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Opinión

Michelin 2018. Sonrisas y lágrimas

Xavier Agulló
Xavier Agulló 26/11/2017Comentarios

Mira, con la Michelin no ganamos para sustos… Bien es cierto que este año los inspectores se han estirado más allá de su habitual astenia cósmica en España con la “rareza” de conceder dos merecidísimos astros (Ángel León y Jordi Cruz); pero la cosa no podía ser simplemente de “comer perdices”. No; Michelin ya hace tiempo que entró a formar parte del mundo del espectáculo –y ninguna crítica a ello, ojo, que todos somos parte del mismo decorado- y, ya se sabe, “the show must go on”.

Los nuevos triestrellados, en el escenario con los responsables de Michelin. Tenerife. Foto: Xavier Agulló.

Los nuevos triestrellados, en el escenario con los responsables de Michelin. Tenerife. Foto: Xavier Agulló.

En este caso, con una nueva polémica en “sede”, es decir en Tenerife, el lugar elegido para la gala de este año por su estallido culinario. No voy a insistir sangrantemente en el tema, porque, además, yo siempre me he alegrado por cualquiera que consiguiera el galardón (un duro trabajo); pero sí que conviene una somera reflexión de los criterios (o falta de ellos, a mi juicio) que han llevado a un restaurante sin licencia al estrellato. Aunque, atención, aseguraba Ángel Pardo que en julio, como se hace con todos los premiados, se llamó también al NUB para checar y la respuesta fue que todo iba bien. Pero, más allá de esto –pongo por delante los interesantes conceptos gastronómicos de Andrea y Fernanda, los interfectos-, me pregunto cómo fue posible que, habiendo grandes corpus culinarios en la isla, se acabara iluminando un local muy nuevo, con problemas municipales y con un traslado en ciernes, circunstancias todas ellas que nunca agradaron a la prudente marca francesa. Parece que había ganas de liarla… Y llegamos, “por alusiones”, al punto de siempre. ¿Cuál debe ser la razón –entendiendo la soberanía de la guía en sus decisiones- para que un restaurante de lustre, compromiso, técnica, emoción y vindicación orgullosa y precisa del producto canario como es Las Aguas, del gran Braulio Simancas, haya quedado otra vez orillado? Escribía hace un par de días la colega Julia Pérez de “los olvidados” (y no me refiero a la película de Buñuel), y ya tengo las teclas de sus nombres gastadas en mi laptop: Josean Alija, Andoni Luis Aduriz, Óscar Velasco, Camarena… Y sí, Braulio. Entre muchos otros, claro, pero estos ya son fama. Nunca he encontrado explicaciones plausibles para este “olvido”. Me comentaba ayer Jordi Cruz al respecto su admiración por todos ellos, y me reflexionaba en dos direcciones: “la imposibilidad para una guía como Michelin de dar muchas estrellas, porque entonces perdería intensidad la movida”; “y el hecho de que muchos chefs no han querido entrar en filosofías congruentes con Michelin; no han querido renunciar a sus ideas, por lo que no encajan en el perfil de gran consenso público que busca la guía roja para su selección”. Podría ser…

En todo caso, quede aquí patente mi alegría por los nuevos vencedores, todos; pero también el lamento profundo por los “incomprendidos”, a quienes declaro mi pertenencia y, oye, así soy inevitablemente, a los que espero ver coronados como se merecen el año que viene.


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