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De vinos

El vino ya es cosa de mujeres

Redacción
Redacción 17/3/2011Comentarios

Pionera en las bodegas gallegas, Marisol Bueno Berrío-Ategortúa (Zaragoza, 1948) se reinventó a sí misma cuando se compró una finca en Meis, en el corazón de O Salnés (Pontevedra). Unas semillas de kiwi y unas cepas de albariño la colocaron en 1989 al frente de Pazo de Señoráns, una de las bodegas emblemáticas de las Rías Baixas. Y eso que el vino es todavía un mundo de hombres al que se asoman con fuerza las mujeres, asegura Marisol. Su hija Vicky sigue sus pasos y es la cara visible de una generación de mujeres jóvenes que se ponen al frente del negocio bodeguero.

Viticultores, distribuidores, comerciales y hosteleros varones han sido históricamente los reyes de un negocio masculinizado desde la primera cepa hasta que se descorcha la botella. En este universo androcéntrico comienzan a aterrizar discretamente las féminas, casi siempre herederas de una larga tradición familiar, que recogen el testigo de sus padres y abuelos.

Marisol Bueno cuenta que aterrizó en los viñedos “por casualidad”. Las buenas cosecha de sus vides la empujaron a hacer su propio vino y etiquetarlo en su bodega, y se lanzó de cabeza al delicado mundo de la viticultura. Durante dos décadas, entre 1986 y 2007, presidió el Consello Regulador das Rías Baixas, acuñada como Denominación de Orixe en 1988.

Bióloga y exprofesora del instituto de Cangas, a Marisol todavía le quedó tiempo para militar como parlamentaria en las filas del PP gallego y criar a cuatro hijos. Con 35 años, Vicky Mareque Bueno, la segunda de su prole, la ha convertido en abuela por sexta vez y ya sigue sus pasos entre los viñedos. Asegura que no es la única heredera gallega de una saga familiar y apunta que en la comarca de O Salnés hay “por lo menos” otras cuatro mujeres que pronto se harán cargo de alguna de las 190 bodegas de la denominación, y muchas más entre las 600 que se cuentan en Galicia.

En Pazo de Señoráns, el 75% de la plantilla ya son féminas. “Cada vez hay más enólogas y segundas generaciones de mujeres”, apunta Mareque, que considera que el avance femenino en los viñedos es imparable. La familia Bueno posee doce hectáreas de viñedo propio alrededor de la bodega y otras siete que controlan directamente donde se cultiva uva monovarietal (albariño) que se muestrea continuamente para evaluar su grado y acidez. Además, compran uva a 198 pequeños productores de la zona que prácticamente han sido las mismas familias en las tres últimas décadas.

Desde que empieza a madurar el fruto hasta que se embotella el caldo transcurre prácticamente un año en un proceso cada vez más mecanizado y controlado por equipos de tecnología punta que, paradójicamente, pretenden que el vino sea “lo más natural posible”. “Los avances se aplican para no tocar el vino”, explica Vicky Mareque, “la uva puede apuntar maneras pero hasta que llega a la copa no hay forma de saber si será un buen producto. El vino es un ser vivo y repetir el proceso nunca te asegura el mismo resultado”.

Algunas de las herederas de las estirpes vitivinícolas con más solera de España como Victoria Benavides, de Elías Mora (Toro), Cristina Remírez de Ganuza (Rioja), Beatriz Rodero, de la Bodega Rodero (Ribera del Duero) o Naiara Perea, de Vinos Perea, han desfilado estos días por Fevino, la Feria del Vino del Noroeste, celebrada en Ferrol.

La cita congregó a 58 expositores de 200 bodegas españolas en una superficie de 3.000 metros cuadrados, con más de 2.000 copas bailando de mano en mano en decenas de catas y exhibiciones gastronómicas. Fue la séptima edición de una pequeña feria que se celebra cada dos años en el recinto ferial de A Malata y que sirve de escaparate pare mostrar las últimas novedades del sector vitivinícola y promocionar los caldos de Rías Baixas, Ribeiro, Valdeorras, Monterrei y Ribeira Sacra.

“Los blancos gallegos son el número uno”, aseguró Isidro de Miguel, uno de los tres enólogos más reputados del país. Defiende que “la tierra y el sol” otorgan al caldo “su personalidad por encima de variedades de uva” e insiste en diferenciar el vino (fermentado) de los licores (destilados) para no “demonizar” un alimento “reconocido por la ONU y cuyo consumo (moderado) es beneficioso para la salud”.

“Ferrol pacede de riojitis“, diagnóstica Pablo, propietario de una conocida vinoteca junto a su hermano. “La ciudad consume mucho tinto y el 80% es rioja, más por costumbre que por otra cosa”, opina. La crisis también ha dejado su poso y los vinos caros han quedado temporalmente aparcados al fondo de la barra. “Los productores lo han captado y ya nos ofrecen vinos muy buenos a precios razonables manteniendo la calidad”, sostiene el hostelero ferrolano.

Fuente: Lorena Baustabad, “El País”