Madres y cocineras: otra lucha femenina

En Latinoamérica en general y en México en particular, el feminismo ha centrado su lucha en los derechos reproductivos de las mujeres: amparar a quienes deciden no tener hijos. ¿Qué pasa con las que quieren ser madres y trabajar en cocina?

Dos ideas han sido constantes en la construcción de la desigualdad femenina: el imperativo de tener hijos y la creencia de que el lugar de toda mujer estaba en la casa y en la cocina. Hoy, muchas mujeres se incorporan a las cocinas como profesionales. El éxito profesional y la maternidad plena son una combinación reservada a muy pocas. Pareciera que, mientras más se habla de liberación femenina, más alta es la vara para llegar a ella si tienes hijos. 

Madres que generan todo… menos dinero suficiente

Nadie puede trabajar 16 horas y al mismo tiempo atender a un hijo que dependiente en su totalidad de ti, ni aunque lo hagas para darle lo básico. La remuneración económica no compensa. En México, el salario mínimo es apenas de 307,5 pesos diarios (15 euros), y cada vez son menos los apoyos gubernamentales para madres y gestantes. Sumado a esto, hay una brecha salarial del 30% entre hombres y mujeres dentro de la industria gastronómica. 

 

Mildred Castillo es mayora (jefa de cocina) del restaurante Marganzo, en el sureste mexicano. Para poder mantener a su primera hija dobló turnos, atendió eventos y trabajó de noche mientras su hermana le ayudaba a cuidar a la bebé. Con su segundo embarazo, el grado de complejidad aumentó al quedarse como la única en aportar ingresos a su hogar.

Mildred Castillo
Mildred Castillo, chef mexicana, mayora del restaurante Marganzo y madre.

A pesar de que en sus dos embarazos tuvo el apoyo de sus empleadores y de que su hermana la ayudaba mientras ella iba al restaurante, no fue suficiente. “Como madre, dejas a tus hijos por trabajar y los atiendes, pero no queda tiempo para disfrutar, para estar con ellos. Probablemente, el día que yo sea abuela pueda resarcir eso que quedé a deber”, reflexiona.

 

Tan solo en 2024, las labores de cuidados no remunerados en México representaron el equivalente a un 23.9% del PIB nacional (algo más de 400 millones de euros), según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Las mujeres asumen la mayor carga, aportan más recursos y también trabajan más que sus pares en casa.

Sistemas anti-hijos

La industria es injusta con las mujeres con hijos, que, irónicamente, son mayoría en el mercado laboral. De acuerdo con el INEGI, el 33% de los hogares mexicanos son mantenidos por mujeres, y la industria de alimentos y bebidas genera uno de cada tres de esos empleos. Si casi la mitad de la fuerza laboral en la industria gastronómica se compone de madres, ¿En qué hemos fallado para construir un entorno que favorezca la crianza?

 

Otro ojo habría que poner en las dinámicas domésticas. Brenda** es mamá de cinco hijos y abuela de ocho nietos, cuatro de los cuales mantiene. De acuerdo con su empleadora, varias veces ha llegado al trabajo con marcas de violencia, por lo que a menudo dobla turnos para lograr más ingresos y estar menos en su casa. Este reflejo es la realidad del 70% de las mujeres en México de acuerdo con el CONEVAL: además de sostener la familia, son víctimas —y proveedoras— de sus agresores.

Cocinera tradicional mexicana
Cocinera tradicional mexicana y madre.

El horror no escapa a la alta cocina, ni es exclusivo de restaurantes: Andrea** volvió de su maternidad antes de tiempo solo para enterarse que la empresa en la que trabajaba —un supuesto fondo para empoderar proyectos gastronómicos— era un fraude. Eso le privó de la indemnización por maternidad que por ley le correspondía. Su jefa directa había amedrentado a todo el equipo de trabajo en su ausencia, esgrimiendo una supuesta experiencia en grandes restaurantes de México y EE UU. Andrea se quedó sin empleo y sin ahorros, y sufrió el acoso laboral de aquella mujer en su embarazo. Pareciera que, a costa de un espejismo de éxito, ni siquiera entre iguales de género se logra una empatía.

 

Historias como estas y constantes acusaciones de acoso en redes sociales prenden las alertas sobre lo que debe cambiar en el sistema de alta cocina, y, más allá de eso, la formación ética de los cocineros. Como dice el chef Mikel Alonso, “para ser buen chef primero hay que ser buena persona”.

Un ecosistema creado para resistir

Frente al golpe de realidad también hay sororidad, y algo que ellas han logrado construir: un tejido silencioso de redes de apoyo que validan aquel dicho de que se necesita todo un pueblo para criar a un solo niño. En México, tres de cada cuatro personas que realizan labores de cuidados son mujeres, y aquellas que además deben trabajar para llevar sustento a sus hogares se apoyan en madres, hermanas, abuelas, vecinas o tías; más aún después de que en los últimos ocho años se hayan cerrado más de 9.000 estancias infantiles (escuelas-guardería) en el país.

 

Cuando a Marta Zepeda le dieron la noticia de que su hija Sabina estaba en coma por el  efecto adverso de la anestesia tras una operación por un accidente, no tuvo más alternativa que que dejar San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, con la intención de darle atención médica en la Ciudad de México. 

La chef Marta Zepeda
Marta Zepeda, chef de Tierra y Cielo junto a su esposo, Kievf.

Tierra y Cielo, el restaurante que construyó de la mano de su esposo, Kievf, es el sustento de su familia. y ha tenido que gestionarse a la distancia durante más de un año. “La prioridad es ella”; afirma Marta. “Tuvimos que reacomodar todo y apoyarnos de la gente que nos rodea para mantener vivo el restaurante; somos muy afortunados pero ha sido profundamente desgastante”.

 

Algo similar sucedió con Diana López del Río, chef investigadora y cabeza del restaurante Mux. Fue madre soltera de Emiliana, su primera hija. Sola, incentivó a su padre a volver de los Estados Unidos —donde tenía un trabajo pero no papeles, lo cual hacía muy complicada su estancia con la política migratoria entonces emprendida por Obama— y entre los dos construyeron una dinámica en la que Diana pudiera ser el sustento económico sin dejar desatendida a Emiliana.

 

A Diana le sirvió su experiencia para no repetir el patrón en su propio proyecto. Prioriza los horarios de sus empleadas madres con la intención de que sea más sencilla para ellas la crianza de sus hijos; da seguimiento puntual a los contextos de aquellas mujeres que construyen Mux y tiene políticas claras sobre la ayuda que les provee que va más allá de lo que la ley exige.

Mujeres que inspiran a mujeres

Cuando alguien pregunta a un chef sobre qué lo inspiró para vivir su vocación, siempre aparece en la historia una madre, abuela, tía o figura femenina que le presentó, en la cocina, un mundo lleno de posibilidades.

 

La retribución a estas madres es necesaria: crear espacios para ellas donde alcancen el éxito laboral sin sacrificarse a sí mismas ni a sus hijos por la idea de un éxito que solo disfraza explotación y abuso.

Foto mujer en la cocina con hija
Hay que crear espacios y articular medidas para que las cocineras profesionales puedan ser madres sin renunciar al éxito profesional ni a la maternidad plena.

Los testimonios son tan abundantes como las mujeres mismas, llenas de matices y sacrificios nunca visibilizados. Porque en espacios de tanta desigualdad, no queda opción más que lograr el doblete de vida con la esperanza de inspirar a las siguientes generaciones de cocineros para así lograr un cambio estructural real.

 

El acto verdaderamente revolucionario es criar un hijo cuando tienes todas las razones para no hacerlo.

 

**Los verdaderos nombres de Brenda y Andrea han sido ocultados para respetar su privacidad y preservar su integridad.

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