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De vinos

Innoble – 14 horas de vino y fiesta

Yolanda Ortiz de Arri
Yolanda Ortiz de Arri 7/7/2017Comentarios

Mientras las redes sociales debaten si hay o no hay una revolución del jerez, unos centenares de locos del vino y una veintena de elaboradores del Marco y más allá acudían a Innoble, la cata-fiesta organizada por Armando Guerra (Taberna der Guerrita / Barbadillo, Sanlúcar) y Rayco Fernández (Buena Uva, Canarias) en un semi-desconchado y encantador palacete sanluqueño que en otros tiempos custodiaba las botas de la bodega Rodríguez Lacave.

De izda. a dcha. Isolina Florido, Germán Blanco, Ramiro Ibáñez, Laura Lorenzo y Eloi Cedo, Primi Collantes, Julia Casado, Innoble 2017

De izda. a dcha. Isolina Florido, Germán Blanco, Ramiro Ibáñez, Laura Lorenzo y Eloi Cedo, Primi Collantes, Julia Casado, Innoble 2017

Un domingo de calor y sol mordiente, sin playa ni toallas, pero sí con tintos —de verano y de todas las estaciones del año; de Cádiz, Rioja, Ribera, Bierzo, Cantabria, Galicia, Mallorca, Madrid, Murcia, Canarias y Portugal-. Un día festivo de blancos de albariza, esos nuevos vinos del Marco, pero sin alcohol añadido y sin papeles, que son la perfecta introducción a la grandeza de las manzanillas, finos, amontillados y demás joyas del Sur.

Joyas y soleras históricas como Ansar Real y GF Viejísimo, los grandes vinos elaborados por Gaspar Florido en sus antiguas bodegas de Sanlúcar y que ahora cuida su hija Isolina  en la finca de El Armijo, en el pago Miraflores, junto a las viñas de palomino que este grande del Marco conservó tras vender sus botas y bodegas y que son el origen de estos unicornios.

Con el apoyo de Ramiro Ibáñez, uno de los agitadores más estimulantes del Marco, Isolina está planteándose compaginar la producción de uva para terceros con la elaboración de su propio vino. “Yo sigo conservando el estilo de mi padre: poco rocío y mucha criadera. A él, que era un hombre a contracorriente y que disfrutaba con el vino, le encantaría ver esta nueva etapa”, explicaba Isolina. Las muestras que llevó a Innoble, desde el vino joven a los más viejos, son un fabuloso compendio de complejidad, concentración e intensidad aromática.

 Corta y Raspa, la nueva colección de cuatro vinos blancos de Mayetería Sanluqueña, Armando Guerra y Rayco Fernández con sus venencias artesanas en la fiesta nocturna, hoja oficial del concurso de cata a ciegas

Corta y Raspa, la nueva colección de cuatro vinos blancos de Mayetería Sanluqueña, Armando Guerra y Rayco Fernández con sus venencias artesanas en la fiesta nocturna, hoja oficial del concurso de cata a ciegas

Crecer con los vinos del Sur

“Nuestra sensación y la de los elaboradores es la misma; teníamos que haberlo hecho antes”, dicen Armando y Rayco un par de días después de este homenaje a Vinoble en años alternos. “El Marco no tendrá su sitio sin el reconocimiento de los elaboradores de otras partes, y los elaboradores de “otras partes” no podrán crecer jamás sin conocer los vinos del Sur”. Amén.

Una declaración de intenciones: Innoble —como mucho de lo nuevo que está surgiendo en el Marco— se celebró en Sanlúcar y no en Jerez. Y con mucho buen humor y música en directo, reivindicando que el vino se puede disfrutar en un ambiente festivo. Como rezaba uno de los divertidos carteles rojos repartidos por las paredes del palacete y en las mesas de los productores: “Emborracharse por la noche es de cobardes”.

Otra novedad que permitió a los productores convertirse en aficionados durante medio día fueron los dos turnos de cata, aunque parte del público no se enteró de que los vinos de gentes tan interesantes como Niepoort (“los portugueses nos ganan en Eurovisión y encima tienen a los Niepoort”, decía su cartel), Germán Blanco (Casa Aurora, Quinta Milú), Jonatan García (Suertes del Marqués) o Paola Medina (Williams & Humbert), entre otros, solo se podrían probar en la mesa de los productores por la mañana. Eso sí, los verdaderos Innobles, los que aguantaron hasta la fiesta final nocturna, descubrieron que, además de canapés (que no canaperos; se cobraba la entrada porque lo bueno hay que pagarlo), en la terraza del restaurante El Espejo había vinos (muchos), productores (un puñado, de los que alguno hasta bailó), buena música (esta vez con DJ), muchas risas y hasta una venta de venencias que un artesano había cortado y lijado por la mañana.

En el intervalo entre turnos se organizó un concurso de cata de vinos nobles a ciegas —Las 30 del Cuadrado, La Panesa, 51 1ª de Domecq, Oloroso Tradición y PX Viejísimo de Maestro Sierra— que ganó el grupo de la Universidad de Cádiz más un infiltrado: el gran experto y maestro de vino Juancho Asenjo. ¿El premio? Imitando en la forma y en el fondo a la gran cata de Vila Viniteca pero en versión Innoble y de andar por casa, el cheque de los ganadores ascendió a 30.000 ptas (que no euros). Lo importante era beber y pasarlo bien.

La inquietud de ir más allá

Antes de enterarnos de que Doñana ardía —la tarde en Sanlúcar se tiñó de una luz parecida a un filtro de Instagram y cenizas— conocimos a los tres viticultores de Mayetería Sanluqueña que, impulsados también en este caso por Ramiro Ibáñez, se han unido para comercializar sus Corta y Raspa, una edición limitada de cuatro vinos de palomino sin encabezado ni velo de flor, elaborados de forma artesanal y provenientes de pagos diferentes, que saldrán a la venta en breve por unos 10 euros. Un proyecto interesantísimo que da voz y libertad a jóvenes mayetos con inquietud por ir más allá de, en muchos casos, malvender sus uvas a terceros para embotellar su propio trabajo.

Otros elaboradores del Marco como Willy Pérez (Luis Pérez), los hermanos Blanco (Callejuela), Primitivo Collantes de Chiclana, Forlong, Barbadillo y Ramiro Ibáñez, que están experimentando y rompiendo moldes, también participaron en Innoble. Algún que otro productor sanluqueño como Fernando Angulo (Alba Viticultores) —un espíritu libre— estaba en la fiesta, pero en este caso solo como aficionado. Incluso César Saldaña, director del Consejo Regulador de Jerez, estuvo un rato apoyando esta iniciativa poco convencional y alternativa. No estaría mal que otras instituciones similares tomaran nota.

Los forasteros eran pocos pero no cobardes. Estaba Laura Lorenzo (Daterra Viticultores) que trajo un par de añadas de su palomino atlántico cultivado en el suelo granítico de Ribeira Sacra; Javier Arizcuren, el arquitecto que está construyendo un estilo fresco de mazuelo y garnacha en Rioja Baja; Isabel García (Justina de Liébana) con su orujo artesanal y sus dos mencías expresivas y directas; Javi García (4 Monos) con sus elegantes garnachas de Gredos; Julia Casado (La del Terreno), la ex-chelista que está componiendo una nueva melodía para la monastrell en Bullas; Eloi Cedo (Château Paquita), que elabora vinos mediterráneos con gran finura y definición o Luis Seabra, el enólogo portugués detrás de los Xistos y Granitos, vinos verticales y con excelente capacidad de guarda.

Quedan en el recuerdo esas 14 horas de diversión, conexión, calor humano y del sol, albariza en la tierra y en el corazón y gente apasionada con historias que contar, incluso a la una de la mañana de un lunes. Como diría un Innoble: “Si nos queréis, bebed”.

Mucho arte y buen humor en los carteles de InnobleI

Mucho arte y buen humor en los carteles de Innoble

 


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