Un día estás tranquilo con tus cosas y de repente te cae un encargo de esos que te eleva las cejas hasta el infinito y te hace resoplar como un búfalo: «Liderar desde la cocina: claves para la restauración del futuro», casi nada. Tengo dos opciones. ¿Les digo que ok, que justo esa es mi especialidad, que no hay día en que no piense en ese tema tan interesante como estratégico y me lanzo al ChatGPT para empezar o me doy mus?
Cualquier decisión es lícita y comprensible. Yo tengo mi visión y mis ideas al respecto, pienso para mi interior, pero Dios me libre de sentar cátedra o ‘gurusificarme’ y más aún de tirarme a un lenguaje de segundo de consultoría y decir ‘roadmap’, ‘framework’, ‘KPIs’ y ‘value proposition’.
A la pata la llana, si me lo preguntara un amigo mío que quiere que le hable sin rodeos, le diría que lo de ‘liderar desde la cocina’ exige lo mismo que liderar desde el puente de un barco o desde el banquillo de una cancha de basket. Tal y como yo lo veo, liderar es tener una idea clara, un objetivo, una visión, un propósito, como se quiera, y luego –y sobre todo– capacidad para contagiar al resto del equipo de esa ilusión y de esa visión para hacerlo posible. Marcar prioridades, poner un poco de método y de orden y ni autoengañarnos ni ‘engañifar’ a los demás de nuestro grupo. No se puede tener la visión de ganar la Eurocopa y cuando no se pasa de la primera ronda justificarnos diciendo que ya dijimos al equipo que el objetivo era ganar. ¿Y qué medios se pusieron para lograrlo? ¿Cómo de realista fue el planteamiento? ¿Qué fichajes, trabajo y esfuerzo personal y colectivo se ha hecho para que el deseo tuviera más oportunidades de llegar a ser realidad?
Sentido común
Sobre la segunda parte del encargo –claves para la restauración del futuro– podría añadir otro par de cosas de sentido común. Me perdonarán, pero si Zapatero como presidente del Gobierno aprendió Economía en dos tardes con Jordi Sevilla…
Yo apuntaría bajito y repasaría las claves de lo que sí funciona en el presente. El futuro –tal y como va el mundo aún más– no es más que una proyección de la mente. Pero aterricemos para leer el espacio –el famoso estudio de mercado pero sin rimbombancia–, para ver los huecos reales y lo que se demanda o demandará, ‘fasear’ el proyecto para reducir el riesgo y darle importancia, como decía John Carlin, al factor humano, eso tan fácil de enunciar como difícil de conseguir. Seguro es uno de los temas sobre los que más se ha escrito, pero no conozco empresa de recursos humanos ni receta que ofrezca seguridades y garantías razonables de éxito. Se impone la PPC, paciencia, perseverancia y confianza.
Liderar desde la cocina, en mi opinión, no es adoptar un lenguaje nuevo ni asumir un rol grandilocuente. Es saber cuándo estar, cuándo escuchar y cuándo dejar hacer. El liderazgo real se ancla al trabajo real en el negocio. Detrás de las palabras a alguien siempre le estarán esperando los veinte kilos de cebolla. El liderazgo no se implanta: se practica.
Dicho de otro modo, probablemente el liderazgo en restauración no consista en dirigir desde la cocina, sino en entenderla. Y eso, aunque no le guste a Zapatero, creo que no se aprende en dos tardes.