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La Fira del Gall de Vilafranca, o la apuesta por las variedades autóctonas – Tana Collados

Tana Collados
Tana Collados 27/12/2008Comentarios

Se ha celebrado este último fin de semana la Fira del Gall en Vilafranca del Penedès. Puede que sea una feria más de cuantas se hacen estos días previos a las Fiestas en nuestros pueblos y ciudades, pero el ejemplo sirve para poner de manifiesto el éxito de apostar por lo autóctono. El gallo del Penedés, tan majestuoso, de plumaje negro-azabache, con su cresta y sus características patas azules, a punto estuvo de desaparecer.

La irrupción de razas más productivas, la cría intensiva, y, en resumidas cuentas, el precio tan asequible del pollo industrial, desplazaron por completo estas razas que tan ricamente alegran nuestras mesas. Pero la tozudez de unos pocos productores que apostaron por recuperar en sus corrales estas aves, el apoyo del IRTA, el Instituto de Investigación Agroalimentaria -dependiente de la consejería de Agricultura de la Generalitat- y, desde luego el apoyo del ayuntamiento de la capital del Alt Penedès, hicieron el resto. Bueno, habría que decir que mucho han hecho unos consumidores cada vez más concienciados con los buenos alimentos, con poder adquisitivo suficiente -eso no hay que olvidarlo nunca- y con ganas de pagar la diferencia de precio para obtener unas aves excelentes. Ese cambio empezó a gestarse a mediados de los años ochenta y desde entonces la Fira no ha dejado de crecer. Al interés por lo auténtico si, además, es bueno, se le han de sumar otras complicidades que, sin duda, han sido decisivas en el éxito.

Complicidades y connivencias sin las cuales unos pocos productores quizá hubieran apostado por una actividad complementaria de sus rentas agrarias -la cría extensiva de aves suele serlo- pero no hubieran tenido el reconocimiento con el que ahora cuentan. Me refiero al papel de los cocineros y restaurantes de la zona que ahora participan en la feria haciendo gala de sabrosos platos, de raíz tradicional, con el gallo como producto estrella. ¿Resultado de ese matrimonio bien avenido? El éxito de público, y, por ende, mayores beneficios económicos para los participantes y para la zona ¿Algo más? Pues sí, el gran éxito que supone haber podido salvar un producto que forma parte de la biodiversidad local (¡que no sólo los osos son biodiversidad! ) y una maravilla en nuestras mesas esta Navidad.