Revista Gastronómica Digital
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De vinos

La emoción hecha vino

Yolanda Ortiz de Arri
Yolanda Ortiz de Arri 7/10/2015Comentarios

Ernest Hemingway decía que el vino es la cosa más civilizada del mundo y su afirmación quedó de nuevo patente en San Sebastian Gastronomika con el buen ambiente que siempre se genera en las Wine Sessions y el concurso Wine&Win.

Aunque en esta edición las sesiones y ponencias en torno al vino se han extendido al resto de días del congreso, el primer lunes de octubre es el día que muchos profesionales y locos del vino reservamos con antelación para venir al Kursaal a catar, escuchar y aprender de vino.

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Foto cortesía de Coconut

La cita vinícola empieza a las diez, con el concurso. El caníbal Ferran Centelles y David Molina, director de Outlook Wine, nos esperan en una sala del restaurante Ni Neu con vistas espectaculares al Cantábrico. Son los moderadores de esta competición en la que hay 15 parejas, entre ellas caras conocidas como Dani Corman e Iñaki Irizar, que regentan Essencia, un estupendo bar de vinos en San Sebastián, o Michael Cooper, el 50% de la pareja ganadora del concurso el año pasado que viene con compañera nueva por los compromisos laborales de Jorge Orte en Londres.

Este año la cosa se complica; además de las preguntas teóricas (una de ellas, acertar quien dijo la primera frase de esta crónica) y de la cata a ciegas de dos vinos en la que debemos adivinar país, denominación, variedad y añada, hay que identificar qué defecto tiene un tercer vino. Tras la inevitable comparación de respuestas con otros concursantes (“qué era, ¿Carmenere? … Yo he puesto Cabernet”), la mayoría se dirige hacia la primera Wine Session del día, dirigida por Xavier y Jaume Gramona.

Es una propuesta valiente ya que la bodega catalana, especialista en elaborar cavas de larga crianza de España, enfrenta sus vinos con espumosos de todo el mundo en una cata a ciegas. Mientras probamos los 15 vinos en tres tandas, Xavier nos cuenta cómo recuperaron sus viñedos, agotados por los tratamientos sistémicos, gracias a la ayuda de los expertos en suelos Claude y Lydia Bourguignon y su adopción de métodos biodinámicos. De hecho la cata transcurre en un día flor, considerado el más apto según esta disciplina.

Los cavas de Gramona salen más que airosos frente a champagnes icónicos como Dom Perignon 2005 o de pequeños productores, como Tarlant La Vigne d’Antan 2002 y demuestran, como dice Xavier Gramona, que “en España se puede hacer bien la larga crianza en espumosos”.

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Foto cortesía de Coconut

Pitu, el encantador de congresistas

Tras las burbujas llega el momento de ver como el gran Josep Pitu Roca cautiva a las 1.200 personas que abarrotan el auditorio del Kursaal donostiarra. Con la sala en penumbra, agradezco a mi vecino de asiento Sergi que encienda la luz de su móvil para poder tomar notas y escuchamos al maestro. La cadencia de sus palabras, el tono intimista y ese don especial para transmitir la emoción del vino convierten a Pitu en una especie de encantador de congresistas, que escuchan ensimismados las historias que hay detrás de los tres vinos, catados en frasquitos individuales envueltos en celofán.

Los viñedos de la bodega Arché Pagès en el Empordà arrasados por un incendio han dado “un vino que ha salido del sobreesfuerzo de la viña de salvarse del fuego y encima dar vida y que nos enseña que debemos ir a una sociedad donde influya más el ser que el tener”; Pau 2008, un vino del Priorat que es el resultado de la lucha de Pau y Gina por conseguir que la esclerosis no paralice la vida de su familia y que apela a la necesidad de ser solidarios y como apoteosis, las 1.200 gotas de Trafalgar 1805, una reliquia custodiada por González Byass desde los años de aquella batalla y que algunos afortunados ya experimentamos en la inolvidable cata que dirigió el sumiller catalán en Gastronomika el año pasado. La voz de Mick Jagger cantando Angie envuelve las sentidas palabras de Pitu en homenaje a Juli Soler y despide esta experiencia casi mística y espectacular.

Las sesiones de tarde comienzan con un recorrido por los vinos de Marqués de Vargas conducido por Carlos Muro, sumiller del restaurante Akelarre. Son dos etiquetas de Rías Baixas (Pazo San Mauro 2014 y Sanamaro sobre lías 2013), dos de Ribera del Duero (Conde de San Cristobal 2012 y Raíces 2009) y tres de Rioja (Marqués de Vargas 2009, Marqués de Vargas Reserva Privada 2009 y Hacienda Pradolagar 2005).

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Foto cortesía de Coconut

A todo correr salimos hacia la final del concurso, con el caníbal Salvador García Arbós de maestro de ceremonias. Este año está tan reñido, explica Ferran Centelles, que hay cuatro parejas clasificadas. Una de ellas no se presenta (siguen en la presentación de Marqués de Vargas) y la tercera llega por los pelos. Y comienza la tanda de preguntas y cata a ciegas de tres vinos para los tres finalistas: ¿qué río pasa por los viñedos de Wachau? ¿cuál de estas cinco variedades es un híbrido? ¿qué defecto tiene este vino?

Son Ricardo Sanchoyarto, profesor de la Escuela de Hostelería de Artxanda (Vizcaya) y Jesús Mari Ormazabal, comercial de Essencia, los que finalmente se llevan los 2.000 euros de premio. “Casi he tenido que arrastrar a mi compañero hasta aquí hoy; no nos esperábamos ganar; aquí hay mucho nivel”, explica Jesús Mari, mientras recibe las felicitaciones de Dani e Iñaki, sus jefes de Essencia y segundos clasificados. Todos ellos tienen que recoger su premio en el auditorio, así que se pierden la cata de Ribera del Duero, indudablemente uno de los platos fuertes de la jornada vinícola.

La historia de Ribera del Duero

Son diez vinos que abarcan añadas desde 2006 a 1996, como Pago de Carraovejas Cuesta de las Liebres 2005, María Alonso del Yerro 2006, Hacienda Monasterio 2001 y los más esperados y emocionantes: Vega Sicilia Único 2004 (“Magia, elegancia, historia, finura”, dice Carlos Muro) y Pingus 2003, que se sirve de dos magnums de los tres que quedaban en la bodega, y que es el ejemplo perfecto de complejidad y equilibrio.

Sobre la mesa hay otro grande. Tinto Pesquera Millenium 1996, el primer vino que Alejandro Fernández envejeció en roble francés, y que Guillermo Cruz (Mugaritz), co-director de la cata junto con Carlos Muro, define como “la perfecta imperfección. Pingus es técnicamente de diez, pero este vino es el alma”. El público aplaude emocionado, y consciente de estar disfrutando de vinos escasos, porque como explica el director del Consejo Regulador, Miguel Sanz, “Ribera no tiene tradición de guarda, así que ha sido una odisea encontrar añadas antiguas de vinos especiales”.

La megafonía advierte de que el Kursaal cierra sus puertas, pero nadie se mueve de la Sala 10. Guillermo Cruz concluye la cata expresando con palabras propias la frase de Hemingway: “En el mundo del vino predomina la fraternidad. Gracias por emocionaros con nosotros”.

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La caníbal “de narices” Yolanda Ortiz de Arri, autora de esta crónica, participando en tándem / Foto cortesía de Coconut

Un Comentario

  1. Javier dice:

    ¡Excelente idea pasar el día degustando el vino!, en el Asador Arriaga en Bilbao consideramos que es el mejor acompañante para la comida, por ello tenemos una exquisita carta de vino. Nos encanta el vino y este tipo de post.