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De vinos

Matrimonio de altos vuelos: Vega Sicilia y la familia Rothschild – Redacción

Redacción
Redacción 4/8/2010Comentarios

El pasado 12 de abril, sobre una mesa que en su día fue propiedad de Napoleón y que está asegurada en 20 millones de euros, Pablo Álvarez, consejero delegado de Bodegas Vega Sicilia, la baronesa Ariane de Rothschild y su marido, Benjamin, suscribían un acuerdo para constituir al 50% sociedad conjunta: Bodegas Benjamin de Rothschild & Vega Sicilia. La huelga protagonizada la pasada semana por los controladores franceses ha impedido la celebración del primer consejo de administración de la nueva sociedad, en Valbuena de Duero, que iba a presidir la baronesa y que finalmente se ha aplazado hasta el inicio de la vendimia.

El acuerdo ha supuesto la culminación de un romance entre el grupo financiero, con intereses también en el sector del vino, y la empresa española que, inicialmente, va a desembocar en la construcción de una nueva bodega en la Rioja Alavesa; pero que, según Pablo Álvarez, podría ampliarse con otras actuaciones conjuntas en otros países. Una boda de altos vuelos donde esta rama de los Rothschild pone sobre la mesa su peso en el mundo financiero y también en el del vino, y Vega Sicilia su imagen de marca mundial en el sector en el segmento de calidad exclusiva.

Corrían los inicios de la última década cuando Pablo Álvarez y Benjamin de Rothschild mantenían los primeros encuentros. Les presentó un amigo común y se produjo el flechazo. “Seguiremos viéndonos”. Esos contactos se fueron concretando hasta ponerse de acuerdo para la construcción de una nueva bodega en una zona de prestigio en España, pero para hacer unos vinos diferentes con personalidad propia en línea con la política seguida por el grupo español en la construcción en los últimos años otras bodegas como Alión en Peñafiel y Pintia en San Román de Hornija, pegada a Toro.

Las inversiones previstas inicialmente para desarrollar este proyecto, desde la compra de una viña hasta la terminación de la nueva bodega, se sitúan en más de 36 millones de euros.

Con este objetivo sobre la mesa, bajo la supervisión de los técnicos de la bodega española, se eligió la Rioja Alavesa como zona. A partir de ahí se inició la búsqueda de los terrenos más adecuados para la producción de uva. Para el desarrollo de estas actuaciones se constituyó la sociedad Plalia, lo que suponía preservar la identidad de los gestores de la operación. Inicialmente se barajaron dos opciones, plantar viñedos y esperar un mínimo de 10 años o adquirir viñedos viejos. Se optó por lo segundo.

En los últimos siete años, en un trabajo lento, de mucha paciencia “como requiere la política en el vino”, se han llevado a cabo más de setenta operaciones de compra, lo que ha supuesto la adquisición de algo más de noventa hectáreas, la mayor parte en pequeñas parcelas, y todas ellas de viñedos viejos fundamentalmente en la localidad de San Vicente de la Sonsierra. El precio pagado por estos viñedos se ha situado en una media de entre 80.000 y 90.000 euros por hectárea. Objetivo del grupo es llegar a disponer solamente de 110 hectáreas en esa zona y, a medio plazo, se contempla una selección de clones y proceder a la plantación de nuevos viñedos. Según el acuerdo suscrito entre ambos grupos, la dirección de la bodega correría a cargo de los técnicos españoles, para desarrollar la misma política que la seguida en el resto de las bodegas del grupo. En estos siete años, se han estado realizando diferentes pruebas para valorar la calidad de los vinos con una elaboración en una bodega fuera de la Denominación de Origen del Duero. Desde la pasada campaña se inició la elaboración de vinos en una bodega alquilada en la propia Rioja Alavesa, en Leza, sobre una producción 120.000 kilos de uva. Esta operación, para unas producciones similares, se repetirá en las próximas dos campañas en el marco de una estrategia donde se contempla llegar solamente a una producción delimitada para la que en la actualidad se busca un nombre, a caballo entre lo francés y lo español.

La firma del acta matrimonial el pasado 12 de abril supuso igualmente el pistoletazo de salida para la construcción de una bodega que se terminará en 2012 en la misma zona, fecha en la que también se espera salgan al mercado los primeros vinos si reúnen las condiciones exigidas por los técnicos del grupo, tras un proceso de definición de los tipos de caldos que se quieren colocar en el mercado. “Tenemos que estar muy seguros sobre la calidad de lo que salga al mercado”. Inicialmente se contempla como objetivo elaborar solamente 300.000 botellas con un primer y un segundo vino.

Los vinos procedentes de la nueva bodega se comercializarán bajo la estructura del resto de las bodegas del grupo, aunque no se descarta la posibilidad de intensificar la venta en el mercado francés. Con la presencia de los nuevos socios tampoco se descarta la posibilidad de poner en marcha un proyecto de bodega en el territorio francés. Lo que no entra en los planes de la bodega española es acceder como socio en las otras bodegas del grupo Rothschild en Francia o en otros países.

Está por ver el parto de este proyecto de vino que se lleva gestando más de una década. Pero,posibles financieros, experiencia en el sector y palmeros no le faltan.

Financieros y vinateros unidos

El grupo Vega Sicilia en España, fundado en 1864, con una facturación de algo más de 40 millones de euros, suma a su bodega matriz de Valbuena de Duero, Bodegas y Viñedos Alión, en Peñafiel, constituida en 1991 con una inversión de 20 millones de euros y una superficie de 120 hectáreas, y Bodegas y Viñedos Pintia, en San Roman de Hornija, en Toro, constituida en 2001 con una inversión de 13 millones de euros y unas 100 hectáreas de viñedos. En ambos casos se ha mantenido la misma filosofía que para la bodega matriz.

En Pintia, la producción anual se sitúa en unas 260.000 botellas, y en Alión, entre 240.000 y 300.000 botellas. La bodega matriz mantiene su política de elaboración anual de entre 240.000 y 330.000 botellas con una superficie de algo más de 200.000 hectáreas, donde en los últimos años se han llevado a cabo inversiones de unos 30 millones de euros, entre otros objetivos, para lograr una mayor diferenciación de los vinos con elaboración separada para cada tipo de parcela.

En conjunto, solo una parte reducida del vino elaborado por grupo procede de uvas adquiridas fuera de las bodegas. El 50% de toda la producción y de todas las ventas se comercializa en más de 110 países.

El Barón Benjamin de Rothschild es un grupo financiero dedicado a la gestión de capitales, mueve un volumen de 110.000 millones de euros y, además, tiene ya una importante presencia histórica en el sector del vino francés, al ser accionista del Château Lafite, al que se unen Château Clarke, Peyrelebade, Malmaison y Château des Laurets en Saint Emilion. A estas bodegas se suma otra en Suráfrica, con un socio local, y otra en Argentina. El grupo vende anualmente 2,5 millones de botellas en 50 países.

Fuente: Vidal Maté, El País