Revista Gastronómica Digital
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Snacks

Meditación Sensible – Fernando Huidobro

Fernando Huidobro
Fernando Huidobro 28/9/2009Comentarios

Los sentidos son las puertas siempre abiertas por donde a espuertas entran las sensaciones. Su presencia es fuente de placer, su ausencia de penas y desasosiegos. Obligados a sentir, somos esclavos involuntarios de nuestras percepciones. Sentir es la misma vida, vivir es dejar hacer a los sentidos.

Sin embargo, vengamos de la mosca del vinagre o del mono, la raza humana ha llegado capitidisminuida fisiológicamente, por involución sensitiva, al S.XXI. Miope y sordomuda hacia el exterior, apocopada por las frustrantes restricciones culturales, de procedencia, civilización, moral, religión y costumbres y demediada por las aptitudes personales de cada individuo. A la hora de aplicarnos al comer, los filtros de lo real de la “alimentación ingenua” de Josep de Haro nos dan la puntilla. En tales condiciones sería un contrasentido hacer una cocina contra los sentidos, hay que cocinar para ellos, para que se aviven y alerten, revivan y rindan.

Por estos tercos hechos, la razón gastronómica une necesaria y directamente los órganos sensitivos con el cerebro, porque lo que sentimos debe alimentar el pensamiento que es donde de verdad vivimos lo sentido.

Por eso quienes quieran ir más allá de la mera ingesta, el disfrute en bruto y la felicidad de lo ingenuo; quienes elijan el camino, no exento de riesgo pero tampoco de satisfacciones superiores, del amor por la gastronomía, han de prestar verdadera atención y poner toda su capacidad de concentración a la hora de sentarse a comer y degustar, pues se trata de interiorizar lo sentido, ser consciente de sus complejidades y llevarlo al alma para que ésta goce en el paladar y así, sin pudor, emocionarse con ello.

La vía es la Meditación Sensible que prolonga lo sentido conforme a las exigencias emotivas y que mediante la experiencia conjunta de la sensibilidad, la inteligencia y el análisis de las sensaciones, da vida a una nueva manera de sentir que se recrea cada vez que comemos en repetitiva  virginidad de la emoción. Solo ahí reside la exquisitez. Por eso me gusta hablar de Cocina Recreación.

El placer de la gastronomía es más fungible aún que el tiempo. Una vez comidos y conmovidos, lo apetecible se fue pues no cabe zamparse un pollo sin que vuele, y sólo queda, tras el eructo, el ansia añorante de la comida por venir. Menos mal que somos unos imperfectos insaciables.