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Opinión

Rosario

Raquel Rosemberg
Raquel Rosemberg 25/12/2015Comentarios

“Cerca, Rosario siempre estuvo cerca…”
Fito Páez

 

Ciudad portuaria, Rosario creció a orillas del río Paraná. A sus bellezas naturales suma un movimiento cultural y gastronómico interesante. A 300 kilómetros de Buenos Aires, la tercera ciudad de la Argentina, a la que se conoce como la Barcelona Latinoamericana, es una buena opción para unas vacaciones breves.

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Foto cortesía: Etur (Ente de Turismo Rosario)

Rosario, en la provincia de Santa Fe, Argentina, es una de esas ciudades de la que se habla mucho y despierta curiosidad, quizás por ser la cuna de personajes famosos y tan diferentes como el Che Guevara, Lionel Messi, el cantante Fito Páez y Roberto Fontanarrosa o por su transformación urbanística, porque hoy está abierta al río. Para entender qué hay detrás de esa atracción, lo mejor es recorrerla.

A Rosario se la conoce como la Barcelona de Latinoamérica por haber albergado, de 1890 a 1910, a muchos anarquistas catalanes. Pero años después, fue otro catalán, el arquitecto Oriol Bohigas, el mismo que diseñó el plan urbanístico Barcelona 1992, quien le cambió la fisonomía a la ciudad. Bohigas proyectó y construyó el Parque y Centro Cultural España, logrando que Rosario, que antes vivía de espaldas al Paraná, lo enfrente y adopte. A lo largo de los años, se demolieron los muros restantes que la separaban del río, poblando la ribera de espacios verdes, balnearios y ramblas. Estas obras permitieron que Rosario pueda recorrerse -de punta a punta- a pie o en bicicleta, hasta llegar al Puente Rosario-Victoria, que la une con la provincia de Entre Ríos.

terrazas frente al rio Parana

Foto cortesía: Etur (Ente de Turismo Rosario)

Por la costa se puede llegar al citado parque, sobre la barranca del río. Es uno de los lugares preferidos por los rosarinos para disfrutar de la vista de las aguas y las islas que se encuentran frente a la costa y de paso, participar de alguna actividad artística en la institución. Siguiendo el camino se encuentran edificaciones de lo que fue el puerto industrial, hoy en desuso, que se convirtieron en espacios para ser gozados. No se asombre si al llegar a la ribera observa rosarinos practicando deportes o simplemente sentados en la mesa de un bar o un restaurante, dejando que el tiempo pase.

Pero estamos haciendo turismo. Un alto en el recorrido lo merece el Monumento Nacional a la Bandera, donde Manuel Belgrano izó por primera vez la enseña. Obra del arquitecto Bustillo, cuando se lo visita no perderse el museo donde pueden apreciarse las banderas de naciones hermanas (www.monumentoalabandera.gov.ar). A pocos pasos se puede recorrer parte de “Arte a la vista”: museo al aire libre, integrado por obras de artistas rosarinos reproducidas a escala gigante sobre edificios, que permiten observar cuadros emblemáticos mientras se pasea por la ciudad. Las últimas obras fueron las del maestro Gambartes, en la esquina de Mendoza y 1º de Mayo.

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Foto cortesía: Etur (Ente de Turismo Rosario)

Siga por la costa, en la intersección con Paseo de las Artes llegará al Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC), antiguo galpón portuario de granos, reciclado en 1995, para convertirse en centro cultural, ubicado donde se situaba el centro del puerto de la ciudad. Es el espacio para las expresiones culturales no convencionales.

Ya es hora de comer, en el Deck, del Club Náutico Rosario podrá probar todo tipo de pescados de río, especialidad de la ciudad. Para ir entrando en clima, pida empanadas de surubí.

Continuando por la ribera, en España y Wheelwright encontrará la Casa del Tango. El edificio, de 1860, fue refaccionado para convertirse en un espacio dedicado a la música ciudadana. Pegado está el ex Galpón Peñaflor, que funciona como restaurante.

Cruzar el río

Quienes quieran hacer un día de playa deben dirigirse al complejo La Fluvial, punto de salida de embarcaciones que cruzan el Paraná en 15 minutos y llegan a El Banquito San Andrés. El paisaje cambia, es una isla agreste, con larga costa de arena, ideal para pasar el día mientras la ciudad queda lejos, recortada sobre el horizonte. Los más urbanitas poseen paradores con servicios y actividades. Además de comidas, en las arenas se organizan deportes de todo tipo, incluidos los náuticos. Los amantes del silencio, sólo deberán caminar y elegir un lugar a lo largo de sus 3 kilómetros de costa. Tres paradores centralizan la oferta de servicios: Deja Vú, sirve media boga despinada a la parrilla, sándwich de bondiola de cerdo o de vacío vacuno. Sudestada, con barra de tragos, licuados, cervezas y buena música y Vladimir, el parador más antiguo, con buenos sándwiches.

¿Otra opción? Realizar un paseo en barco por el delta en el Ciudad de Rosario (www.barcocr1.com) y para una dosis extra de aventura, hacerlo a bordo de una lancha, en kayak o en velero.

isla frente a Rosario (silvio Moriconi)

Foto cortesía: Etur (Ente de Turismo Rosario)

Macro

Si avanza por la costa del río, hacia el norte, se ve unos tubos gigantes, de colores chillones… Se trata del Macro, Museo de Arte Contemporáneo. Construido en lo que fue un silo, se lo recorre en sus diferentes pisos, donde hay muestras rotativas de arte. Cuando salga del museo, se impone tomar un trago en el Complejo Davis, que se destaca por su vista. Debajo funciona un gran restaurante, con espacio al aire libre donde se puede seguir una regla rosarina: comer rabas con salsa tártara y beber cerveza. Quienes programen su viaje para un fin de semana, pueden ampliar el recorrido y tomar el Boulevard Oroño, que conserva casas señoriales y arboledas. Los domingos por la mañana se cierra al tránsito y se instalan varias ferias de artesanos, de antigüedades y de ropa usada (www.macromuseo.org, www.complejodavis.com)

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Foto cortesía: Etur (Ente de Turismo Rosario)

Alto Rosario y alrededores

Yendo un poco más hacia el norte, en el Parque Scalabrini Ortiz, los esqueletos de lo que fueron los talleres ferroviarios se convirtieron en el Alto Rosario, un moderno shopping que vale la pena visitar, porque respeta la fisonomía original de los edificios industriales. En el patio, al aire libre, podrá tomar algo sin el acostumbrado agobio de los centros comerciales (Junín al 500).

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Foto cortesía María Crosetti

Muy cerca, está el barrio Refinería, donde a principios del siglo pasado convivían inmigrantes en conventillos, pensiones y bodegones. La zona está cambiando, porque un grupo inversor recicló la refinería azucarera, de 1889, que funcionó hasta 1937. Camine por sus calles y haga un alto en el restaurante Refinería, de los hermanos Avalle, con nueva cocina rosarina. Los Avalle recuperaron una de las casas históricas más antiguas del barrio, de 1800. La vieja casona era una especie de chacra y luego, pulpería. Su estructura se mantuvo intacta, conservando incluso las pinturas de los empapelados y los pisos calcáreos. Otro detalle a ver, es que la esquina no posee ochava. En el patio se mantiene el antiguo empedrado y el bebedero de caballos. “Cuando compramos y empezamos con este proyecto todo el que venía nos decía ‘acá tienen que tirar todo abajo y empezar de cero’, estaba lleno de yuyos y los techos caídos. Pero tratamos de salvar todo. Esto además es parte de nuestro patrimonio histórico y cultural”, comenta Miguel, uno de los hermanos, a cargo del diseñó.

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Foto cortesía María Crosetti

Carlos es quien maneja los fuegos y selecciona los vinos de la muy buena cava. Hace las compras en forma personal, de manera minuciosa, recorriendo kilómetros para conseguir un queso o un embutido, su cocina privilegia el poner en valor los productos de temporada. Con muchos años de trabajo en Gales, aquí tiene una carta corta, que cambia permanentemente, con platos muy sabrosos, pero además, ofrece opciones de parrilla. Esto último, explica, es así porque si un restaurante en Rosario no ofrece carne, y de parrilla, es difícil que se sostenga, entonces, buscamos un muy buen parrillero y… todos contentos. Rawson y Nelson, 0341-4384500, www.restaurantrefineria.com.ar

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Foto cortesía María Crosetti

Cerca de Refinería se encuentra Pichincha, la cuna del gran comediante argentino, Alberto Olmedo, Piluso. Ídolo de generaciones, se lo recuerda con dos estatuas, destino obligado para las fotos. La zona se reconvirtió: es el hábitat de diseñadores, anticuarios y restaurantes.

Volviendo a la costa, se puede pasar por el Estadio Gigante de Arroyito, es decir Rosario Central (la contra de Newells alld boys, el club del alma de Messi). Después, una opción es ir a comer a la Parrilla Escauriza, uno de los hitos de la ciudad. Su creador fue, además, quien a pala y pico, en 1920, construyó el balneario La Florida. Aquí se viene a comer pescado de río, albóndigas de pescado, bastoncitos de surubí en milanesa, bastoncitos de filete de boga en milanesa, surubí o manguruyú o pacú, entre otros. Lo ideal es probarlos sin el agregado de salsas, para apreciar la particularidad de la carne, pero si se quiere pecar, lo mejor es pedir alguna como la vasca (Bajada Escauriza y Paseo Ribereño).

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Foto cortesía: Etur (Ente de Turismo Rosario)

Centro

Rosario fue una metrópoli agroganadera, de esos tiempos, principios del 1900, conserva una arquitectura que supo ser muy apreciada. Uno de sus edificios arquetípicos es el del antiguo Hotel Savoy, de 1910, hoy, Esplendor Savoy Rosario, que mantiene el mobiliario de la época. Vaya directo al 4to piso, donde se puede desayunar entre plantas y cúpulas o a su café y bar, por un trago.

Camine una cuadra, hasta el café El Cairo. Sus paredes fueron testigos de grandes reuniones en las que literatura, política y fútbol eran protagonistas. Allí sigue en pie La Mesa de los Galanes, altar rosarino, donde se sentaba el escritor, humorista y dibujante, Roberto Fontanarrosa con sus amigos, incluido Joan Manuel Serrat (www.barelcairo.com). Muy cerca, en Monreal, ofrecen los mejores sándwiches de la ciudad (San Lorenzo 1295). Otra opción que habla de la influencia catalana, es Pobla del Mercat. Sirven tapeo y platos, con carta de vinos de bodegas no tradicionales (Salta 1424). Ajoarriero es uno de los espacios de moda. Proponen platos reinterpretados de la cocina clásica, como los pasos criollos del tapeo, con lengua a la vinagreta, tapas similares a las españolas, principales y postres (Catamarca esquina Ricchieri).

De allí, siga hasta el parque Independencia, zona de espacios verdes y museos, pero si hace calor, lo ideal es recorrer la sabrosa Avenida Pellegrini, donde se concentran las principales marcas de cremas heladas, que hacen honor a que Rosario sea conocida como la Capital Nacional del Helado Artesanal. Pruebe diferentes gustos, la mejor heladería es Esther (www.estherhelados.com.ar). Un fin de viaje dulce. Recuerde: cuando necesite respirar un aire diferente, allí está Rosario, en Argentina, muy cerca del cemento, pero lo suficientemente lejos.

bar rosarino tipico

Foto cortesía: Etur (Ente de Turismo Rosario)