Revista Gastronómica Digital
image

Síguenos en:

  • facebook
  • twitter
  • youtube
  • googleplus

Opinión

“Alicanting” (1). Teatro Bistrot & El Portal

Xavier Agulló
Xavier Agulló 5/7/2016Comentarios

Inicio aquí una aventura alicantina en cinco partes. Cinco viajes y cinco propuestas diferentes para quitar el aliento gastronómico. La primera entrega, ésta, va de dos tipos que se la jugaron y vencieron: Carlos Bosch y Sergio Sierra. Un aventurero del marketing cosmopolita y un chef desfogado en la “folie” del Viridiana. Tremenda pareja. Robustos conceptos. Éxito inmediato. Teatro Bistrot y El Portal. Así fue…

Carlos Bosch y Sergio Sierra. El Portal. Alicante.

Carlos Bosch y Sergio Sierra. El Portal. Alicante.

La llegada a Alicante es directa a El Portal, donde me aguardan María Jesús Puebla, los colegas del viaje y, desde luego, Carlos Bosch y Sergio Sierra, los personajes tras la idea. Me han advertido que El Portal –ubicado al lado de la Esplanada- es el sitio del postureo alicantino, algo que siempre ofrece dudas culinarias… Veré más tarde que no es el caso. Que el ambiente es afectado y ávido de glamour resulta evidente; pero la cocina y, en general, la propuesta enogastronómica, es impecable. Y todavía más… Bosch, propietario y F&B del espacio, no se ha andado con tonterías. Krug a precios competitivos. “De algo me tiene que servir haber estado en el marketing –explica-, así ahora consigo que las marcas entren en mi filosofía”. Pero hay más: Dom Perignon y Valbuena por copas. ¡Caray! La cultura del Coravin… En total, 400 referencias, ¡80 vinos por copas! y ocho sumilleres. Un poco más que un local para fantasmear, ¿no? De hecho, me estoy tomando una ensaladilla rusa de 8,5 con una copa de Ruinart. En la barra.

El Portal es un local muy polivalente. Informalidad formal, ya lo pillas. “Decontracté”, pero el lujo se toca en cada rincón. Luz acanallada. Y, tío, champagne a gogó. Y mariscos y montaditos y arroces y pescados, todo de proximidad. Cocina “non stop”, “deejays”, cócteles. Hay un menú de mercado por 15€. Me cuenta Carlos que pronto abrirán otro concepto, el Bar Manero (olvídate de la fiebre sabatina; el nombre es porque está en la calle Manero, al lado de El Portal), más dislocado, copas, cocina y tienda para un público más joven. Y ya me apresura hacia su otro restaurante, el Teatro Bistrot, no muy lejano, en el teatro Principal de Alicante, donde vamos a comer.

El Portal. Alicante.

El Portal. Alicante.

El Teatro Bistrot

Una vez más el recargado estilo del recargado Lázaro Rosa-Violán. En este caso, en un homenaje “rococoeado” del art decó (al menos huyó del cansino colonialismo). Más que un restaurante, el Teatro Bistrot es un comedor privado de altos vuelos. No cabrán más de 14 personas. ¿Un capricho? Probablemente, aunque aquí es donde Sergio se deja ir… Y luego está la terraza, y ahí no hay problemas de espacio. Krug y berberechos Peñita. No es mala combinación… Ya dentro. Una cosa me sorprende de Lázaro: el baño. Debido a lo minúsculo del local, el baño es de barco, un primoroso mueble rescatado de algún lujo marino olvidado que convierte el lavado de manos en una breve experiencia ensoñadora. Dice Sergio, antes de empezar, que lo suyo es la cocina alicantina. Vamos a ver… Los snacks: esferificación de almendra marcona con miel y aceite; encurtido de hinojo marino (potencia pelágica); cebolleta balsámica rellana de piparra, tomate seco, anchoa y oliva de Cuquillo (reconstrucción de la “Gilda”); pan (crujiente) con tomate (“lyo”) y alioli; y, claro, los salazones (mitad curados, mitad en sal): mojama y huevas de mújol. La algarada empieza a continuación…

Quisquilla de Santa Pola y cerezas de Benimarfull en dos vuelcos: la cabeza sutilmente salteada; en pornográfico tartar con gazpacho de cereza y el interior de su hueso. Sergio, técnicamente, es intachable. Pero no te creas… Vamos fuertes: gamba de Dènia (cocida en agua de mar) con flores, hojas y cáscaras del Mediterráneo. La vuelta al mundo del salmonete: el pescado, salsa de su cabeza, espinas e hígado y salicornias. Tralla. Conejo con tomate (un clásico dominical en Alicante) a baja laqueado de su guiso. Sin contemplaciones. Olla tradicional de Xixona. Acelgas, alubias, patatas, “blanquet” (caldo muy concentrado con un toque de oreja de cerdo) y brandada de bacalao escondida dentro de las hojas de las acelgas (en ravioli). Ni te cuento… Por fin el postre… Tatín de nísperos de Callosa (otro “hit” local) con helado de mantequilla.

O sea…

Tartare de quisquilla. Comedor. El baño. Terraza. Pan con tomate. Teatro Bistrot. Alicante.

Tartare de quisquilla. Comedor. El baño. Terraza. Pan con tomate. Teatro Bistrot. Alicante.

Rematando el día en El Portal

Lo del mediodía en El Portal fue sólo una visita de cortesía a la que se le escapó el champagne. Pero ahora venimos en serio. A cenar. Krug y Krug (el restaurante es embajador de la marca). Oye, Carlos, cómo le entra el champagne a la cecina, ¿no? Supongo que el postureo que comentaba al principio exige la exhibición de, por ejemplo, caviar. Y como “donde fueres, haz lo que vieres”, no me niego a una lata de imperial beluga con mantequilla en el fondo. Si se está, se está. Las gambas, aquí, a la plancha. Otro rollo. ¿Con Krug Millésime 2002? Una fiesta frutal… Buen elección, colega. Llega la panceta, sensual, con patata, huevo y trufa. Y el atún de perfecta cocción con salicornias y salsa de erizos. Como cierre de esta cena exagerada, el pichón y sus higadillos, por supuesto. Y los frutos rojos con mascarpone.

¡Y luego dicen del postureo!

Caviar. Imágenes de El Portal. Alicante.

Caviar. Imágenes de El Portal. Alicante.