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Snacks

Las empresas de alimentación tendrán que reducir los niveles de acrilamida en sus productos

Redacción
Redacción 12/4/2018Comentarios

Acaba de entrar en vigor el Reglamento de la Comisión Europea, (UE) 2017/2158, por el que obliga a las empresas de alimentación a reducir los niveles de acrilamida en la producción de alimentos susceptibles de presentar esta sustancia, una sustancia que en ciertas condiciones puede tener riesgo para la salud.

Desde ayer, las pymes tendrán que cumplir con los criterios de control y mitigación de acrilamida en los alimentos establecidos por la UE. Para ello, deberán realizar un plan de control para conocer los niveles de esta sustancia en sus productos y aplicar medidas para disminuirlos.

La acrilamida se considera un contaminante. El nuevo reglamento establece unos niveles de acrilamida determinados para cada grupo de alimentos y ante ello, señala José María Ferrer, jefe del departamento de Derecho Alimentario de Ainia centro tecnológico, “las empresas cuyos productos superen los niveles establecidos, deberán adoptar medidas para la reducción de los mismos bien modificando la formulación o los ingredientes, los procesos de producción, los tratamientos térmicos o cualquier otro condicionante identificado, sin que por ello se vea afectada la calidad y la seguridad microbiana del alimento, ni sus características sensoriales”.

En caso de que los niveles de acrilamida en sus productos sean superiores a los de referencia, las industrias deberán: revisar las medidas de mitigación actuales, adoptar medidas de mitigación adicionales y realizar un nuevo muestreo y análisis para comprobar la validez de las medidas adoptadas. “La aplicación de soluciones tecnológicas como la realización de análisis, estudios de mitigación a medida de cada proceso/producto y la modificación de las condiciones de procesado, pueden resultar eficaces para reducir los niveles de acrilamida que se producen en los alimentos” señala José María Ferrer, jefe del departamento de Derecho Alimentario de Ainia. “El objetivo final que perseguimos es encontrar soluciones apropiadas y prácticas para reducir la exposición a la acrilamida en la dieta de los consumidores ya que, aunque su presencia en los alimentos no se puede erradicar totalmente, sí se puede reducir su nivel”, apunta Pérez.

La acrilamida es una sustancia química que se crea de forma natural en productos alimenticios que contienen almidón, durante procesos de cocinado a altas temperaturas (más de 120ºC) y con poca humedad. Se forma principalmente en alimentos ricos en hidratos de carbono (horneados o fritos) como pueden ser las patatas fritas, la bollería o los alimentos infantiles elaborados a base de cereales.

Los alimentos con mayor proporción de acrilamida son los cereales de desayuno, las patatas fritas, otros tubérculos fritos (batata, zanahoria, remolacha…), snacks, café, café soluble, sucedáneos de café (a base de achicoria y/o cereales), galletas, galletas saladas, masa de hojaldre, comida precocinada (croquetas, empanadillas…), cereales infantiles, potitos infantiles, bollería, barritas de cereales, cucuruchos, barquillos, pan, pan tostado, panecillos, biscotes, frutos secos tostados, frutas secas (como ciruelas pasas, orejones o uvas pasas), chuches, etc. Los alimentos elaborados a base de maíz y arroz (aptos para celíacos), tienen menor contenido en acrilamida que los semejantes elaborados a partir de trigo, avena, cebada o centeno.


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