Revista Gastronómica Digital
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Opinión

Inevitable Alicante…

Xavier Agulló
Xavier Agulló 5/9/2016Comentarios

La carretera se funde caliginosamente en la infinitud manchega al ritmo de Guns ‘n’ Roses mientras vuelo hacia Alicante, próxima parada de este “tour” apretado en el agosto terminal. María José San Román me espera en el Monastrell por la tarde; por la noche la cita es con Mar Milà. Pero da igual: Alicante siempre es el destino inevitable. Allá voy…

Joël Robuchón, maría José San Román y el equipo del Monastrell. Monastrell. Alicante.

Joël Robuchón, María José San Román y el equipo del Monastrell. Monastrell. Alicante.

Llego al Monastrell justo para apuntarme a la fiesta infantil que Geni y Sebas le han dedicado a su hija Matilda por su “cumple”. Lo primero, una horchata del Peret (media con azúcar, media sin) en la flamante cocina para  certificar que estoy aquí. “Mañana viene Joël Robuchon a comer aquí”, me dice María José. La pasará bien (y así fue, claro). Por ahí anda Nuria España, la sommelier, que, disimulando entre refrescos y potitos, nos saca de matute una botella de champagne a Pitu Perramón y a mí. Se apunta Sebas, naturalmente, que tiene el tiempo justo antes de volver a ponerse a los mandos de La Vaquería. Es agosto en Alicante, hermanos, y la clientela aprieta… Llega Jorge Perramón, que ahora, además de ocuparse del aggiornamento del grupo Gourmet Alicante (propietario de todos los establecimientos de María José y Pitu) está también poniendo al día el veterano “frankfurt” Tribeca, origen de la movida y sin descanso desde los años setenta del XX. Y dejamos que la tarde burbujee frente al puerto…

Nati y Fer. Cun. Alicante. Foto Xavier Agulló.

Nati y Fer. Cun. Alicante. Foto: Xavier Agulló.

Una visita al Cun

Mar Milà y yo en la playa de San Juan. En Laseda Gastrovillage. Aquí está el Cun, la aventura de los jóvenes Fer Cunchillos y Nati Lobato. Aunque ambos son chefs, por cuestiones prácticas ella se ocupa de la cocina y él de la sala (y la repleta terraza). El Cun es un pequeño oasis en el mogollón del multiespacio, una propuesta que, sin irse más allá de los 20 euros, pone la inesperada frescura a lo de siempre en estos lugares. Nati y Fer no se cortan: Mediterráneo, México, heterodoxia… Platos divertidos sin pretensiones pero con intención. En todo caso, los dos deberán decidir hacia dónde quieren dirigir sus pasiones y cómo. Nos ponemos en marcha con una quesadilla de queso scamorza, guacamole y pico de gallo. La brisa nos acaricia con el tartare de gamba roja y aguacate. Comercial pero correcto. Calamares a la andaluza y rollo de primavera. Potente la pata de pulpo a la brasa con papas revolconas. Eclécticos los tacos mediterráneos (burritos) de pollo marinado en cítricos y topping de tzatziki. Los “pepotes”: de mantequilla aromatizada y de brie con cebolla. Remate con las costillas de cerdo asadas con chimichurri de albahaca y chile. Y un “chiste” final con el “banana split” tuneado. Dignidad en el fragor…

Arroz a banda. Gambusí. Comedor. Sepionets. La perla de Jávea. Jávea. Fotos Xavier Agulló.

Arroz a banda. Gambusí. Comedor. Sepionets. La perla de Jávea. Jávea. Fotos: Xavier Agulló.

¡Menudo arroz a banda en La perla de Jávea!

Aguardo a Mar en la terraza del Gourmet, en plena Esplanada alicantina, mimetizado con los “guiris”. Llegamos a Jávea, a la playa del Arenal, frente al cabo San Antonio y la mole del Montgó, donde triunfa sin paliativos (está reventado) el restaurante La perla de Jávea, uno de los mejores “a banda” de la Comunidad. Sergio Box, un “crack”, lo tiene claro: “Pescado fresco de la lonja, 15 arroces, chuleta gallega… Producto de la máxima calidad y respetado monacalmente en cocina”. La perla es negocio familiar y Sergio (34 años) lo ha situado en la cima gracias no sólo a su energía sino también (muy especialmente) a su gusto exquisito en las cocciones. A mí no me extraña, si le sumamos a ello una lista de vinos de nivel, un servicio sin fisuras y unas vistas marinas de esas que “hacen vacaciones”. Un plato de jamoncito procede para empezar. Y champagne también. Con el mar inundándonos, el meloso tartare de atún con aguacate. Sencillez sobre gran materia prima. Sepionets a la plancha, sí, de notable delicadeza. Y ese frito sutil de los chopitos. O el de los “gambusís”… Finalmente, el estricto arroz a banda, un espectáculo sápidamente cromático que en capa finísima y acanallado socarrat nos redime “en diferido” de todas las maldades que seguro cometeremos…

Gasto la tarde en Cala Bandida con mi amiga Toya, el cava rosado maridando con el lento crepúsculo de Xàbia…

Al día siguiente dejo la “suite del palmiers” que ha descansado mis huesos durante estos días y, tras despedirme de María José y Pitu, me regalo una hamburguesa de carne de vaca gallega (picada a mano) en el Tribeca para enfilar, los ojos nostálgicos en el retrovisor, la autopista de regreso a Barcelona…

Cala Bandida. Jávea.

Cala Bandida. Jávea.