Revista Gastronómica Digital
image

Síguenos en:

  • facebook
  • twitter
  • youtube
  • googleplus

Snacks

La singularidad de probar vinos en el Camp Nou

David Salvador Ibarz
David Salvador Ibarz 28/3/2017Comentarios

Más de 1.000 profesionales, 44 bodegas, 352 referencias de vino y cuatro horas en el antepalco de honor del estadio del FC Barcelona dan para auscultar la actualidad de la enología. La empresa comercializadora de vinos Barcelonavinos organizó este lunes la primera edición de sus “Vinos Singulares”, una iniciativa en la que las bodegas presentaban directamente su producto al cliente final –restauradores, empresarios…- con explicaciones y degustaciones de primera mano. Y el Camp Nou fermentó.

El evento contó con vinos llegados de toda Cataluña, de toda España, así como de Alemania, Chile o Nueva Zelanda, vinos con un denominador común como comentaba Ignasi Cano, gerente de la empresa organizadora. “Son respetuosos, naturales en su mayoría, vinos de bodegas que trabajan manualmente, de tiradas cortas, ligados a su tierra”. Esa querencia se palpaba en el ambiente de la sala, y hasta se respiraba en la boca abierta que conectaba el salón con el palco del Camp Nou. “No hay nada como sentir el terruño con un vino y estas vistas”, comentaban dos asistentes sentados en las butacas de honor del estadio.

Con dos catas magistrales – una comandada por la bodega Ferrer Bobet sobre la singularidad del Priorat y otra, a cargo de José María Quirós, enólogo de Bodegas Tradición, que disertó sobre los vinos generosos del Marco de Jerez-, “Vinos Singulares” aprendió de vino y tradición. El propio Quirós hablaba con quien se le acercaba sobre el proceso artesanal de fabricación que abandera su bodega. Numeran todas las botellas de un vino sin tratamientos, “preservando y recuperando la bodega de Jerez de hace 100 años”. De la misma uva, presentó amontillados, palo cortados y olorosos de al menos 30 años en madera, y siempre de tiradas cortas de 18.000 botellas al año. Además, “son ‘vinos de sacristía’, los que siempre se han guardado para la familia y amigos en Jerez, vinos en los que se evapora durante el proceso un 5% de su contenido. Hay merma, pero sabemos que lo que presentamos es excepcional”.

Artesanía que también conocen en Costers del Segre, donde Castell d’Encús fermenta vinos en cubos esculpidos en la piedra, una construcción medieval que erige caldos de poca extracción, “gastronómicos, con poca graduación alcohólica y mucha acidez, vinos para ser bebidos”, comentaba su representante, Ignasi Pinedo. El leitmotiv de la usabilidad era esgrimido también por Francesc Nicolás, de la bodega Bernabé Navarro (DO Alicante). “Trabajamos con variedades autóctonas -monastrell y moscatel de Alejandría- y tinajas de barro para crear productos para beber y no para ganar concursos de cata, que no supongan una cadena perpetua”.

Se encontraban uvas ampliamente conocidas, “uvas que se adaptan muy bien al territorio y que cada viticultor utiliza con el mayor mimo y personalización posible”, comentaba Cano, y otras más específicas. Las bodegas gallegas sorprendían en este aspecto. Fento Wines presentaba mencías y albariños, pero también cupages de variedades autóctonas como la torrontés, una uva gallega pero de las más cultivadas en Argentina; la pedral, o la albariño tinto, una uva “que dista de la típica gallega” y que están trabajando a nivel genético. “Nos gusta sentir la tierra y mostrar el territorio, tanto en Rías Baixas como en Ribeira Sacra”, explicaban desde la bodega.

Muchos vinos y muchas conversaciones, ambas cantidades siempre en positivo, como diría alguien en tan magno campo. Mucha enología al servicio de la tierra que evidenciaba el amor que despierta esta bebida, esta forma de elaborar, esta atracción hacia la uva. Mucha enología que avistaba querencias de distribuidora, por el terreno, por cada vez menor presencia alcohólica, por la voluntad final de beber la botella. El Camp Nou vibró este lunes con otras copas, más terrenales, igualmente vividas.


Comentarios