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Opinión

Vendimiando a contracorriente

Redacción
Redacción 13/2/2015Comentarios

La DO Costers del Segre es el reflejo de la historia, cultura y gastronomía de Lleida y del empeño por lograr un buen vino

Rodeada de árboles frutales y dividido en dos extensas áreas, la de Costers del Segre es una Denominación de Origen (DO) con personalidad. De clima severo y alejada del mar, la imaginación y tenacidad de sus productores para sacar adelante el proyecto, ha permitido convertirla en un referente técnico y cualitativo del vino catalán. Este es un viaje de dos días por su historia, su carácter y sus viñedos, con Lleida como centro neurálgico y punto de partida de una ruta en que los olivos nos acompañarán.

Los viñedos de Raimat.

Y es que la capital del Segriá es la ciudad que da cobijo a esta denominación, subdividida en siete áreas: Artesa de Segre, Urgell, Garrigues, Pallars Jussà, Raimat, Segrià y Valls del Riu Corb. En total, unas 5.000 hectáreas de viñedos y 35 bodegas que, mirando a simple vista un mapa, podemos diferenciar en dos zonas: una en las afueras de Lleida y hasta Tárrega, entre la autopista AP2 y la N-II, en plena llanura, y otra más prepirenaica. Difícilmente en un fin de semana podremos abarcar ambas zonas, por lo que en este caso la ruta que proponemos discurre entre Lleida y Tárrega, que está a una hora y media de Barcelona en coche (40 minutos en AVE) y a dos horas de Madrid en el tren veloz.

Costers del Segre se caracteriza por un clima continental con una temperatura media de 14-15ºC con heladas en invierno y hasta 35ºC en verano y una pluviometría baja (300-450 mm). Condiciones difíciles que proporcionan vinos con personalidad y obligan a trabajar de forma imaginativa y técnicamente impecable. La innovación ha marcado a esta DO, que fue la primera de Catalunya en utilizar chardonnay, cabernet Sauvignon y merlot.

Raimat, el símbolo

El primer destino es el más próximo a Lleida (está a 10 minutos de la ciudad) y simbólicamente podemos entender que es el origen de la actual DO, fundada administrativamente hablando en 1983. Nos referimos a las bodegas Raimat, sueño plasmado de Manuel Raventós, que decidió ubicar allí una de las principales bodegas del grupo Codorniu. Raventós llegó a esas tierras en 1914 en busca de terrenos que pudieran abastecer la bodega de Codorniu en Sant Sadurní d’Anoia. Lo cierto es que en la actualidad, el 50% de la producción se destina a Codorniu y la otra mitad, a los distintos vinos de Raimat.

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Visita guiada en Raimat.

Hablamos de cifras en mayúsculas, pues Raimat no solo forma parte del origen de la DO sino que es la mayor bodega (3.200 hectáreas) y la de mayor producción (21 millones de kg de uva al año) con las variedades pinot noir, chardonnay, parellada, xarel·lo, macabeo, merlot, tempranillo, syrah y cabernet sauvignon. Todo ello en la mayor finca de Europa en manos de una sola familia.

En Raimat las vides están orientadas norte-sur para aprovechar todo el sol posible. La vendimia arranca en la segunda semana de agosto, principalmente para llevar uva a Sant Sadurní para el cava, y se realiza de noche, para evitar la fermentación espontánea por las altas temperaturas de esa época.

La visita a Raimat (difícil de concertar por su inverosímil centralita que te redirige a Sant Sadurní), arranca en sus viñedos. Allí degustamos los primeros vinos, en concreto un chardonnay 2013 ecológico, fresco, refinado y con aromas a cítricos y manzana. El entorno acompaña. En el horizonte, solo viñas, que se extraen cada 25 años para plantar cereral, alfalfa, trigo y maíz durante cinco años para nutrir una tierra mayoritariamente caliza y pobre en materia orgánica. Es lo que se conoce como rotación de cultivo, lo que obliga a esperar siete años desde que se vuelve a plantar la vid hasta que se puede cosechar la uva para el vino.

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Interior de la bodega modernista de Raimat.

Experiencia completa y agradable. Tras el paseo por las vides con sus pertinentes explicaciones, el recorrido sigue en la bodega, un edificio modernista de un siglo de vida levantado por el arquitecto Rubió Bellver, discípulo de Gaudí. Como curiosidad, en su interior encontramos el “cementerio de vinos muertos”, un recinto con botellas desde 1975. El recorrido por las distintas estancias de fermentación, embotellado y descanso de los vinos finaliza con una cata en la que se pueden probar algunas de las cinco millones de botellas de vino y dos millones de cava que se producen.

Malena

Al marcharnos vemos de lejos el castillo de Raimat, propiedad de la familia Raventós, y que Manuel Raventós rehabilitó al llegar a esas tierras. El castillo está fechado en el siglo XI, y es el contrapunto perfecto a la zona de I+D de todo el grupo Codorniu, instalada aquí, frente al edificio modernista de Raimat. Historia y futuro frente a frente.

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Restaurante Malena.

La visita a Raimat ha cumplido con las expectativas. No así la frustrada a Castell del Remei, de la que he de desistir ante la inflexibilidad de sus horarios y la limitación de los grupos. Pero el estómago pide paso, así que toca ir a algún restaurante. Decido ir en busca de Josep Maria Castaño, a unos 20 minutos de Raimat. Xixo es un chef imaginativo y perseverante que cuenta con una estrella Michelin en Malena. Su proyecto reside desde 2008 en una antigua vaquería de Gimenells, que también había funcionado como escuela agraria para inmigrantes que venían del sur, y donde en solo cinco años ha logrado el reconocimiento de la guía roja. No es el primero, porque en su anterior proyecto, La Bordeta, también obtuvo una estrella en el año 2.000. En Gimenells se respira calma y naturaleza. Pareces estar muy lejos de todo. Y no lo estás.

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Josep Maria Castaño con su horno de brasa vaporizada en Malena.

La cocina de Malena es delicada y sabrosa en un constante juego de texturas y cocciones. Juega con su brasa vaporizada, que él propio Ximo logra a través de un horno que él mismo se ha tuneado. Escogemos un menú de 50 euros que nos permite un viaje por la imaginación y técnica del chef, en el que sobresalen un bosque y mar (gelatina de pino, setas, espardenyes, crema de piñones, fresa y trufa negra); una vichysoisse de coco con cigalas fina y elegante; alcachofas a la brasa (¡y qué brasa!) con vieira; el rodaballo al vapor de encina de un punto y textura insuperable; cochinillo cocido con cítricos y vainilla con una finalización en horno de leña y maridado por una copa de merlot de Costers del Segre (Cristiari d’Alòs).

Visita satisfactoria y sobremesa agradable con Xixo que nos sitúa a media tarde, con el tiempo justo para acudir al hotel, hacer el check in y descansar media horita.

Lleida, Finca Prats y L’Estel de la Mercè

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Finca Prats.

El alojamiento para la primera noche es en la Finca Prats, un moderno hotel con campo de golf, spa y todas las comodidades. Está a las afueras de la ciudad, y es de esos hoteles agradables, de categoría pero sin pretensiones, de personal cercano y amable. Un lugar idóneo tanto para relajarse y desconectar a través de sus servicios de masajes, su piscina interior y exterior, saunas, etc, como para disfrutar de una estancia con degustaciones de vino, excursiones, golf o lo que se nos antoje. Y todo ello en habitaciones amplias y espaciosas, pero sin caer en los extremismos incómodos de ciertos interioristas que últimamente abundan en los hoteles de lujo.

Estando donde estamos, no podemos olvidar una visita a Lleida. Son 10 minutos desde el hotel, para dar un paseo por la zona comercial del centro y subir a la Seu Vella, la catedral antigua de la ciudad, una maravilla por sus vistas y arquitectura del siglo XIII, que acompañamos con una cerveza en un bar prácticamente colgado del montículo sobre el que se asienta y desde el que tambén divisamos el río Segre.

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La Seu Vella de Lleida.

Bajamos para dirigirnos al restaurante en el que cenaremos, tambén en el centro de Lleida. Es L’Estel de la Mercè, un restaurante con muy buenas intenciones y con un mimo especial hacia los vinos de la región. Para ello cuentan con el sumiller Toni Lara, elegido en 2013 mejor sommelier de Catalunya. Lara me sugiere con buen resultado dos Costers del Segre para acompañar la cena. Arrancamos con el Xarel15, un producto de la enóloga Judith Sagás que nace de las cuatro hectáreas que posee y en las que ha plantado xarel·lo y xarel·lo rojo. El resultado es un vino complejo y elegante, tras cinco meses de barrica y 10 de reposo. Con él y con un Vilosell 2011 de Tomás Cusiné (un luchador de la DO Costers del Segre) a base de tempranillo, maridamos una cena con unos berberechos al vapor; canelones de carne, boletus y trufa negra y un lomo de rape con cigalas y salsa americana. Platos correctos y sin estridencias con un excelente producto, que se deja notar en el precio (128€, dos personas) elaborados por la chef Mercé Tomás. Como matiz, un cierto exceso de luz en la sala.

Ruta por bodegas destino a Tàrrega y comida en una  ‘casa’

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Desayuno en Clos Pons.

Es domingo y toca madrugar, pues hemos dejado para hoy la visita a las pequeñas bodegas de Costers del Segre. Si el día anterior nos sumergimos en Raimat, hoy buscamos su contrapunto, el de los pequeños productores. Son 40 minutos en coche desde Lleida, en dirección a Albaigés. A las afueras del pueblo, y tras un último tramo de viaje con unas vistas magníficas, tomamos un camino de tierra que nos conduce a la bodega de Clos Pons. Es el símbolo de la lucha familiar por reconvertirse ante las adversidades. El edificio de la bodega, con madera y cristaleras sobre los viñedos, solo cuenta con dos años, y es el resultado de una gran nevada, la de 2001 en estas tierras. La familia Clos exportaba aceite. Pero esa nevada acabó con 100 hectáreas de sus olivos. Decidieron sobreponerse y replantar, aunque dejando 35 hectáreas para viñedos. En 2008 empezaron con la producción del vino y en la actualidad ya producen 250.000 botellas -con etiquetas personalizadas- de las que un 90% las exportan a 35 países. Cuentan con las variedades garnacha blanca y negra, syrah, tempranillo, cabernet y macabeo.

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Terrenos de Clos Pons.

Con ellos han hecho vinos excepcionales y de ediciones muy limitadas, como el Alges, elegido mejor vino de Costers del Segre en 2013 y 89 puntos otorgados por Robert Parker el año pasado en The Wine Advocate. O el Roc de Foc, un macabeo igual de valorado por Parker o por la Peñín (91 puntos). Los catamos tras servirnos un desayuno a base de pan con tomate y embutidos de la zona en un amable salón de bienvenida en un edificio que levantaron en 2012. La próxima obra será para añadir a la bodega un pequeño hotel con seis habitaciones. Las vistas lo harán muy recomendable y también las actividades que organizan en su propio club, el Club de Vins Clos Pons, con una apetecible agenda enogastronómica todo el año.

Antes de marcharnos, aprovechamos para llevarnos un par de botellas de vino….y de su aceite. Excelentes producciones de una familia con empuje y emprendedora. Por cierto, también merece la pena probar su aceite Pons, tanto los clásicos como los infusionados con especies o trufa. Y para los que disfrutan con el picante, imprescindible el de tabasco, resultado de un acuerdo en exclusiva con McIlhenny Company, la tradicional marca del Tabasco de EEUU.

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Josep Manel y Anna en su casa: Els Fogons dels Omells.

Es hora de comer y nos esperan Josep Manel y Anna en su casa de Els Omells. Sí, en su casa porque en esta ocasión hemos dado con un restaurante ocasional de dos educadores sociales de Barcelona que en su segunda residencia ofrecen mesa y mantel al que lo desee con reserva previa. Una experiencia agradable, acogedora, interesante y diferente. Comemos con ellos en la mesa mientras acaban de ultimar los platos. La ensalada en honor a Josep Pàmies (sabio y productor de hortalizas en la cercana Balaguer). La acompañamos de una vinagreta de mermelada de pera y vinagre de manzana. Seguimos con los higos de Fraga con foie macerado en Armagnac. Y acabamos los entrantes con una brandada con mermelada de sandía. Los segundos se trabajan durante la semana al vacío. Podemos elegir entre rabo de toro, estofado de cerdo y carrilleras de ternera. La comida la regamos por expreso deseo de Josep Manel con un Cristiari d’Alòs 2006 de la bodega Vall de Baldomar (proyecto emprendido a principios de los 80 por Hermenegildo Porta hoy con la ayuda de su hija Marta) y un Comalats 2004 que la familia Bonet elabora desde 1989 en sus 12 hectáreas de l’Ametlla de Segarra. La charla en Els Fogons de Els Omells se alarga hasta bien entrada la tarde. Josep Manel es una persona con inquietudes y con amor por la cocina, que incluso quiere escribir un libro.

Hoy la noche la pasaremos en Tárrega para no tener que regresar hasta Lleida. Allí optamos por el Hostal de Carme, sencillo, resolutivo, al pie de la carretera nacional, con desayunos de los de cuchara. Tras un paseo por Tárrega y una cervecita viendo el fútbol en el Ateneu, cenamos en La Cova, lo que podríamos definir como gastrobar, con tapas bien elaboradas, carta imaginativa y precios ajustados (34,15€ dos personas). Una buena solución para estómagos ya atareados que reclaman descanso.

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Los viñedos de La Olivera frente al monasterio de Vallbona de les Monges.

La tercera mañana es la del regreso. Pero en el camino, parada obligada en L’Olivera, la cooperativa que da trabajo a 45 personas y que trata de dar una ocupación a personas con minusvalías (la mitad de las que allí trabajan). Fue el sueño de un escolapio hace 40 años, en el contexto del mayo del 68, que fue acogido en la escuela de Vallbona de les Monges en un pueblo volcado en su monasterio cistercense del siglo XII. Allí se encargó ya de los primeros niños con discapacidades. El escolapio falleció a los cuatro años pero el proyecto siguió y se profesionalizó en forma de cooperativa de la mano de su actual gerente, Carles Deahumada. Ya hace 25 años que sacaron su primera botella de vino y en la actualidad producen 120.000 botellas gracias a 21 hectáreas, a las que se suma la compra de uva a productores ecológicos. También cuentan con 19 hectáreas de olivos en las que producen aceite de arbequina. Al revés que en Clos Pons, aquí el 90% se queda en Catalunya. Y lo más importante, son buenos vinos con un valor añadido que ayuda a integrar a personas con dificultades.

Es un buen epílogo a 48 horas de paisaje, viñedos, gastronomía, contrastes y esfuerzo. El de cada uno de los impulsores de cada bodega, cada tienda y cada restaurante. Desde las más poderosas a las que tienen un fin social, o las que son el sueño de una familia.

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3 Comentarios

  1. Santiago dice:

    Ull de llebre y tempranillo es lo mismo.Un Vilosell no es una mezcla de tempranillo con tempranillo.

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