dos fines de semana al mes, acto al mediodía y acto a la noche). De las remotas sensaciones entre la ventisca, en el bosque, a un brunch “high level”. Torelló. El cava, sí, pero también el amigo Paco Torelló, porque uno y otro juntos suman más allá de Euclides. La cocina del restaurante ha sido tomada por Isma Prados, por Imanol Jaca… Arrecia la nieve afuera; susurra el champagne adentro. Salen los platos de Joselito. Brota el vermouth de El espinaler. Imanol se trabaja un tartare de vaca vieja que luego pasa por la plancha convirtiéndolo en “Bismarck”. Allí las anchoas de Don Bocarte. Esas cremas de verduras de Ametller. ¿Probamos los ahumados de Carpier? Huevos benedictine (con cecina de Imanol), sí. Los proponen Xavi Soler (ex Guerard) y Darío Buchini, responsables de la culinaria de todo Grandvalira. Rematamos –imposible probar todo el display de este brunch XXL, incluida la atareada parrilla- con la “crema andorrana”, invento propio de los chefs ejecutivos a base de crema inglesa, tomillo limonero y “Nectum”, jarabe de abeto natural original de Andorra. Y con un carajillo de… Zacapa 23, porque aquí hay que venir suelto. Pero no, no… A pesar de la tormenta de nieve, Paco Torelló no puede evitarlo y, como un “big foot” en la borrasca, se “degüella” una botella de cava con un esquí. Genio y figura…

Aunque parezca mentira, no renunciamos a la comida. En el Steak House. Vistas al temporal. Piel de salmón crocante, salmón con gin tonic y con alga nori (Carpier); jamón de vaca (Imanol); jamón y chorizo de Joselito; fabada de La catedral (receta “Morán”); txuleta de Imanol; helados de Sandro Desii; tarta de queso fresco…

Haciendo mushing. Grandvalira. Andorra.

Haciendo mushing. Grandvalira. Andorra.

Trepidación “groovy” en Abarset y cena en Marquet

¿Aprés ski? Dilo de la forma real: tralla y fiesta. Abarset, el “hot spot” de Grandvalira (y de Andorra entera). Cae la gélida tarde, nievan osos y lobos, arrecia la ventisca pero nada puede con los beats del DJ, y los esquiadores bailan entre los copos teñidos de colores estroboscópicos en una ceremonia de furiosa catarsis tras un día de vértigo en las pendientes nevadas. La pista está a tope y nosotros, desde arriba, en la terraza, fatigamos Torelló y Clicquot mientras matizamos con salmones y jamones…

Paco, director comercial Veuve Clicquot y Àlex. Abarset. Marquet. Stroganoff de Marquet. Grandvalira. Andorra. Fotos: Xavier Agulló.

Paco, director comercial Veuve Clicquot y Àlex. Abarset. Marquet. Stroganoff de Marquet. Grandvalira. Andorra. Fotos: Xavier Agulló.

Jordi Marquet, un mito en la gastronomía andorrana, es el padrino del Snow Club Gourmet. Y esta noche vamos a rendirle culto a su Marquet, en Escaldes, porque los restaurantes de las cimas están impracticables bajo la brutal nevada que está cayendo. Y desde el calor del restaurante, referente de la cocina andorrana de siempre, no evitamos las señoriales croquetas de pescado, las ostras Guillardeau del 4, las almejas con alcachofas, el monumental lenguado a la plancha con verduras (servicio en gueridón) y el suave y “chic” stroganoff, uno de los incunables de la casa.

Luego, con precaución, volvemos al hotel en Canillo (el Ski Plaza), una opción muy correcta si no se puede ir al apabullante Hermitage de Soldeu (y así y todo conviene probar su spa, opulento y gratificante, con entrada independiente abierta a todos los públicos). Y al día siguiente ya no hubo opción: debimos regresar por imposibilidad de acceder a la pistas. Pero la historia continuará en la segunda parte de esta crónica, un nuevo fin de semana de ski, lujo y gastronomía en Grandvalira. ¡Ay, sí!

Primera parte aquí.


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