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De vinos

La crónica de un día en Burgos en El Alma de los Vinos Únicos

Yolanda Ortiz de Arri
Yolanda Ortiz de Arri 26/5/2017Comentarios

En solo tres ediciones El Alma de los Vinos Únicos se ha convertido en una de las catas más interesantes del panorama nacional con la posibilidad, poco habitual en este país, de probar grandes vinos de productores europeos.

Buena parte del mérito es de Paco Berciano y Maribé Revilla, la pareja detrás de la importadora y distribuidora Alma Vinos Únicos y las vinotecas El Lagar de Burgos y La Tintorería de Madrid. Desde 1999 traen vinos de grandes productores y pequeños artesanos extranjeros y nacionales que interpretan su terruño y aportan una visión personal al vino; con ellos han establecido una relación cercana y de largo recorrido. Su apuesta por zonas como Galicia —para Berciano, “la Borgoña de España”— con vinos ligeros y de trago largo, o por los vinos naturales ha sido también pionera en momentos en los que en España se preferían los vinos opulentos, con extracción y madera nueva.

La “cita con el vino y sus autores” fue en el Fórum Evolución de Burgos. Más de 600 vinos servidos por 120 productores, principalmente de España, Francia, Alemania así como algún alma libre de Italia, Portugal, Hungría y Austria. Al otro lado de las mesas, 1.500 profesionales del vino y aficionados hardcore llegados exclusivamente para la ocasión desde Euskadi, Aragón, Madrid, Alicante o Galicia. Pocos eventos de un día movilizan a tanta gente del vino en este país como El Alma de los Vinos Únicos, que se celebra cada dos años.

Muchos de los elaboradores, con nombres de prestigio y producciones limitadas como la casa de Champagne Pol Roger y su Cuvée Sir Winston Churchill —cuya adoración por las burbujas quedó patente en su frase ‘Remember gentlemen, its not just France we are fighting for, its Champagne’—, vienen más por la relación que tienen con Alma Vinos y por la experiencia de ediciones pasadas que por vender más vino. “Muchas de ellas tienen más demanda que producción”, explica Berciano.

Es el caso de André Clouet, un productor de champagne con nueve hectáreas de pinot noir en Bouzy y Ambonnay, dos pueblos clasificados como Grand Cru. Jean-François Sainz-Clouet, un tipo carismático y actual propietario de esta bodega cuyo fundador fue impresor en la corte de Luis XV, enseña su truco para abrir una botella de champagne “como un matador y con una mano” a dos docenas de espectadores que se agolpan a su alrededor. Tras los “oh”, “ah”, los más veteranos, bregados en ferias ya en exceso multitudinarias como la de La Música del Vi en Barcelona, cuelan su copa entre la multitud para probar una muestra del mágnum André Clouet Vintage 2005. Muchos saben que para media tarde, casi todas las botellas de esta casa—así como las de Pol Roger y probablemente las de Bourgeois Diaz, Claude Cazals, Recaredo y Gramona— se habrán agotado y programan su visita para la primera mitad de la jornada: espumosos y blancos por la mañana, tintos y generosos para la tarde.

Un par de mesas más allá, Julien Brocard sirve sus Premier Cru y Grand Cru de Chablis. Con voz calmada y amable, contesta en inglés y francés a las preguntas de los que han llegado a su mesa: sigue la tradición de la bodega de su padre Jean-Marc, pero desde su llegada en 1997, comenzó a transformar sus viñas de chardonnay al cultivo ecológico y biodinámico. Sus vinos son limpios, cítricos y afilados.

El contingente alemán ocupa el centro de una de las dos salas del recinto. Nombres como Dönnhoff (Nahe), Ökonomierat Rebholz (Palatinado) o Clemens Busch y Heymann-Löwenstein (Mosela) atraen a los amantes del riesling. Conseguimos probar los míticos vinos de los viñedos de Röttgen y Ühlen de Reinhard Löwenstein, vinos que nacen en terrazas de pizarra que se precipitan hacia el río Mosela: “el máximo exponente del vértigo que implica la viticultura de montaña”, como dicen Josep Pitu Roca e Inma Puig en su libro Tras las Viñas.

De izquierda a derecha: Stephane Tissot (Jura), Marcial Dorado (Rías Baixas y Bierzo), Chantal Lafarge (Côte de Beaune y Beaujolais) y Luis Seabra (Douro)

De izquierda a derecha: Stephane Tissot (Jura), Marcial Dorado (Rías Baixas y Bierzo), Chantal Lafarge (Côte de Beaune y Beaujolais) y Luis Seabra (Douro)

Al fondo de la sala, el gran José Luis Mateo (Quinta de Muradella), uno de los viticultores más humildes y nobles del país, explica que las heladas de abril le han destrozado las viñas que posee en Monterrei. “Ha sido un desastre, pero ahora lo que necesitamos es que llueva. Será un año duro, pero habrá que salir adelante”.

A su lado, Chantal y Fréderic Lafarge (Domaine Michel Lafarge/Domaine Lafarge-Vial) han traído algunos de sus vinos de la Côte de Beaune y de Beaujolais. Como sus vinos y su vecino de mesa, son una pareja humilde, en el mejor sentido de la palabra; Chantal explica que trabajan sus viñas en ecológico y siguen los principios de la biodinámica, tanto las más conocidas de Volnay como las que adquirieron recientemente en Chiroubles y Fleurie, al sur de Borgoña. Fleurie La Joie du Palais 2015 proviene de uno de sus Crus de Beaujolais y se trabaja con caballo porque tiene una pendiente de más del 50%. Esta primera añada, con un 15% de raspón, es sutil, floral, sedosa y fresca.

El Jura, muy de moda entre los iniciados al vino, está representado por el risueño Stéphane Tissot (Domaine André et Mireille Tissot), otro gran defensor de la biodinámica, con sus tintos sedosos y especiados como el frutal y puro Poulsard Sans Suffre.

Intercalados entre éstos hay nombres de productores españoles que llevan un tiempo sonando con fuerza: Suertes del Marqués (La Orotava), Artuke, Olivier Rivière, Arizcuren, David Sampedro (Rioja), Terroir al Limit (Priorat), Rodrigo Méndez (Rías Baixas y Ribeira Sacra), Guímaro (Ribeira Sacra), Viños de Encostas (Ribeiro), 4 Monos (Madrid), 4 Kilos (Mallorca), Ponce (Manchuela), Verónica Ortega (Bierzo) o Marcial Dorado quien, tras su experiencia en Portugal, ha vuelto a España para elaborar vinos en Rías Baixas y el Bierzo. De unas viñas de la parcela La Vitoriana de la familia de Raúl Pérez ha elaborado A Fara, un 100% mencía fresco y floral muy fácil de beber. También hay jóvenes de Francia como Fabien Jouves (Mas del Perié) que elabora vinos ecológicos con mucho carácter en Cahors con malbec como Las Acacias, de una parcela que él considera Grand Cru, y un Jurançon Noir, variedad prohibida en la zona, al que ha bautizado con el sonoro nombre de You Fuck My Wine?!.

Luis Seabra, el ex enólogo de Niepoort y ahora nuevo director técnico de Suertes del Marqués, está junto a la mesa más volcánica del evento con un par de añadas de su Alvarinho Granito Cru, elaborado en Monçao-Melgaço al norte de Portugal, y de sus vinos del Douro, Xisto Cru, Xisto Ilimitado e Indie. En un español suave y cadencioso, explica que son vinos frescos y minerales a los que el paso del tiempo en botella les hace ganar en complejidad.

Al final del día, los bodegueros salen de sus mesas y aprovechan a catar vinos de otros productores. La mayoría se conocen —Paco Berciano y Maribé Revilla organizan en Burgos una cena para todos ellos la noche anterior a El Alma— y reina la camaradería y el buen ambiente, como también ocurre entre el público, que aprecia la buena organización, el espacio agradable con copas de calidad, botellines de agua para todos, escupideras que no salpican y que no se desbordan, servicios limpios y la oportunidad de conversar con los productores y probar sus vinos con alma y de calidad. Y muy importante: a pesar de que organizar El Alma de los Vinos Únicos supone una gran esfuerzo e inversión económica, las únicas subvenciones con las que cuentan son la cesión del Fórum Evolución por parte del Ayuntamiento de Burgos durante el día del evento y los autobuses de ida y vuelta a Madrid por parte de la Diputación. ¿Quizás estribe ahí una buena parte de su éxito?

You Fuck My Wine?! de Mas del Périé en Cahors, un Champagne de la añada 2008 de André Clouet y los Chablis de Julien Brocard

You Fuck My Wine?! de Mas del Périé en Cahors, un Champagne de la añada 2008 de André Clouet y los Chablis de Julien Brocard


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