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De vinos

Duero International Wine Fest: el río como cauce del relato del vino

Yolanda Ortiz de Arri
Yolanda Ortiz de Arri 12/9/2018Comentarios

Los grandes ríos vitícolas del mundo se identifican con grandes vinos de calidad, moldeados por la influencia que ejercen los cursos del Garona, el Ródano, el Mosela o el Napa. ¿Podrá el Duero algún día llegar a ostentar esa posición como eje de los vinos de Castilla y León? Fue la pregunta a la que trataron de contestar el Master of Wine Fernando Mora y la periodista Amaya Cervera en una completa e informativa ponencia durante la primera edición del congreso Duero International Wine Fest, celebrado en Burgos el 7 y 8 de septiembre.

Mora desgranó cómo estos cuatro ríos han contribuido a que sus respectivas zonas vinícolas sean óptimas para producir vino: generan variación térmica entre el día y la noche, consiguen reflejar la luz solar, moderan el clima, erosionan y modelan el paisaje, son una puerta de entrada de fenómenos atmosféricos, crean vida y permiten el transporte. “La zona del Mittel Mosel tiene ocho grados menos de los necesarios para hacer vino de calidad, pero el río modula esto,” explicó el Master of Wine, que gestiona dos proyectos (Frontonio y Cuevas de Arom) en Aragón.

Por su parte, Amaya Cervera centró su intervención en el Duero, el río más extenso de la Península Ibérica (900 kilómetros), de los que 572 están en España, principalmente en Castilla y León. Todas las regiones vinícolas en su tramo español están en el curso medio y en ellas dominan las variedades tintas, principalmente la tempranillo, aunque con una mancha blanca importante en la zona de Rueda, en la que manda la verdejo. Ese “río plural”, como lo definió la fundadora de Spanish Wine Lover, tiene varios elementos comunes a los otros grandes ríos pero también algunos diferenciales como la altitud (viñedo entre 600 y 850 metros de altitud, pudiendo llegar hasta los 1.000), la periferia —que contribuye al aislamiento de las zonas al tiempo que ayuda a conservar la diversidad— y la austeridad, que marca el paisaje y el carácter de las gentes que lo habitan.

La ponencia sobre los ríos estuvo precedida por la intervención del sumiller Ferran Centelles, quien dio el pistoletazo de salida al congreso explicando a grandes rasgos los proyectos de Ferran Adrià con los que colabora: la Bullipedia —una enciclopedia gastronómica con 30 tomos— y el Sapiens del Vino, una colección de seis libros que intentan conectar el conocimiento del vino y cuyo objetivo, explicó Centelles, es “aumentar el nivel de la sala desde España hacia el mundo.” Más tarde, en su cata sobre los vinos favoritos del Duero para jancisrobinson.com, web de la que es corresponsal, Centelles defendió la cata a ciegas para valorar la calidad y aseguró que el estilo de los vinos “no se puede evaluar; el aroma y el sabor es lo que importa”.

 

Diversidad y zonificación

El origen de las variedades en los viñedos del Duero fue otra ponencia estrella del congreso. José Vouillamoz, prestigioso ampelógrafo y co-autor de Wine Grapes, libro que describe 1.368 variedades de uva cultivadas en 42 países (84 de ellas en España), consiguió explicar un tema complejo de forma amena con gráficos y comentarios claros e informativos. Con él descubrimos, entre otras cosas, que hay estudios divergentes sobre el origen de las uvas españolas, que la tempranillo es la variedad que más se expandió en el mundo entre 2000 y 2010 (140.000 hectáreas), que tiene una veintena de sinónimos y que nació de un cruce entre albillo mayor y benedicto, variedad de la que no se sabe casi nada. “Además de ofrecer gran diversidad, las variedades minoritarias u olvidadas pueden ser las estrellas del futuro y ofrecer soluciones ante el cambio climático, pero para salvar estas variedades también hay que beberlas,” concluyó el experto suizo.

Las ponencias se intercalaron con un homenaje a pioneros del vino de la zona como Alejandro Fernández (Pesquera), Pablo Álvarez (Vega Sicilia) o Pilar Pérez de Albéniz (Finca Torremilanos) y varias mesas redondas que versaron sobre la construcción de una gran marca, el desafío digital del vino o las claves para conquistar el mercado americano, un tema que también trató Agustí Peris. “Cuando el año es bueno, los vinos de Ribera del Duero son muy interesantes, pero esto no queda reflejado en los restaurantes de fuera de España, donde su presencia es testimonial o insuficiente,” explicó el sumiller del Etxebarri, probablemente el asador más famoso del mundo y habitual en los puestos más altos de la lista 50 Best. “No hemos llegado todavía al amante de vino internacional, por eso el sumiller es importante, especialmente en Estados Unidos. Es un mercado hedonista y con poder adquisitivo y allí los vinos de Ribera encajan en un esquema gustativo óptimo.”

También resultó muy interesante el debate que mantuvieron el bodeguero Álvaro Palacios, abanderado de la zonificación y clasificación piramidal de vinos en España, y el formador y consultor Juancho Asenjo, quien con su enciclopédico conocimiento de la historia y su habilidad para la palabra consiguió descolocar al carismático autor de vinos como L’Ermita, La Faraona o Quiñón de Valmira cuando hablaron sobre los vinos de viña.

Asenjo: “La defensa que estás haciendo es para vender vinos caros.”

Palacios: “Mientras hay demanda, la paloma vuela.”

Asenjo: “Estás cambiando el sentido del vino.”

Palacios: “¡Solo faltaría! ¿O es que vamos a perder dinero?”

A pesar de las chispas verbales, el animado debate hábilmente moderado por Juanma Bellver, periodista y director de Lavinia, acabó en sonrisas y un abrazo final. Lástima que se quedara corto porque, como comentaba Asenjo más tarde, es muy probable que la clasificación de los viñedos sea uno de los temas centrales del debate vinícola en España en los próximos años.

Catas variadas

Aunque la presencia de asistentes extranjeros fue más bien testimonial, la vocación internacional del congreso era clara. Hubo traducción simultánea a inglés para todas las ponencias pero, a falta de medios técnicos, en la sala de catas se recurrió a la traducción consecutiva, que inevitablemente ralentizó y restó espontaneidad a las intervenciones.

Algunos asistentes se quejaban de la falta de información en las pantallas sobre los vinos presentados pero a pesar de ello disfrutamos con la garnacha de Toro recuperada por Bodegas Rodríguez Sanzo, los Ultreias de diferentes suelos y fincas que Raúl Pérez elabora en el Bierzo y con el recorrido que hizo el crítico Luis Gutiérrez a lo largo de los 900 km del Duero, con vinos de gran calidad como el clarete Pícaro del Águila 2013, un estilo tradicional en Ribera del Duero que mezcla uvas blancas y tintas, o el finísimo y sedoso Charme 2015, de Niepoort en Portugal.

El catador de The Wine Advocate no desaprovechó su estancia en Burgos. Además de tocar en directo con su banda The Winedrinkers al finalizar el primer día de congreso, presentó también una ponencia en la que habló sobre la importancia del factor humano en la calidad de los vinos y la necesidad de vender historia y cultura propias de forma simple y con orgullo. “Las campañas de promoción de vinos de calidad deben enseñar lo mejor que tenemos”, sentenció Gutiérrez. Se echó de menos que no hiciera referencia directa a la imagen de los vinos de Castilla y León —que era el título de su presentación— a pesar de que acaba de publicar un informe bastante crítico sobre Ribera del Duero que ha levantado ampollas en la zona.

El congreso finalizó con una aplaudida cata dirigida por el distribuidor Paco Berciano (Alma Vinos Únicos) en la que dos de los mayores conocedores de variedades de uva del país, Félix Cabello, investigador de El Encín en Madrid, que cuenta con la tercera colección de vides más importante del mundo, y José Antonio Rubio de ITACYL, presentaron el trabajo de recuperación de uvas minoritarias en Castilla y León en marcha desde 2002. Los asistentes pudieron catar vinos no comercializados elaborados con variedades encontradas en los Arribes como bruñal, bastardillo chico, tinto jeromo o gajo arroba. “Las vinificaciones son de volúmenes muy pequeños y tienen sus limitaciones, pero aún en este contexto, las de Arribes fueron especialmente interesantes,” comentaba Amaya Cervera. En una comunidad autónoma abrumadoramente dominada por el tempranillo y la verdejo, estas castas olvidadas podrían aportar la diversidad que los mercados del vino actuales exigen.


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