Revista Gastronómica Digital
image

Síguenos en:

  • facebook
  • twitter
  • youtube
  • googleplus

Opinión

Bellavista del Jardín del Norte, la cancha donde juegan los hermanos Iglesias con los Messi

Salvador Garcia-Arbós
Salvador Garcia-Arbós 1/8/2016Comentarios

Nace en Barcelona un macroespacio gastronómico de 2.000m², de los que mil son de jardín, donde uno podrá tomar desde el desayuno hasta la última copa.

 

El Bellavista del Jardín del Norte –@Bellavistabcn, para los amigos y para serlo en todas las redes sociales– es un parque temático dedicado a la gastronomía, de 2.000 m², de los que mil son interiores divididos en dos plantas y otros mil son de jardín, con árboles y un césped donde sospecho y deseo ver entrenar a Leo y a su cuadrilla. En su carta estará la calidad de los Iglesias: los grandes éxitos de Kru, de Cañota, de Bobo Pulpín y de su Rías de Galicia materno.

Bellavista del Jardín del Norte, en Enric Granados

Bellavista del Jardín del Norte, en Enric Granados

Los Iglesias son un modelo económico basado en la gastronomía: «el mejor producto en su mejor forma», para repetir el plato preferido una y otra vez, para pasarse cada día, en cualquier momento. Mientras el mundo de la gastronomía celebra su apuesta por una expansión por la alta calidad, las escuelas de negocio deberían estudiar al Grup Iglesias, a los hermanos Juan Carlos, Borja y Pedro por su visión. Primero, por la transformación del viejo negocio familiar en varios templos gastronómicos. Después, por su asociación con los hermanos Albert y Ferran Adrià en Tickets, Bodega 1900, Pakta y Hoja Santa & Niño Viejo. Y ahora, por haber creado un nuevo concepto y un nuevo equipo formado por más de setenta trabajadores con los Messi. Para ello, Borja, Juan Carlos y Pedro, junto a Rodrigo y Matías Messi, con el apoyo de Lionel, han invertido 2,5 millones de euros y dos años de trabajo.

Según los Iglesias, han creado “un cruce de caminos gastronómicos” con una carta ecléctica, para que cada cual pueda «tomar lo que quiera cuando quiera, como cuando estás en tu propia casa o en el bar de tu pueblo».

Comenzamos saciándonos con una cañita fría y cremosa, y una gilda. La gilda Bellavista es una pieza enorme, perfecta, con los sabores, salino/iodado, picante y avinagrado contrastados. Las cuatro ostras natural, ponzu, sake de pomelo y gazpacho de cereza y merlot– son pura seducción, y las zamburiñas en aguachile, pasión pura.

El comedor principal de Bellavista

El comedor principal de Bellavista

Voy a recordar, a repetir y a recomendar la tartaleta de aguacate con buey de mar: redonda, sí; metáfora y realidad.

Y aunque parezca locura puedes repetir sin repetir. Como con las ostras, comí dos arroces: un preciso y delicioso arroz del señoret, y el arroz con leche, que tomo como la prueba del 9 donde voy. Muy grande, muy de pueblo.

Precisamente, la filosofía del Bellavista se resume en la calle de un pueblo donde todo es familiar y todo está al alcance:

«Todos tenemos un pueblo.»

«Queremos ser tu casa fuera de casa.»

«Déjate querer, como en un restaurante tres estrellas.»

Y a partir de ahí comienza el show. El interiorismo de El Equipo Creativo, habituales de los Iglesias, ha hecho un gran trabajo de distribución de los espacios, jugando con los lugares más emblemáticos de un pueblo.

A la entrada se encuentra El Colmado, donde se servirán desayunos, ligeros –cafés, infusiones, batidos, fruta fresca, mermeladas, tartas al corte, o una selección de bollería de los obradores de la ciudad– o contundentes –desde los embutidos y los quesos artesanos, a los bocadillos y los guisos. A lo largo del día, el mostrador se irá transformando, comenzando con los vermuts y las tapas, hasta la merienda por la tarde. Sigue un mostrador de pastelería y una barbería, que tenía que ser el sueño hipster de un profesional arreglando barbas, bigotes y patillas, pero no pudo ser: por las mañanas habrá un limpiabotas.

Y llegamos a la plaza del pueblo, con el bar y la iglesia. La plaza es el comedor, cubierto de unas luces multicolores, que evocan los fuegos artificiales. Son Iglesias, pero irreverentes. Bajo la Iglesia está la barra del bar. Para compensar, un fallero ha construido la campana de la iglesia, réplica de una de San Pedro de Roma, ni más ni menos.

Campana, la Barbería, juegos de mesa y máquinas recreativas. Sello Bellavista. Fotos: Salvador García-Arbós

Campana, la Barbería, juegos de mesa y máquinas recreativas. Sello Bellavista. Fotos: Salvador García-Arbós

En el bar, tienen las mesas con tapetes preparados para los juegos de sobremesa: parchís, dómino, dados, cartas o ajedrez. La tele está permanentemente encendida, dando deportes, y, por supuesto, fútbol y el Barça de Messi. Destaca un precioso tocadiscos, en el que se podrán escuchar los LP de vinilo que tienen por todo el local; también hay dos tragaperras de marcianitos, en la que el precio es un donativo a voluntad, que recibirá la Fundación Iván Mañero, que centra su acción en Guinea Bissau, uno de los países más pobres del planeta, y también desarrolla y colabora en proyectos en nuestro país, tanto de sensibilización como aquellos que benefician a personas que viven unas circunstancias difíciles.

A uno le va a sorprender que el bar esté decorado como un gran futbolín, que la zona se llame Zona Futbolín y que no haya futbolín. Pondría uno, y un billar.

Han creado tantos ambientes, en representación de un pueblo, en lo físico y en lo pueblerino, que hasta hay zona de cotillas, unas mesas escondidas para hacer un poco el chafardero. En otro lado de la plaza está la fuente, el Manantial de Rosario –homenaje al pueblo de los Messi– donde uno va a buscar el agua. La primera botella cuesta 2€ y luego se puede rellenar a discreción.

Está Messi en el proyecto. Hay fútbol

Está Messi en el proyecto. Hay fútbol

En la parte superior tienen cuatro reservados que representan balcones de los señoritos del pueblo; cada uno tiene todas las conexiones posibles, más Netflix y Movistar plus –pensando en reuniones de frikis de las series–, una Play Station 4, un televisor de 55 pulgadas y camarero. Para disponer de una de ellas hay que consumir un mínimo de 500€. El cine del pueblo es la sala grande; tiene una pantalla de 86 pulgadas y el alquiler se ha fijado en 700€.

Y hasta tendrán fiesta mayor para celebrar el día de la patrona, Santa Magdalena, que coincide con el día en el que se sirvieron las primeras mesas. El 22 de julio, será, pues, el dia de la fiesta mayor de Bellavista del Jardín del Norte, para lo cual, como en las fiestas de antes habrá ofrendas: unas magdalenas especiales para conmemorar el evento.

Su nombre es tan largo como su rica y variada oferta culinaria, que despierta con el desayuno, y sigue con el vermut, el almuerzo, la merienda, la cena y la última copa.

La oferta culinaria pretende ser un cruce de caminos, «reivindicando platos clásicos y estando siempre abiertos a la influencia de otras culturas, buscando la ejecución perfecta».

Hay un dicho catalán que dice «Qui menja sopes, se les sap totes (Quien come sopas se las sabe todas)», por lo que los Iglesias han creado La Souperie: salmorejo, ajoblanco, vichysoise, sopa del sudeste asiático, borshct centroeuropeo y bullabesa.

Terminé com una rica tarta de queso y un espresso como Dios manda.

Detalles de un bar pensado. Fotos: Salvador García-Arbós

Detalles de un bar pensado. Fotos: Salvador García-Arbós

Un gran equipo de cocina encabezado por Mónica Morales, que trabaja junto a los chefs ejecutivos del grupo Ever Cubilla y Rafa Morales; los chefs creativos Ezequiel Devoto y Christian Iglesias; el director ejecutivo Sergi Villacampa; el director de sala Juan Antonio Fuentes; Rodrigo Messi, y los hermanos Iglesias. Entendí que al equipo creativo titular se van a invitar célebres cocineros y reconocidos profesionales de otros ámbitos. Será una ocasión para conocer y probar los platos preferidos de grandes cocineros y famosos, como la Milanesa napolitana a caballo. Un rumor que va para leyenda urbana dice que esta carne empanada con relleno por fuera y un par de huevos es el plato preferido de Leo Messi.

Y para terminar, el final: Hasta han cuidado los detalles de los lavabos: chistes casposos; solo falta venderlos en uno de aquellos inefables casetes vintage. Y seguro que ya ronda por la cabeza de los hermanos Iglesias, que están que no paran.

El Colmado y el Quiosco

El Colmado y el Quiosco