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Snacks

Fogones para la libertad

Redacción
Redacción 27/12/2017Comentarios

Hasta 48 presos y 24 cocineros profesionales participan en un libro con recetas de diez nacionalidades. Curro Lucas, de Gastrototem, nos explica el proyecto socio-gastronómico del Centro Penitenciario de Almería, el segundo de este tipo tras el realizado en la prisión de A Lama de Pontevedra. La gastronomía no sólo es comer y disfrutar. Iniciativas para aplaudir.

Cocinando en la prisión de Almería. Foto: Juan Miguel Carreño

Cocinando en la prisión de Almería. Foto: Juan Miguel Carreño

¿Qué es lo que más echarías de menos si estuvieras encarcelado? Seguro que muchos de nosotros diríamos sin dudar que la comida, ¿verdad? Pues un grupo de presos de diferentes nacionalidades del Centro Penitenciario de Almería – El Acebuche han compartido emociones, recuerdos y algunas lágrimas cocinando alguna de las recetas que son parte de su vida, y cuyos olores y sabores les evocan la libertad perdida.

Todo comenzó como una actividad más de la prisión, propuesta e impulsada por María José Matarín, una trabajadora social del centro penitenciario y aficionada a la cocina. La Comisión de Actividades le dio el visto bueno a esta iniciativa que tenía como objetivo principal “el enriquecimiento cultural a través del intercambio de información gastronómica, fomentando el respeto y la tolerancia entre personas privadas de libertad”, según palabras del director de El Acebuche, Miguel Ángel de la Cruz.

Para dar continuidad a esa experiencia, 48 de esas recetas de hasta diez nacionalidades diferentes verán la luz en un libro que se publicará bajo el título “Recetario para la libertad. Platos y sabores multiculturales”. Muchos de los platos propuestos son guisos de olla. Recuerdan a hogar, a familia, al amor culinario de las madres y las abuelas. En algunos casos se trata de recetas casi olvidadas y vienen de lugares tan distantes entre si como Lituania, Senegal, República Dominicana, Nigeria, Rumanía, Polonia, Marruecos, Argentina o Inglaterra.

De los 800 presos que alberga El Acebuche, 40 hombres y ocho mujeres se han animado a pasar por los fogones de la prisión y elaborar recetas como “Cordero con ciruelas”, “Tajin de pollo” (Marruecos), “Sopa de remolacha” (en versión polaca y lituana), “Sopa de egusi” (Nigeria), “Mafé” (Senegal), hamburguesas de pescado (Lituania) y algunos guisos locales como gurullos o trigo, entre otras muchas propuestas.

Pero el libro no tratará solo de recetas. Cada una de ellas, esconde una historia personal de alguno de los presos. El componente emocional de los platos será tan importante como el gastronómico a la hora de plasmarlo en papel. La añoranza será el hilo conductor de todas las recetas seleccionadas.

Cocineros profesionales

Por si no fuera suficiente, 24 de los cocineros más reconocidos de la provincia de Almería van a apadrinar y reinterpretar dos de las recetas de los presos, para darle un punto de vista técnico y creativo enfrentándose en algunos casos a recetas que desconocen por completo. Por lo tanto, cada uno de los platos tendrá dos versiones: la del recuerdo de uno de los presos y la de un cocinero profesional. El trabajo de los cocineros va a ser coordinado por Yolanda García, chef ejecutiva del restaurante Alejandro*, de Roquetas de Mar, y sus platos van a ser inmortalizados por el fotógrafo Rodrigo Valero. El libro se completará con las fotografías que ha tomado en el interior de El Acebuche el educador de la prisión Juan Miguel Carreño y el apoyo de editorial Arráez, que dará forma al libro.

Todo este trabajo culminará en mayo con la presentación pública del recetario y con una fiesta en la prisión, ya que los chefs colaboradores cocinarán las recetas para los presos que han participado en el proyecto.

Algunos de los participantes en la cocina de El Acebuche. Foto: Juan Miguel Carreño

Algunos de los participantes en la cocina de El Acebuche. Foto: Juan Miguel Carreño

Antecedentes

Existe un precedente en 2011. La prisión de A Lama (Pontevedra) editó un libro de cocina hecho por reclusos procedentes de distintos países con prólogo del cocinero gallego Pepe Solla. Esa experiencia se ha tomado en Almería como punto de partida y se ha llevado más allá de un recetario tradicional. De las 100 recetas propuestas por los presos se han elegido las 48 que contaban una historia más emocionante o las que destacaban por la personalidad del interno. Todas ellas traen a la memoria de los internos recuerdos felices que cobran aún más valor en estos momentos en los que están privados de libertad.

Los verdaderos retos

Por supuesto, para dar acceso a los presos a cuchillos de cocina, fuegos y otras herramientas hay que cumplir un estricto protocolo de seguridad y como mucho coincidían cinco internos al mismo tiempo en la cocina del centro penitenciario. Pero el verdadero reto, cuenta María José Matarín, era “cocinar en un espacio de tiempo limitado, ya que las cocinas están libres muy poco tiempo, y sobre todo hacerlo en una cocina adaptada para cocinar diariamente para 800 personas, lo que conlleva utensilios de tamaño industrial”. La trabajadora social tuvo que llevarse de su casa prácticamente todo el material de cocina para poder cocinar para pocas personas y evitar las tristes bandejas metálicas y otros elementos habituales de una prisión.

Lo que más se vivió en la cocina fue “ilusión, alegría, agradecimiento, emociones, recuerdos y más de una lágrima”, pero “no supusieron ningún inconveniente ni las barreras idiomáticas, ni las diferencias culturales y religiosas”, revela Matarín.

Según cuenta el director del Centro Penitenciario de Almería, este tipo de actividades, además de tener un componente “terapéutico”, permite “desarrollar las habilidades de los presos, ayudarles a entender que tienen un futuro fuera de la prisión y pueden aprovecharlo”.


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