Revista Gastronómica Digital
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Suponiendo la sala

“Ya no se trata de reinventar el concepto, si no, si hace falta, a nosotros mismos” Suponiendo la Sala con Nuria España

Nuria España
Nuria España 5/7/2017Comentarios

En los últimos años, nos hemos convertido en testigos de la mayor Re-Evolución de la sala hasta ahora. Somos el punto de mira, el objeto de todas las miradas y movimientos. La palabra responsabilidad nunca tuvo mayor peso.

Restaurante Monastrell

Restaurante Monastrell

Llegamos hasta el punto en el que ya no se trata de reinventar el concepto, si no incluso si hace falta, a nosotros mismos. Es como ir en bicicleta, si te paras, te caes. Somos una generación de inquietos que salimos a conocer a otros; la curiosidad nos mantiene vivos y nos dice en qué punto nos encontramos del camino.  Interiorizamos, para poder replicar lo aprendido, nos documentamos y hacemos evaluación continua. Lo llamamos aptitud.

Seguimos insistiendo en mejorar, en sentirnos vivos al servicio de los demás, aceptando semanalmente nuevos retos y desafíos, buscando fortalezas y grandes dosis de motivación. La sonrisa es nuestra herramienta fundamental. Sin ella no somos nada y debe ser percibida incluso detrás de la línea telefónica.

Vivimos de la observación, interpretando las necesidades y deseos del comensal con la mayor de las empatías. Nunca bajamos la guardia. Jugamos con el factor sorpresa, que será un soplo de aire fresco si viene de la mano de la prudencia. Revalorizamos la sala con la asertividad y eso, nos convierte en anfitriones.

Desplegamos el tablero del Risk imaginario, donde no se cavan trincheras lo suficientemente profundas para meternos dentro, sino que sacamos pecho con orgullo para salir a primera línea de combate, convirtiendo el fallo en acierto y minimizando al máximo el error. Trazar una estrategia de actuación antes de cada servicio es fundamental. El valor también.

Si bien existe la opción de sustituir un producto por otro en caso de desatino, en el servicio, esta posibilidad no estará contemplada. Sólo habrá una oportunidad y será para hacerlo lo mejor que sepamos.

Somos los 11 contra 11 que salen al campo en diferentes rangos y departamentos. Se juega para  ganar… pero todos juntos, con la misma tensión que pasión, convirtiendo todo lo que hacemos en píldoras de placer. Al final del partido queda el intercambio de  camisetas, el abrazo y la frase de aliento: “Mañana más, porque mejor hoy, ya no se puede”.

Empezamos cada día con aliento y con la mochila descargada de piedras del anterior. Es absolutamente necesario y fundamental, iniciar cada servicio de manera saludable o lo que viene a ser lo mismo, “desde cero“.

En nuestro haber está la felicidad de todo aquel que cruza umbral de la puerta del restaurante, hay que ser capaces de conseguir que se olviden hasta de la ciudad en la que se encuentran y vivan plenamente la experiencia. No pretendemos únicamente darles de comer y de beber, queremos  hacerles felices mientras estén con nosotros y que preserven esa emoción durante el mayor tiempo posible. Con eso, nos conformamos. La  pobreza real de la sociedad actual según  las palabras de la Madre Teresa de Calcuta, es la de la soledad; no hay mayor dolor que estar rodeados de personas y sentirnos así. Trabajar para hacer felices a los demás es un honor y una gran satisfacción cuando llegan siendo clientes y se marchan siendo amigos.

El posicionamiento de la marca es imprescindible para que puedan recomendarnos. A mayor prestigio mayor orgullo. Para ello debemos tener buenas relaciones con todas y cada una de las personas que nos rodean.

Aquí no se afina de oído, esta orquesta está dirigida por la batuta de la vocación de servicio que exige no sólo entrega sino sacrificio y  pide a nuestras parejas, familias y amigos una mayor fortaleza que la de nosotros mismos, para asumir la ausencia en casa.

La sala es un marco vital incomparable para olvidar los pesares de la vida mundana, por ello ofrecemos ilusión y facturamos experiencias. Si vivimos el  hecho de estar al servicio de los demás como una verdadera bendición, se nos habrá concedido un don de incalculable valor. Somos camareros.

¡Se sube el telón! Estamos listos, impecables, como nuevos y recién salidos de caja.

Nerviosismo de manera inicial comparable a las mariposas en el estómago antes del primer beso. La sala al milímetro a la espera de que se abra la puerta.

Llegan los primeros y de manera inmediata nos convertimos en embajadores de la gastronomía, en la carta viva en la sala, en los ojos y en los pies de la cocina, en el hilo conductor.

Manejamos tiempos, información fundamental (celiaquía, alergias, intolerancias…), damos apoyo a las necesidades excepcionales y específicas de manera cercana y personal a los que se sientan a la mesa. Nos entregamos a la armonía de los olores, sabores, texturas y temperaturas y de repente ocurre el milagro: nos olvidamos de que estamos trabajando y disfrutamos.

Si todos los elementos están alineados, la capacidad de sublimación del espectador será mayor y la excelencia sera patrimonio de nuestro restaurante.

Gamba roja con su coral en aceite de azafrán y sal de caviar. Rest. Monastrell

Gamba roja con su coral en aceite de azafrán y sal de caviar. Rest. Monastrell


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