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Snacks

Veni, vidi, vici vino – Thomas Testorf

Thomas Testorf
Thomas Testorf 14/12/2009Comentarios

Belondrade y Lurton 2006

Belondrade y Lurton 2006

Mi primera experiencia fue en un bar de tapas. Era bastante pijo y situado en la frontera de los barrios de Gracia y Eixample de Barcelona, estaba celebrando el cumpleaños de mi padre. Las paredes estaban maravillosamente decoradas hasta el cielo con cientos de botellas de vino. La carta de vinos (o, más bien dicho, el libro de vinos) llegó ante mi y pensé que estaba leyendo un montón de sandeces. Empordà, Penèdes, Crianza, Verdejo, Ribera del Duero, Albariño y vins negres, D.O. ¡Socorro! ¿Dónde estaban los vinos de Shiraz, los Pinot Grigios, vinos de Sudáfrica, Nueva Zelanda, Chile…?

Pensaba que tenía un buen conocimiento de los vinos de España, pero en realidad no era más que un pobre ignorante guiri de Inglaterra y, además, con una sola semana en Barcelona. ¡No puede ser, pero si yo sabía lo que era la pata negra y el manchego, y hasta el membrillo! ¿En España beben Rioja, Viña Sol, Marqués de Cáceres y Barbadillo, no? Quizás otros más, pero ahora no me acuerdo. Ah sí, la sangría, la bebida del vino más popular por todo el país. Eso es lo que piensa el típico inglés…

Después de una media hora hojeando el “libro”, el camarero al que he preguntado mil veces si me podía ayudar, ha debido pensar que tengo T.O.C. o un examen de enología al día siguiente. Al final, saqué la bandera blanca y nos recomendó el Belondrade y Lurton 2006. Y pensar que me gusta tanto tomar una copa de Barbadillo debajo del sol andaluz… eso fue otro mundo. El verdejo era fresco y seco, pero complejo y con volumen, ligeramente ahumado y con un sabor débil de vainilla. Eché un vistazo a las paredes otra vez y me sentí como un niño pequeño en una juguetería, pero no era ni el lugar ni el momento apropiado de coger los vinos de las estanterías, abrirlos e intentar ingerirlos, TODOS.

La sala...

La sala...

Ossian 2007

Ossian 2007

El momento más destacado de mis primeros tres meses en España tuvo lugar una noche en un restaurante situado en las colinas de Errenteria, Guipuzkoa. Estaba rodeado por hierbas, manzanos, flores y vegetales que habrían sido bellos, si los hubiera visto durante el día. Dentro de la casa, sentado en mi silla, estaba rodeado por una sala de tamaño bastante grande, pero con las mesas diseñadas de tal manera para asegurar que los olores de sus vecinos desconocidos tuvieran tiempo suficiente para evaporarse antes de llegar a otra mesa. Eso fue muy importante para mí porque después de una hora, no sé cómo ocurrió, me había convertido en el encargado de elegir el próximo vino. Presión. Necesité coger aire y tener la mente fresca y sana para decidir, pero en ese preciso momento ya estaba ahogado en las Rías Baixas con el primer vino.

A continuación, elegí un blanco y pregunté al sumiller si me podía recomendar algo. Fue un momento de suerte, una oportunidad de lucirme y mostrar mi conocimiento de España. “El Belondrade y Lurton sería perfecto” dijo él. “No, yo lo conozco, sería un buen maridaje pero quiero probar algo diferente, quizás otro verdejo’, respondí. Mis vecinos, asombrados y sorprendidos, debieron pensar, “¿quién es este tío, este estudiante, este becario de Inglaterra?”

El Regajal 2007

El Regajal 2007

Al final nos quedamos con el Ossian 2007 de D.O. Rueda, recientemente salido al mercado. El Ossian es un vino ecológico, una cualidad que me atrae, y de viñas viejas, pre-filoxéricas. Quizás para mí era demasiado joven, con bastante acidez (pero muy fresco) y con un final muy meloso. A pesar de no entusiasmarme, resultó ser era una buena decisión, no me arrepentí de nada y me gustaría probarlo otra vez durante el próximo año. Luego, el tinto madrileño. Una mescolanza de Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah. La D.O. Madrid no es una de las más conocidas, pero El Regajal 2007, de Aranjuez, es un héroe olvidado con cuerpo medio, taninos suaves, y frutos rojos muy frescos. Con foie y cordero (la armonía de las uvas, y específicamente la Syrah) era perfecta.

Al final de la noche en Mugaritz, estaba saciado de kokotxa, cardo rojo, foie, pato, y seis variedades de uvas. Para mí, era una magnífico comienzo de un viaje a través de las viñas españolas. Una experiencia inolvidable. Puedo escribir como un inglés, pero negué a beber como un británico…

 

Nota: Este artículo complementa Mugaritz: Senderos bifurcados, gran reflexión escrita en 7caníbales por Xavier Agulló sobre la misma cena en el célebre restaurante de Andoni Luis Aduriz.

3 Comentarios

  1. Lugareño dice:

    Errentería ¿VIZCAYA?

    Qué ganas tienen algunos de que Vizcaya tenga más estrellas Michelín de las que tiene.

  2. Thomas Testorf dice:

    Gracias por señalar el error!