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De vinos

Innoble 2019: Mariachis, mesas calientes y muchos vinos buenos

Yolanda Ortiz de Arri
Yolanda Ortiz de Arri 25/6/2019Comentarios

Sospecho que los locos del vino, en general, frecuentan poco las plazas de toros, pero cuando Armando Guerra y Rayco Fernández dicen que organizan en una de ellas “el mejor wine festival del norte de África en la periferia de Doñana”, la asistencia se dispara. Si hay que venir a Innoble desde Dublín o Donosti, se viene.

Luis Gutiérrez y varios productores, en el tendido de la plaza de toros de Sanlúcar. Foto: Estanis Núñez

Luis Gutiérrez y varios productores, en el tendido de la plaza de toros de Sanlúcar. Foto: Estanis Núñez

Con el buen sabor de boca del irreverente primer Innoble 2017 en Sanlúcar, una parte del diminuto colectivo de bebedores que gastamos unos cientos (bueno, miles) de euros al año en vino en España —en 2016, la media por habitante en hogares estaba en 25 €— nos apuntamos en los años impares al noble arte del disfrute diurno y nocturno de más de un centenar de blancos, tintos, espumosos, dulces y generosos en los pasillos del coso sanluqueño.

Innoble se celebra en un ambiente informal y relajado, con buenos vinos y gente con camisetas con lemas que dicen “Contengo sulfitos” o “El palo cortado es un invento de Donald Trump”. Es la excusa perfecta para volver un año más a Sanlúcar, donde una manzanilla y unas papas aliñás en la Taberna Herrerías o en la plaza del Cabildo siempre saben a gloria.

Algunos Innobles ya había entrenado la víspera en uno de los patios de Bodegas Barbadillo. Allí, en el barrio alto de Sanlúcar, Luis Gutiérrez, el crítico del Wine Advocate y buen amigo de los organizadores, pinchó música para acompañar los 10 vinos “homeopáticos” que seleccionó para una noche de luna llena y una audiencia de aficionados, sumilleres, distribuidores, un par de importadores y un puñado de productores como Juan Carlos López de la Calle (Artadi), Xabi Sanz (Viña Zorzal), Borja Pérez (Ignios Orígenes), David Sampedro y Melanie Hickman (Bhilar), junto a otros que participaban al día siguiente como expositores.

 

Lo nuevo de Peter Sisseck y lo viejo de Antonio Flores

Como en la edición anterior, hubo música en directo con mariachis y una banda de jazz (“a Rosalía ni se le esperaba ni estaba invitada”, según Rayco) y turnos de mañana y tarde para que los productores también pudieran probar vinos de otras bodegas. Y como ocurrió en 2017, algunos asistentes no se dieron cuenta de que en Innoble se practica el hotdesking o “mesa caliente” y se quedaron sin probar algunas de las últimas añadas y novedades de Comando G, Descendientes de J. Palacios, 4 Kilos, Lunares, Equipo Navazos, Barbadillo, Alvear, Muchada Léclapart, Zuccardi, Domaine Rapatel de Nîmes o Peter Sisseck, que presentó por primera vez al público dos sobretablas y dos finos, embotellados directamente de la bota para la ocasión, de viñedos que ha adquirido en los pagos de Balbaína (8 ha) y Macharnudo (2 ha) para su nuevo proyecto en Jerez y que saldrá a la venta en 2020. No será un vino barato pero, por lo que probamos, seguro que será muy bueno.

También se agotó enseguida el oloroso de 1835 (año fundacional de González Byass) que Antonio Flores y su hija Silvia servían en mini dosis. “Es probablemente el vino más extremo que he probado en mi vida: extremadamente viejo, extremadamente concentrado y extremadamente bueno”, decía de él Willy Pérez, recuperador, junto a Ramiro Ibáñez, de estilos y formas antiguas de elaborar jerez. Sus vinos, así como los del resto de componentes de Territorio Albariza (Callejuela, Forlong y Primitivo Collantes), fueron algunos de los grandes triunfadores del turno de mañana.

De izquierda a derecha, Sebastián Zuccardi, Juampi Michelini, Marcelo Retamal, Matías Michelini y Alejandro Vigil. Foto: Estanis Núñez

De izquierda a derecha, Sebastián Zuccardi, Juampi Michelini, Marcelo Retamal, Matías Michelini y Alejandro Vigil. Foto: Estanis Núñez

Por la tarde tomaron la alternativa productores tan diversos como Clos Massotte (Languedoc Roussillon), Azores Wine Company, Fio Wines (rieslings de Marco Niepoort en Mosela), Casa Castillo, Envínate, Cume do Avia, Viñedos Verticales, Calandria, Gramona, Puro Rofe, Poniente (el nuevo proyecto de vinos generosos de Alberto Orte y el importador americano Patrick Mata en Jerez) o Mayetería Sanluqueña, que presentó en sociedad a su cuarto integrante. Daniel Rodríguez, perito agrícola de día y valiente viñador de tarde, trajo su vino Corta y Raspa Esbaratao, proveniente de media aranzada plantada en 1941 en el pago de Miraflores Baja. El de los mayetos es, sin duda, un proyecto pequeño que engrandece el Marco de Jerez.

Mesa a mesa, vino a vino, Armando y Rayco consiguieron juntar a 25 productores de varios países. “A lo tonto tuvimos a Peter Sisseck con su nuevo proyecto, a Puro Rofe de Lanzarote en territorio peninsular en primicia, a Fio Wines desde Alemania por primera vez aquí, por no hablar de juntar en una cata a los mejores productores del Cono Sur, todo esto entre albero y restos orgánicos de animales… ¡Bizarrismo vinícola!”, bromeaba Rayco un par de días después de clausurar esta edición de Innoble.

Normal que reconociera “cierto vértigo” al haber conseguido que una fiesta “sin mayor pretensión que la de pasar un buen día entre amigos, vinos y música” agote las entradas y congregue a profesionales de España y otros nueve países. “No olvides que esto no es una feria de vinos con un fin comercial para una empresa. Yo no tengo intereses comerciales en la región y Armando no es distribuidor”, explicaba Rayco.

Armando Guerra y Rayco Fernández. Foto: Estanis Núñez

Armando Guerra y Rayco Fernández. Foto: Estanis Núñez

Catas internacionales

Una de las novedades de esta edición de Innoble fueron las catas en toriles para 15 personas —y a 10€, una ganga—. Estuvieron Marco Nieeport (Fio Wines) por la mañana y los hermanos Michelini (Juampi y Matías), junto con Alejandro Vigil (Catena Zapata, Bodega Aleanna) y Sebastián Zuccardi de Argentina y Marcelo Retamal (De Martino, Viñedos Alcohuaz) de Chile por la tarde. Presentados por Luis Gutiérrez, que ha contribuido con su trabajo como crítico de Argentina y Chile a que haya una mayor interacción entre productores de España y el Cono Sur, fue un lujo poder probar siete vinos de la mano de quienes están en la vanguardia de la elaboración de vinos de calidad en Sudamérica. Lo grande además es que transmiten muy buenas vibraciones: no se ven como competidores o rivales entre ellos, sino que han entendido que juntos son más fuertes y capaces de trasladar su identidad al mundo de forma más efectiva.

El “guatequito final” en el ruedo comenzó al finalizar la sesión de tarde. Aunque algunos asistentes comentaban que la fiesta nocturna perdió algo de frescura frente a la edición de 2017, celebrada en un espacio más pequeño y con mucho vino y buena comida, todo el mundo apuesta por repetir en 2021. Porque nunca va a llover a gusto de todos y porque a Sanlúcar se viene sí o sí.

Será una tercera edición en la que habrá nuevos productores y vinos, nuevas camisetas y nuevos grupos de música, pero Armando y Rayco seguirán organizando este festival con las mismas intenciones y buen humor: “Esto lo hacemos porque Vinoble es un gran salón, pero bianual, y al Marco de Jerez un profesional no puede venir cada dos años; eso no puede ser”, indica Rayco.

Como reza el lema de Innoble, “ellos tienen la pasta, nosotros la fiesta”. Y que sigan, ambos, por muchos años.


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