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De vinos

Almudena Alberca: Los vinos van con la personalidad, no con el sexo

Pilar Salas
Pilar Salas 22/11/2018Comentarios

Tras seis años de dedicación, que ha compaginado en parte con su trabajo como directora técnica de Bodegas Viña Mayor (del grupo Bodegas Palacio 1894, presente en cinco Denominaciones de Origen), Almudena Alberca ha logrado convertirse en la primera española en lograr el prestigioso título de Master of Wine porque su afán de aprender no cesa.

Enóloga e ingeniera técnica agrícola, cuenta con más de 15 años de experiencia en la elaboración de vinos, muchos de ellos con excelente puntuación en guías especializadas, aunque a ella le importa más llevar una trayectoria correcta, en la que apuesta por elaboraciones puras y que expresen la identidad de su territorio.

Adora los vinos de guarda, reclama más vinos por copas, anima a las DO a renovarse para no morir, insta a simplificar el lenguaje de cara al cliente y a recuperar la parte cultural del vino, y aboga por un enoturismo más divertido y por luchar contra un cambio climático que amenaza con alterar los procesos actuales. Y lo tiene claro: no hay vinos para mujeres porque es una cuestión de personalidad, no de sexo.

 

¿Qué le apasiona del vino?

Todo. Desde la viña, donde todo empieza, hasta la bodega, donde la uva se transforma en vino. Pero también me encanta comunicarlo y llevarlo al consumidor. No podría elegir una faceta ni podría vivir sin llevarlas a cabo.

 

Ha conseguido el título de Master of Wine, tarea nada fácil…

No, no es fácil para nada, es un hueso duro de roer. Yo quería seguir aprendiendo, aunque al principio no sabía la dureza ni la complejidad del Master, que es muy interesante porque abarca todos los vinos del mundo. Me lancé con una mezcla de inconsciencia, alegría e ímpetu y le he dedicado seis años completos, de los cuales los dos primeros coincidieron con mucha intensidad laboral, con mi crecimiento con más bodegas y más responsabilidades como enóloga principal.

 

¿Cómo es el día a día de una directora técnica de bodega?

Muy intenso, con mucho trabajo y muy variado que depende de la época del año, pero siempre con muchos vinos para catar, a lo que dedico dos o tres horas diarias. Luego está la preparación de los distintos vinos y colaboro mucho con marketing y los comerciales.

 

¿Son los vinos por copa una asignatura pendiente de nuestra hostelería?

Por un lado pienso que hay una evolución, un desarrollo de gastrobares y una generación más inquieta que quiere mejorar su oferta, dar a conocer más cosas a sus clientes y se molestan por tener cosas diferentes. Pero los amantes del vino no encontramos tantos. Hay otra colección de locales donde la oferta es pequeña o casi nula.

El consumo por copas es fabuloso en el día a día porque te permite disfrutar de distintas cosas y no hay tantos sitios donde encontrar una buena colección de vinos conservados en buenas condiciones. Estamos en mejoría pero todavía hay mucho para desarrollar frente a otros países, como Inglaterra y Estados Unidos, cuya oferta es amplísima.

¿Cómo trata la restauración el vino?

Es un momento muy bonito, con una de las mejores generaciones de sumilleres, y donde hay profesionales el vino se trata muy bien. Luego está esa parte de la restauración clásica, con una carta clásica pero bien cuidada, y sitios que ofrecen espacio para la mejora. En el nivel medio de la restauración a veces te encuentras con amantes del vino con una carta discreta pero bien cuidada y otros que tienen añadas anticuadas y vinos mal conservados. Hay que entender que  cuanto mejor sea la oferta mejor será la experiencia y el consumidor repetirá.

 

¿Qué hacemos mal para que España siga a la cola del consumo de vino?

Me disgusta, pero también me emociona poder rescatarlo, es un pequeño reto. Pero es una lástima porque el vino en nuestro país es una cosa muy cultural y hemos perdido muchas raíces culturales. Se produjo una escisión en unas generaciones que no conocen sus productos locales, su gastronomía típica. Los italianos tienen mapeado su país y en España, que es igual de rica, no se conocen las zonas vinícolas, ni siquiera las clásicas. Y debería, aunque no te guste el vino, porque pertenece a nuestra cultura. Rescatar la parte cultural podría fomentar el interés por el vino. En cambio hay un altísimo consumo de destilados.

 

¿En qué se inspira para crear un vino?

Si tengo libertad, que suelo tenerla, pienso como consumidora: ¿Qué quiero beber que no encuentro? Pienso en un estilo de vino, en la variedad, de qué zona viene, que sea honesto con el lugar del que procede. Soy muy respetuosa en términos de elaboración, me gustan los vinos muy puros, sin demasiada intervención. Voy al campo a buscar lo que necesito para hacer eso.

 

¿Qué vino sueña con hacer?

Siempre quiero hacer de todo aunque no se pueda. Mi pasión son los vinos de guarda, que envejecen mucho tiempo, y siempre he elaborado vinos para guardar, para 20 años o así, por lo que me encantaría hacer un Jerez por el envejecimiento, porque son vinos que proyectas a más años de los que llegas a saber. Tengo un espíritu clásico dentro de mi cuerpo joven.

 

¿Qué opina de nuestra oferta enoturística?

Se está empezando, pero necesitamos muchas más y ofertas más dinámicas, más cercanas, más divertidas, incluso en términos de instalaciones y de discurso. Nuestro discurso es a veces clásico, un poco complicado o poco cercano al consumidor. Como turista de bodega he visitado muchas más fuera que dentro de España y siempre me ha parecido que son más dinámicas, por ejemplo con los restaurantes asociados a las bodegas. En el Douro y en Oporto la oferta es brutal. Nuestras zonas son preciosas: campo para ver e historia, pero en muchos casos no se explota. Rueda tiene mucha historia, pero su oferta no está montada para que te enamore el corazón y el espíritu, o Ribera, con sus increíbles paisajes, sus setas, su arte, su arquitectura. Hay bares y casas rurales, sí, pero ves sitios que no te invitan a quedarte.

 

¿Cuáles son las zonas más innovadoras en este momento?

Bierzo está haciendo una cosa increíble y súper interesante con la zonificación. Es digno de estudio cómo lo han desarrollado y de mención la manera tan bonita y tan colaborativa en que lo han hecho. Pequeña pero matona es Montilla Moriles, muy desconocida y con mucha historia y aunque está en segundo plano por Jerez se mueve mucho, tienen una actitud de mejora y de reclamar su espacio. Ávila está en desarrollo. Están todas haciendo cosas en distintos ángulos y habrá que esperar a ver.

 

¿Les siguen el ritmo los Consejos Reguladores?

Hay que alabar la función que tienen de acotar un espacio, potenciar su calidad a través de las regulaciones y poner a un montón de gente diferente y diversa en conjunto y llevarla por el mismo camino. Toda esa labor ha estado bien para dar calidad a cada una de las zonas y defenderla bajo unos estándares, pero también tienen margen de mejora, tienen que adaptarse a los tiempos y necesidades que surgen en las bodegas por las tendencias del mercado, revisar las regulaciones o ampliarlas para ir a nuevos estilos y estadíos superiores de mejora, proyectar al futuro. La proyección es lo que veo más lento en algunos casos y esto es renovarse o morir. La fórmula funciona pero hay que modernizarla.

 

¿Y la crítica especializada?

Igual, estamos en proceso. Pienso que la figura de los críticos tan potentes está disminuyendo y la gente busca otras fuentes de conocimientos y consejos a través de webs o chats, es mucho más personal. Los Parker o Peñín están un poco en disminución pero sigue siendo necesaria la simplificación para todos. La Guía Peñín sigue siendo guía de consulta y es la única que se traduce, especialmente para gente de fuera, porque te muestra todo lo que sucede. Pero estamos en una era más online, de buscar otras fuentes de información.

 

¿Cómo ha tratado la crítica a sus vinos?

Llevo 15 años y he tenido de todo: puntazos súper altos y otros más bajos. Quizá ahora para mí tiene menos importancia la calificación de una o varias personas que la filosofía del lugar donde trabajo, los vinos que quiero ofrecer, si llegan al consumidor y si representan lo que quieren ser porque son trayectorias de largo recorrido. Cuando la trayectoria es correcta es cuando tienes más o menos buena crítica de tu trabajo, algo más importante que unos puntos muy elevados en un momento concreto.

 

¿Cree que los sumilleres han alejado el vino del común de los mortales?

Lo de intimidar lo hemos hecho todos porque hemos enseñado más de lo necesario. El mundo del vino es muy complejo, es una ciencia y un arte, y para el público hay que hacerlo fácil. Lo complicado que quede para la gente del sector, que nos comunicamos en el mismo idioma. El consumidor necesita instrucciones claras y sencillas y ellos, que están en el ‘business to consumer’, se tienen que poner al nivel del conocimiento del cliente, disminuyendo y filtrando para que les entiendan.

 

Bodegas Viña Mayor ha sido la primera de Ribera del Duero en obtener el certificado Wineries For Climate Protection. ¿Cómo está afectando el cambio climático al mundo del vino?

La bodega está muy comprometida con el medioambiente y el grupo madre, Bodegas Palacio 1894, también. Son pioneros en estas cosas y yo, a título personal, llevo muchos años pensando en que hay que actuar. Ya hay que moverse rápido porque tenemos cambios: las añadas son muy distintas, las estaciones casi han desaparecido, hay mucha escasez de agua. Cuando el año pasado tuvimos 20 grados en noviembre pensaba que nos íbamos a convertir en desierto más rápido de lo que sospechábamos. Si no actuamos ya no vamos a llegar a tiempo y vamos a tener que adaptarnos a variedades, zonas, cambiar nuestras prácticas de cultivo y vamos a tener que evolucionar en bodega por los efectos climáticos.

¿Desaparecerán variedades de uva?

No, pero habrá que readaptarse, se pondrán de moda variedades mediterráneas de ciclo más largo. El clima hace las añadas y el impacto será mucho mayor.

 

¿Hay modas en el vino?

Como consumidores nos cansamos de los mismos sabores, y las personas pasamos por fases, pero todo es cíclico. Venimos de vinos más ligeros, puros, delicados y con menos impacto de la madera tras una época de vinos con mucha crianza, más opulentos. El futuro estará más marcado por la honestidad, la sinceridad, vinos que demuestren el lugar de donde vienen y la identidad del territorio. Es bueno que nos permitamos las modas, porque nos divertimos.

 

¿Existen los ‘vinos para mujeres’?

Creo que no. Los vinos van con la personalidad, no con el sexo A mí me gusta el whisky, los sabores intensos, pero cada vino tiene su momento y no siempre quiero un vino supermusculoso y estructurado. También hay paladares menos evolucionados a los que les gustan cosas más sencillas, en hombres y en mujeres.

 

¿Hay machismo en su mundo?

He tenido siempre la suerte de que se me planteen oportunidades laborales. Siempre he trabajado con muchas mujeres y jóvenes, en empresas modernas en este sentido. Pero todavía queda mucho por hacer porque el vino es un reflejo de la sociedad y evoluciona de forma muy parecida: hay pocas CEOS y directoras técnicas de bodegas.


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