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Opinión

Shuttle Alicante-Madrid

Xavier Agulló
Xavier Agulló 16/5/2011Comentarios

De fiesta en fiesta

Si son las 10.15 en Atocha es que he salido de Alicante a las siete de la mañana. Lo que es lo mismo: me he levantado a las 5.45 de la madrugada. Y como me acosté a las tres, he dormido en total algo menos de tres horas. Resumen: estoy a punto de empalmar la gala de entrega de los Premios APEHA con la proclamación del nuevo Chef Millesime by Cruzcampo. Y sigo…

Piénsalo: hay pocas cosas tan odiosas para un “clochard de salón” impenitente como yo comparables a la llegada matutina a un hotel y descubrir que los clientes aún no han hecho el check out, y tú te quedas con cara de gilipolllas en la recepción, legañas rampantes, maleta en la mano. Justo el caso. Lo jodido del tema es la empatía que, en el fondo, siento por los que todavía están sobando o “arronchando” en la cama. Yo hago lo mismo. El problema es que, a las 11 de la caliginosa mañana madrileña, huérfano de cama, no me quedan más huevos que acercarme al Urban, donde ya están montando el “cook room” de Millesime. Y esto significa un nuevo “on the road gastronómico” sin final cierto…

Todavía con el retrogusto del menú de Alicante –celebrado, por cierto, en el flamante y soberbio ADDA- y los pies hechos polvo del escenario –ahí estuve, esto sí, de “bedel” de la sinuosa Anabel Rosas, conduciendo la fiesta-, enfilo hacia la Carrera de San Jerónimo desde calle del Prado. Recuerdos de sabores y colores mediterráneos mientras los bares van bostezando puertas y desperezando barras a mi paso cansino. De la paella que Geni se transportó a peso desde La Taberna del Gourmet hasta su nueva “sucursal” en La Esplanada. Sí, amigos, sólo llegar a Alicante, y tras dos shots de cerveza helada con mi amigo Pitu Perramón, “inauguré” la nueva Taberna del Gourmet del paseo, unas mesas llenas de esperanza gastronómica en el adocenamiento guiri de la multitudinaria Esplanada. Valió la pena. Porque la paella no sólo nos regaló placeres mundanos, sino un buen rato de champagne, risas estereofónicas con Pitu y conversaciones mestizas de frivolidad e inteligencia… Particularmente clarificadora la que mantuve con Juan Lerma y Ángela Nieto, neurocientíficos ambos, premio Jaume I ella, y, según María José San Román, “los clientes perfectos”.

Algunos de los quesos presentes en Lactium.

Venía todo de una plática anterior con Jaume Biarnés (Fundació Alícia) alrededor de una impía cata de quesos –un total de 45 me metí- en la que coincidimos como jurados pocos días antes. Lactium, en Vic. Allí, entre pastas duras y blandas, ojos y cortezas, ovejas, vacas y cabras, Jaume, con el que me une algo más que lo gastronómico –“siempre nos quedará Proudhon, camarada”-, recordaba la reciente visita de una pareja de investigadores de Harvard, universidad que, como es ampliamente sabido, colabora con la fundación de Adrià. “¿Sabes?”, me disparó entre un Idiazábal y un Tupí, “la otra tarde esos dos científicos americanos me aseguraron que, a partir del test de los dos vinos –se dan a catar y, siendo ambos de un nivel medio, se le señala al catador uno de ellos, del cual se aclara que es muy reputado, muy bueno, muy caro-, determinaron con sensores específicos que el cerebro sentía mucho más placer con el “bueno“ que con el “otro”. Vale decir, ya no es sólo una cuestión de percepción superficial, sino que la “connotación determinada” de un vino “regular” nos hace disfrutar “realmente” mucho más. Pero entonces… “Sí”, continuó Jaume engullendo una cucharada de Torta del Casar, “el preconcepto que podamos tener de un vino ya lo podemos considerar un parámetro más a valorar, puesto que, cerebralmente, cuenta igual que sus características organolépticas intrínsecas”. Glups. O sea… En realidad, como dice en “petit comité” el gran Josep Roca, “no hay ningún vino que valga de verdad más de 30 €”. Así que es lo otro… Comprobado. Una simple etiqueta de una prenda de ropa nos puede hacer igual de felices que si adquirimos la pieza auténtica. Y así con todo. Bueno es saberlo, caramba. Los chinos, entiendo entonces, no falsifican; nos regalan felicidad a precio de saldo… Gira el mundo…

Pues todo esto me lo confirmaron, entre luchas discretas por el “socarrat” de la paella de Geni, Juan y Ángela. Efectivamente, el cerebro, que es el origen, “ordena” placer con algo que antes se nos antojaba “ignorancia”. Conseguí, por fin, el último bastión de “socarrat” de la paella, nos bebimos unas horchatas traídas del Peret –frente a la Taberna- y presura hacia el hotel.

La noche era de gala. María José, como presidenta de la APEHA, se había montado los I Premios Plato, todo un festival que entregó premios a Alberto Redrado (L’Escaleta), Iván Grau (El Rodat), Pedro Gras (Belvedere), Juan Manuel Baró y Rafa García Santos. Después la cena: ensalada de anguila ahumada con vinagreta de chufa (Dani Frías), cordero lechal con patatas violette y lechuga glacial con aliño cítrico y postre especial de Paco Torreblanca. Una noche con “tutti quanti” que marca el gran estado de forma de la cocina y la hostelería alicantinas. Y una muestra de poderío de San Román, que se lo hizo todo contando sólo con su familia y escasos recursos… Es sólo el principio de algo grande.

Sabores y colores, decía. No me iban a faltar en el Urban ya desde buena mañana. Miren mandando, organizando. Las televisiones afanadas en primeros planos minuciosos. Las tapas ofrecidas en las mesas “sin velos en el pecho y flojo el cinturón”. Los chefs sonriendo a los anhelos inmediatos. Todo resonando. Manuel Quintanero, a pesar de su pierna rota en Brasil, degustando a una mano (la otra en la muleta). Y ya van llegando los primeros invitados. Ahí está Cuchita, la presidenta de la Academia de Gastronomía Valenciana, con la que he compartido sueños de cascos y Scarlatti en el tren desde Alicante. Con ella compartiré también, a finales de junio, la boda de Javi y Guillermina, aunque, viendo tan sólo los preparativos (Ángel, Francis, Marcos, Quique, que sé yo… prometiendo camiones llenos de presentes…), acaso sea nuestra última fiesta… Por si acaso, digo para mi capote, no hay tiempo que perder. De Romain Fornell, el huevo sorpresa con ibérico; de Álvaro Garrido, la crema de cebolla de Zalla; de Ángel león, el tomaso con matices cítricos morunos “homenaje a la marinería de la Tomasa de Jerez”; de Víctor Martín, el guiso de caracoles ibéricos; de Víctor Martín, el guiso de caracoles ibéricos (no, no es un error tipográfico, es que repetí); de Paco Morales, la tosta de tocino ibérico; de Pepe Rodríguez, la “trufa” hecha en un caldo de cocido; de Marcelo tejedor, el arroz cremoso de codium; de Ignacio Echapresto, la cazuelita de morros… Muy poca coña, amigos. En medio, maravillándolo todo, la Cruzcampo Gran Reserva. ¿A qué el salón que acabo de describir se acerca mucho a una posible idea de felicidad?

Paco Morales y Pepe Rordríguez Rey, triunfadores de Chef Millesime 2011

Pues para todos ellos no… No porque se estaban jugando el Chef Millesime 2011. Al final, como sabemos todos, ganaron “ex aequo” Paco Morales y Pepe Rodríguez, aunque hay que decir que el resto de chefs estaban ahí, en algunos casos con tan sólo un punto de diferencia… ¡Cómo mola! Con Chuchita, con María Canabal, con Yanet Acosta, con Alberto Lucchini, aplaudimos y aplaudimos. En realidad, pienso, me paso gran parte del día aplaudiendo… Y riendo irrefrenablemente. Curiosa y bendita profesión esta.

Que gran diferencia entre este Millesime, libérrimo, alegre, franco, democrático, integrador, universal, y la gente oscura de la Academia Catalana de Gastronomia. ¿Sabes? Ni tan siquiera me invitaron a sus premios anuales. Detrás de ello, me temo, la censura de uno de sus miembros más “conspicuos”, uno de estos tipos que creen que la cocina pertenece a una “elite”, la cual, ungida por algún dios espurio, es depositaria de un santo grial que los demás “no comprendemos ni sabemos paladear”. Cometí el sacrilegio de “criticar” uno de sus locales, y eso, amigos, se paga en ese entorno de añeja altaburguesía catalana con el ostracismo social. Aunque, ¿quién quiere pertenecer a una sociedad así? Yo soy del sol…

Bien. Como algo ligero con Lucchini en el Europa Decó. ¡Joder, Joaquín, que textura le has sacado e este esturión! Luego, habitación arreglada, cama fresca, ducha brillante. Porque el show debe continuar…

¿Os podéis imaginar cómo fue la cena concelebrada por todos los participantes en el Villareal?

5 Comentarios

  1. Tony pEREZ dice:

    Para un alicantino como yo no tengo que poner mas adjetivos de los que ya has puesto a mi queridisima familia Perramon-SAn Roman, solo decirte, que a tu detallado articulo se le ha pasado un detalle. -el Cordero de la Cena era de Rodrigo de la Calle.
    Un Saludo

  2. Jaume dice:

    “Tal es la locura de los pobres mortales, que frecuentemente desprecian los bienes que pueden gozar, y suspiran en pos de los inalcanzables”

  3. Yanet dice:

    Cada vez me aficiono más a tu road movie gastronómica. La vida es eso: movimiento, risas, disfrute gastronómico o del que toque, y mucho, mucho sol!!

  4. javi dice:

    besos canalla troglodita

  5. xavier agulló dice:

    Cierto, Toni: y olvidé la interesante conversación con Jorge Perramón, y el rato con Raquel Perramón repasando iniquidades… Aprovecho, pues, para decir que Rodrigo, además, estuvo allí mismo chequeando cada plato en el pase…
    Sí, Jaume, sí. Aunque me temo que la curiosidad, el conocimiento jamás podrán abandonarse a una molicie confortable…
    Hey, Javi! There will be rock…