Revista Gastronómica Digital
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Snacks

DeliveryGo, Antonio Miró y…!!! – Xavier Agulló

Xavier Agulló
Xavier Agulló 20/6/2011Comentarios

El sorprendente espacio de DeliveryGo.

Confieso que el aburrimiento preestival fue el que me llevó, anteayer al mediodía, a la presentación de una nueva fórmula de servicio de comida a domicilio. El acto se hacía en el para mí desconocido Salón Miró, en la tienad que posee el diseñador en la parte alta de Rambla Catalunya.

Los convocantes, pues, eran DeliveryGo, o lo que es lo mismo, la unión de una trentena de restaurante de Barna para servir sus cartas a domicilio, al mismo precio que en el restaurante y con sólo 6 euros añadidos por el transporte. Bueno… El listado no está mal: Àpat, Au Port de la Lune, Bistronou, Chihuahua, D.O. Vins i Platillos, Dana, Doble Zer00, El Racó, Gran París, Hanoi, Heart Burger, Hello Sushi, Iboo, Itxaso, Iurantia, Kenko, L’Anxoveta, La Bella Napoli, La Rosa del Desierto, La Taberna Griega, La Venta de Rosselló, Le Quattro Stagioni, Matsuri, Mayura, Organic, Pizza Smilo, Sports Bar, Tafi, Thai Lounge y Vinya Rosa (www.deliverygo.com)

Lo curioso, lo bizarro incluso de este acto fue el sitio donde se celebró. ¿Habéis estado en el Salón Miró? OK. Sala amplia, con terracita para fumar, con una cocina diseño Miró, sofás y sillones creados por artistas contemporáneos, ordenador a disposición, pantallas de plasma, neveras… O sea, como el salón de una casa fantástica… ¡A total disposición de los barceloneses! Sí, vale, pero… No, no… Entras en la tienda, saludas a las dependientas y caminas tranquilamente hacia el fondo. ¿Un café? Sírvetelo en la precisa máquina Illy. ¿Con leche? En la nevera la encontrarás. ¿Mejor una cervecita? Tienes toda la gama Damm. Aunque hoy vas fuerte y prefieres un gin tonic… Sin problema, te lo preparas con la ginebra London. Para fashions: los mejores cavas Vilarnau, fríos, lujazo. Todo “for free”. También wifi, claro. O directamente trabajas en su gran Vaio conectado a un espectacular Bravia.

No, no puede ser. ¡Y sí! “Puedes pasarte cualquier día que no tengas nada que hacer”. Quien lo dice es Gabriel González, director de la firma del amigo Antonio Miró y hombre de empatía inmediata. “Cuando quieras desayunar, aquí te esperamos”, sigue con una franca sonrisa Gabriel. “¿Pero, yo, por ser yo?”, apunto tímidamente. “No, no”, se reafirma Gabriel, “esto está pensado para todo el mundo. Aquí pueden venir a tomar algo, o a reunirse si prefieren un lugar más ecléctico que sus despachos. O a pasar el rato charlando. Y, desde luego, también alquilamos el espacio por precios absolutamente democráticos para todo tipo de iniciativas, como lo de DeliveryGo”. No doy crédito…

Al día siguiente, 10.30 de la mañana, me cito en el Salón Miró con Francisco Carrasco, de Jamones Carrasco, sponsor, por cierto, del Espacio Miró. Juro que  a mí no me conoce nadie. Entro. Saludo a las dos chicas que atienden. Me sonríen. Paso al Salón. Me hago un cortado. “¿Dónde está el azúcar?” “Segundo cajón”. OK. Me siento. Abro el ordenador desde el inquietante sofá de madera. Chequeo mi correo. Me fumo un cigarrito fuera. Y ya llega Francisco y nos abrimos un cava… Luego llega Gabriel. Era todo verdad. Es todo verdad.

Sólo una cosa: tratad y usad el Salón Miró con la misma heterodoxia y buen rollo que regalan Antonio y Gabriel. Y jetas y “clochards de salón” recalcitrantes abstenerse.

Barcelona, ayer, al salir de Antonio Miró, brillaba de buena onda…