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De vinos

Una empresa vasca pone en marcha la primera bodega submarina con sensores – Redacción

Redacción
Redacción 3/11/2010Comentarios

Uno de los módulos sumergidos en Plentzia

Dicen los expertos en la cata enológica que la calidad de los vinos mejora bajo el agua, si bien la causa de este fenómeno es aún desconocida. Experimentos realizados en las profundidades de la Costa Brava y en el fondo del Pacífico, en Chile, si han demostrado, no obstante, que los caldos adquieren un mayor nivel carbónico, son más aromáticos y ofrecen menor sensación de aspereza en el paladar cuando viven bajo el mar.

La empresa vasca Bajo el Agua Factory, especializada en la divulgación del mundo marino, ha puesto en marcha una innovadora bodega submarina en las aguas de la Bahía de Plentzia con el objetivo de comprobar los efectos positivos que las aguas marinas tienen sobre el envejecimiento de los vinos. “Vimos que era un método que se aplicaba en otros países y queríamos ofrecer a las bodegas de Euskadi un lugar donde poder conservar sus botellas para que ganaran en sabores más salinos con yodo y una mayor frescura”, explica Borja Saracho, gerente y fundador de la firma.

El proyecto nació en febrero del año pasado cuando la firma presentó este novedoso sistema de conservación de vinos al consistorio de Plentzia. Tras meses de espera para la obtención de los permisos pertinentes para la instalación de los módulos, la empresa comenzó en agosto de este año la construcción de la bodega submarina en aguas de la bahía vizcaína.

La pionera bodega consiste en dos módulos con estructura de hormigón que disponen en un lateral de un cristal blindado para facilitar su visionado interior y otro “sistema ventrículo que permite que al agua circular por el interior de la jaula”, describe el responsable.

“Están sumergidos a unos 15 metros de profundidad y están concebidos como un arrecife artificial que se enganchan en forma de lego, no contaminan, y en sus cavidades pueden vivir algas y otras plantas marinas”.

Ambos módulos cuentan con varios sensores que miden factores ambientales como la temperatura, las corrientes marinas o la luz que pueden modificar la calidad del vino analizado.

Una vez el sistema capta los datos, estos van a parar por cable a una boya inteligente de comunicaciones ubicada en la superficie.

“Este dispositivo transmite la información recibida a un central informativa en tierra que a través de un potente software cruza los datos obtenidos de las botellas sumergidas con sus homólogas conservadas en las bodegas de Denominación de Origen”.

“Las botellas que se sacan del agua son enumeradas y los enólogos hacen catas a ciegas de las mismas para ver que trazabilidad han tenido durante este tiempo”, detalla Saracho, quien estima entre 6 y 12 meses el periodo de envejecimiento en estas curiosas ‘barricas’ submarinas.

Uno de los aspectos más mimados por los técnicos de la empresa ha sido el embotellamiento. De esta manera han reforzado los tapones de las botellas sustituyendo el corcho comercial por “un material que resiste el embalaje de las olas o la presión del agua”. “Hemos sumergido 1600 botellas con denominaciones de origen de vino tinto, txakoli y sidra”, agrega el responsable.

Entre las ventajas que ofrece este sistema está la posibilidad de obtener una información fiable sobre la trazabilidad y la evolución de los vinos después de meses conservados bajo el agua. “Podemos disponer un histórico de la vendimia, embotellamiento, el sumergimiento o la vida de las botellas sumergidas bajo el agua”, concluye.

Fuente: Patxi Arostegi, El Mundo