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Opinión

Comunitat Valenciana: segundas partes sí que fueron buenas

Lluís Ruiz Soler
Lluís Ruiz Soler 1/2/2018Comentarios

La de 2017 ha sido una buena cosecha para la restauración valenciana: muy buena si la comparamos con algunas anteriores. Restaurantes que se trasladan, cocineros que abren o planean un segundo negocio y algún cierre protagonizan una crónica con muchas más noticias buenas que malas.

Ricard Camarena

Ricard Camarena

Quizás no sea como para asegurar que “la Comunitat Valenciana va bien”, pero, sin duda, va mejor en el sector que nos ocupa que en otros que no vienen a cuento. Lo cierto es que, no hace tanto, un balance anual de aperturas y cierres se saldaba con una dramática relación de locales finiquitados y, en este, hay mucho en el primer capítulo frente a casi nada significativo en el segundo. Cosa curiosa: muchos de los restaurantes, gastrobares o comederos abiertos en 2017 son “segundas partes”, de una forma u otra y en el buen sentido de la expresión. Los más sonados han sido los traslados de Ricard Camarena Restaurant y La Sucursal, en València, o el de Els Vents, en Alicante, junto a los segundos negocios que han abierto o preparan cocineros como Vicente Patiño, en València, o Pedro Salas, en Benicàssim.

Segundas y terceras partes de Ricard Camarena y La Sucursal

Fue a finales de la primavera pasada cuando Ricard Camarena Restaurant y La Sucursal cambiaron de ubicación. El primero, porque necesitaba expandir su espacio vital y se presentó la ocasión de establecerse en el nuevo Bombas Gens Centre d’Art. El segundo, porque lo echaron del IVAM y, casi como huyendo hacia adelante, en alianza con Heineken, se hizo cargo del majestuoso edificio Veles e Vents —los restos del naufragio de la València de los fastos— para abrir, de una tacada, además de la Escuela Gambrinus y un espacio cultural, tres restaurantes: la arrocería La Marítima, el asador Malabar y la tercera edición de La Sucursal.

Ricard Camarena Restaurant se trasladó de un día para el otro y La Sucursal, con un lapso de unos meses. Seguramente, fue la clave de que el primero conservara su estrella Michelin y el segundo la perdiera. En los dos casos, las nuevas ubicaciones —a cual más deslumbrante— han significado un cambio de pantalla que se refleja en la cocina y en “la experiencia gastronómica” en su conjunto. Para Camarena, el traslado vino acompañado de un contratiempo: la marcha del sumiller David Rabasa, que, finalmente, ha vuelto. Para La Sucursal, del “descubrimiento” como chef de Miriam Andrés, actriz secundaria hasta entonces en negocios menores de la familia.

La Sucursal

La Sucursal

Els Vents, la gran novedad en Alicante

Poco después, en Alicante, Els Vents se fue a la calle Castaños —la movida foodie local— desde una ubicación incierta en el puerto deportivo, donde su chef y propietario, José Antonio Sánchez, había tenido sus momentos de gloria tras la apertura de 2009. Después de algunos intentos de reflotación y redefinición del negocio, el nuevo local, de espléndido interiorismo, da la talla de un cocinero de sólida base —Zuberoa, Drolma— y una comedida creatividad a partir de los mejores y más gastronómicos productos. Es, por fin, una apuesta ganadora en la que también tienen que ver el repostero Fran Segura —segundo en el concurso Pastelero Revelación— y el maitre-sumiller Tomás Moreno.

Els Vents- Fran Segura, José Antonio Sánchez y Tomás Moreno

Els Vents- Fran Segura, José Antonio Sánchez y Tomás Moreno

El Plan B y la alta cocina canalla

Ha habido otros traslados en València. Por ejemplo, el de Karak, tras el éxito televisivo de Raquel Cernicharo, a un espacio del hotel One Shot Mercat donde puede crecer como cocinera. También, el de Bouet, toda una refundación en un local tan cosmopolita y trendy como la cocina de Tono Pastor. Por su parte, Vicente Patiño ha abierto su segundo restaurante, Sucar, justo al lado de Saití: uno de los grandes de la puesta al día de la tradición valenciana va aquí directamente a las raíces de la cocina popular. También han activado su plan B los del Bar Tonyina con Bodega Anyora: casquería, salazones y mestizaje en el anhelado resurgir del barrio del Cabanyal. La Torreta, el nuevo gastrobar de Quique Barella, es seguramente un primer paso hacia el regreso definitivo del cocinero a la primera línea de fuego.

En Alicante, la estela a seguir es la de MurriNanín Pérez, Cocinero Revelación 2018— y El Portal. Sus respectivos grupos acabaron 2017 abriendo Abarrote y Manero, dos gastrobares con aires de colmado. El primero se ha hecho con el complejo Isla Marina —iremos viendo para qué— y el segundo ha cerrado, al menos por ahora, Teatro Bistrot. Pero entre las “secuelas” destaca ProBar, el gastrobar —muy serio— de Dani FríasLa Ereta— y Carl Borg: alta cocina canalla como la de Open, Bandarra y, sobre todo, Voraz, en un localito que, al poco de abrir, ya se le ha quedado pequeño al hiperactivo y talentoso Jorge Moreno, llamado a coronar cumbres más altas. Dos viejos conocidos del gourmet alicantino, Lilian Motreuil y Fernando Azael, han reaparecido en Textures y Steki. Irán a más, seguramente, en 2018.

Foto: Meritxell Arjalaguer

Foto: Meritxell Arjalaguer

Amanece un nuevo año en Castellón

¿Qué le falta a esta crónica valenciana a caballo entre 2017 y 2018? ¿Alguna premonición más? ¿Algo del norte de la Comunitat? Matamos dos pájaros de un tiro hablando de lo que lleva entre manos Pedro Salas, cocinero de culto y referente en Castellón desde un puesto tan difícil como un restaurante de hotel: el Aqua del Sercotel Luz. Salas planea, para el verano de 2018, abrir Playa Chica en Benicàssim. Habrá parrilla y arroz: los imprescindibles arroces tradicionales y el sushi con el que el cocinero triunfa como chef ejecutivo de la cadena Miss Sushi. La idea es abrir más adelante, en el mismo inmueble —un chalet de los tiempos del “veraneo”—, su restaurante gastronómico. Salas, finalmente, podrá dar de sí todo lo que se espera de él, antes de que se le pase el arroz… o el sushi.


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