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Nuevas añadas en Bodegas y Viñedos del Marqués de Vargas

Mónica Ramírez
Mónica Ramírez 22/5/2019Comentarios

Bodegas y Viñedos del Marqués de Vargas presentó ayer en Barcelona las nuevas añadas de sus vinos tras las nuevas incorporaciones a su equipo técnico. A la enóloga Ana Barrón, que forma parte del proyecto desde 2015, se añade Xavier Ausás, fichado este mismo año como consultor externo en apoyo a Jorge Peique, enólogo que lleva Conde de San Cristóbal desde sus inicios.

Monvínic se convirtió, ayer, en el escenario perfecto para presentar las nuevas añadas de los vinos de Bodegas y Viñedos del Marqués de Vargas, que además de su casa madre en Rioja cuenta con bodegas en Ribera del Duero (Conde de San Cristóbal) y Rías Baixas (Pazo San Mauro). Su presidente, Pelayo de la Mata, afirmaba que, en los últimos años, habían apostado por revitalizar la marca y para diseñar este renovado futuro habían  incorporado nuevos fichajes. Fue el caso, en 2015, de Ana Barrón, cuyo impecable trabajo en Remelluri habla por sí solo de su profesionalidad. Y este año lo ha sido de Xavier Ausás, antiguo director técnico de Vega Sicilia. No obstante, el enólogo ya llevaba colaborando con Marqués de Vargas tres años. “Tal ha sido la complicidad entre el grupo y Ausás durante este tiempo que hemos querido ampliar la colaboración a Conde de San Cristóbal. Para nosotros es un lujo contar con un enólogo tan profesional”, cuenta Jordi Viñals, gerente de Marqués de Vargas.

 

Los vinos catados

 

 

*Pazo de San Mauro 2018-. Con este albariño, se ha buscado la expresividad, la salinidad y el equilibrio entre acidez/ alcohol y rendimiento de la uva. Es fresco y con cierta mineralidad. A destacar que este vino 100% albariño pertenece a la Bodega Pazo de San Mauro, construida en 1591. Ubicada en la comarca del Condado de Tea, en Rías Baixas, está rodeada del viñedo propio de una edad de más de 40 años, que desciende en bancales orientados al sur hasta la orilla del río Miño. Se maridó con un aperitivo de paletilla ibérica y pan con tomate.

*Conde de San Cristóbal Flamingo Rosé 2018-. Este vino de la Ribera del Duero es definido como un “rosado con alma de tinto”.  Su elaboración constituye todo un reto con lo que este monovarietal de tinto fino goza de muchos adeptos. Se podría definir como un rosado al estilo provenzal. Acompañó a una ensalada de primavera con espárragos verdes, judía tierna y langostinos crujientes.

*Sanamaro 2017-. Este premiado vino de finca está elaborado con albariño y loureira. Es complejo, aromático, untuoso y con gran potencial de envejecimiento. Fermenta y cría en madera. Fue la pareja perfecta para el tartar de atún y tomate, gelée de lima y jengibre.

*Conde de San Cristóbal Reserva 2015-. Si bien es cierto que no es un vino que goce de una entrada palatal y aromática potente, este tinto es un vino longevo, discreto, de tanino fino, elegante y no voluptuoso. En esta añada han prescindido de las variedades francesas para dejar expresarse por sí sola a la tempranillo. A destacar que este tinto se elabora tan solo en las añadas excelentes y es el resultado de una selección de uvas de las mejores parcelas del viñedo. Ideal con el plato habitas, guisantes y cogollos ligeramente estofados y arroz a la parmesana.

*Marqués de Vargas Hacienda Pradolagar 2015-. La nota sorprendente de este vino es la presencia de la mazuelo en un 20%. El equipo técnico confesaba ayer que habían conseguido obtener buenos e inesperados resultados de esta complicada variedad. Es singular, elegante, aromática y goza de buena acidez. Hay que destacar que este vino de finca nace en el pago de La Victoria con solo 3 hectáreas, de producción y rendimientos muy limitados. Sus viñedos tienen una antigüedad de 41 años y se elabora exclusivamente en grandes añadas, madurado en barrica de roble francés del que tan solo salen 3.000 botellas. Para maridarlo, un filete de vaca ecológico madurado a la brasa, patatas pont-neuf, chalotas confitadas y salsa café de París.

*Conde de San Cristóbal Reserva especial 2015-. Se elabora tan solo en las añadas excelentes y es el resultado de una selección de uvas de las mejores parcelas del viñedo. El cuidado de la viña y la rigurosa selección de la uva hacen que Conde de San Cristóbal Reserva especial 2015 sea un gran vino, potente y estructurado.


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