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Opinión

Hablemos del comer. Esquiar es secundario

David Salvador Ibarz
David Salvador Ibarz 1/2/2019Comentarios

De aquellos barros, estos lodos; de aquellas nieves, estas pistas. Una historia de generaciones y amor por la comida, de lugares de frío que han apostado mirando sus cartas. Una historia que hunde sus raíces en los años 60, cuando se empezó a construir el futuro entonces, presente actual de Andorra, cuando un grupo de curtidos construyeron las pistas de esquí que ahora forman Grandvalira, el mayor dominio esquiable del sur de Europa. Allí, desde una pequeña casa de comidas ubicada en el sector de Soldeu, el oriundo Marcel Naudi y su pareja Rosa Clop alimentaban a los esforzados con platos de montaña y amor.

Gastronomía y nieve se dan la mano en Grandvalira

Gastronomía y nieve se dan la mano en Grandvalira

Los descendientes de esos mismos trabajadores, seguro, cuando ya empezaron a estar practicables las pistas, descubrieron a más de 2.350 metros de altura otro templo del yantar, un refugio sin el que tampoco se entiende la apuesta gastronómica de una estación que a día de hoy alimenta con un club de bon vivants y más de 60 puestos de restauración con ostras, carpaccio de gambas, conservas premium o champagne con vistas.

Desde pie de pista o a miles de metros y entre nieves, Grandvalira ha puesto el empeño en dar de comer bien y rico, elevando, también gastronómicamente, la calidad de la estación, también del país, que ha hecho una apuesta firme por lo culinario (como os explicamos ya en 7canibales). Los atletas que vengan en marzo a las Finales de la Copa del Mundo de Esquí que alojará Grandvalira Soldeu-El Tarter se irán bien alimentados. Que queden primeros, segundos o décimos, para nosotros, es secundario.

El restaurante Naudi, en Soldeu

El restaurante Naudi, en Soldeu

La cena donde empezó todo

Porque hablamos de gastronomía en dos puntos y medio de la estación que se unen. Marc Naudi, nieto de Marcel y Rosa, y su esposa están al frente actualmente del hotel-restaurante Naudi que, de casa de comidas se convirtió en parada y fonda y ahora en hotel gastronómico. A pie de las pistas actuales del Àliga (sector El Tarter) y Avet (sector Soldeu), el restaurante panorámico ha hecho un salto en los fogones y en la sala, donde se han aliado en exclusiva con Ruinart para maridar con burbujas en particular olivas explosivas con gelé de vermut; foie con su blini dulce, compota de manzana y naranja y brotes de remolacha, o canelones de cecina con queso cremoso de piparras, entrantes todos que devoras sin mirar. Ya puedes esquiar mejor. Te sientes heredero de los fundadores. Te pones las botas, coges el telecabina vecino y… a seguir comiendo.

El restaurante Llac de Pessons, su terraza y su escudella en tarro

El restaurante Llac de Pessons, su terraza y su escudella en tarro

El refugio de montaña

Esquiarás, presumirás y llegarás a un refugio de montaña erigido hace más de 30 años. Llac de Pessons era una parada y fonda para los vecinos, para los esquiadores más atrevidos -está a más de 2.000 metros de altitud-, que los gestores actuales han actualizado sin perder orígenes. Su carta habla de cocina de montaña pero deja espacio para sorprender con gusto: tarrina de foie micuit con caramelo de chocolate y mango, carpaccio de gambas, salteado de setas con espárragos verdes y virutas de jamón, cazuelita de quinoa con garbanzos y verduritas o platos de carne de kobe o de angus en formato entrecot o hamburguesa.

La boca ya está abierta. Sería la propuesta del restaurante más cool de cualquier ciudad, pero estás rodeado de nieve, anoracks y madera. Y falta para bingo: fast food de escudella, siempre lista para ser consumida en un tarro de conserva, y la carta de vinos, de 1.000 referencias tanto catalanas, españolas y francesas. Mil, sí, a 2.000 metros, con botas y guantes, cuando tu cerebro arcaico piensa en agua y Coca-Cola. Acabemos: fuera, Amelie ha copado una parte de la terraza para que las ostras mariden con el sol con la nieve, y con una josper que habla de contrastes de temperatura mediante brochetas. Ahora cómete el bocadillo que llevas.

La terraza Veuve Clicquot, para el aperitivo posterior

La terraza Veuve Clicquot, para el aperitivo posterior

El après-ski instantáneo

Las pistas azules ya parecen verdes, y las negras anaranjadas. ¿Estábamos esquiando? Estábamos rememorando el pasado de la estación, el buen yantar de la zona. Sigues bajando y divisas la terraza Gall de Bosc, en Soldeu. El club de bon vivants de la estación, que este año ha crecido para festejar el Campeonato del Mundo, también ha tuneado esta instalación, rebautizándola como terraza Veuve Clicquot. No hay que ser ingeniero para saber qué beberás, burbujas que maridarás también con encurtidos y snacks Espinaler.

El sol cae y marca el final de la jornada. Volverás a los esquís y bajarás la pista del Àliga, la que acogerá el Campeonato del Mundo de Esquí. Comprobarás que no estás aún para presentarte; certificarás tu amor también gastronómico por Grandvalira. Y por Rosa y Marcel, y por las ostras y por la escudella. Por la actitud.


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