Revista Gastronómica Digital
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Opinión

Dieta Amazigh: arqueología de la gastronomía canaria

Francisco Belín
Francisco Belín 4/9/2016Comentarios

La mesa de los aborígenes isleños, conocidos en amplitud del término como guanches, se caracterizaba por una base eminentemente cerealista y rica en legumbres. El periodista tinerfeño Sergio Lojendio se interna en las claves de lo que hoy está fundamentando parte de la denominada Dieta Atlántica canaria.

Gomera. Foto: Francisco Belín

Gomera. Foto: Francisco Belín

El periodista, historiador y escritor tinerfeño Sergio Lojendio profundizó en su día acerca de las principales características nutricionales de los aborígenes canarios que, según las trazas encontradas, consumían también fruta y verdura, así como pescado y marisco, y pequeñas cantidades de carne como complemento.

Ahora que se ha puesto de moda la denominada dieta Paleo, en definitiva la reinvención de una forma ancestral de comer basada en el tipo de alimentos disponibles en la Prehistoria, retomar las fórmulas de supervivencia de los guanches significa tomar contacto con algunos de los productos de autoabastecimiento que hoy, en muchos casos, es claramente una quimera.

Foto: Francisco Belín

Foto: Francisco Belín

Básicamente, carne, pescado, huevos, vegetales, fruta, frutos secos y semillas es lo que inculca la citada dieta. Lojendio ha indagado en fuentes documentales (crónicas y relatos de la conquista) e investigaciones de los restos arqueológicos y su análisis e interpretación a partir de distintas disciplinas y líneas de investigación (zooarqueología, arqueobotánica, paleocarpología, bioantropología, etc.). “En el sistema de los antiguos pobladores de Canarias ya figuraban los ingredientes básicos que una disciplina como la nutrición estima se corresponden a una dieta sana y equilibrada: la insuloamazigh”, afirma el periodista responsable de la gastronomía en el periódico El Día de Tenerife y autor del blog Fuera de Carta. “De la actividad del marisqueo –agrega- destacan la lapa y el burgado (bígaro) y, en menor medida, la púrpura, el conus o la claca. También se sirvieron de especies como cangrejos y erizos, siendo también probable el aprovechamiento de cefalópodos como el pulpo”.

Foto: Francisco Belín

Foto: Francisco Belín

Siguiendo con los recursos marinos, Sergio Lojendio acude a fuentes etnohistóricas para resaltar “evidencias de ictiofaunas recuperadas en diferentes yacimientos (sardinas, chicharros, longorones) y toda una rica ‘carta’ de especies (salemas, sargos, saifías, morenas etc.) capturadas por una variedad de artes en la zona infralitoral de poca profundidad”.

Además de una agricultura de secano y regadío extensiva, basada en el cultivo de la cebada y el trigo -con el gofio (harina molida y tostada) como producto más relevante y de mayor significado-, el autor visualiza una cabaña integrada por cabras, ovejas y cerdos. Ganadería proveedora de alimentos (leche, carne, manteca) y de materias primas (pieles y utensilios), que más allá de su carácter subsistencial también representa un signo de preeminencia social. “El consumo de aves (paloma, pardela, cuervo, guirre) y lagartos se incorpora ocasionalmente a la dieta, tal como documenta la arqueología, mientras que los roedores también debían figurar por lo que suponía de aporte proteínico a la base cerealista”, comenta el periodista que recuerda la ingesta de perro (cinofagia) en momentos de escasez.

La información proporcionada por las fuentes documentales y la paleocarpología (estudio de semillas) pone de relieve toda una diversidad de especies aprovechadas con fines alimenticios. Es el caso de la palmera canaria, los dátiles, la miel, a los que se suman mocanes y bicácaros, además de rizomas de helecho y hasta hongos.

Papita. Foto: Francisco Belín

Papita. Foto: Francisco Belín

Respecto a los frutos, los antiguos canarios explotaron la higuera común y practicaron la recolección silvestre. Una dieta, en consecuencia, ajustada en calorías y capaz de prevenir las enfermedades cardiovasculares, controlar la obesidad y, por tanto, combatir la mayoría de las enfermedades crónicas (cáncer, diabetes tipo 2, hipertrigliceridemia e hipercolesterolemia, hipertensión, etc.)

Foto: Francisco Belín

Foto: Francisco Belín