Argentina 2026: "no es una cosecha cómoda; es una cosecha verdadera"

Temperaturas moderadas, maduraciones lentas y lluvias puntuales hacen que referentes como Alejandro Vigil, Sebastián Zuccardi, Federico Gambetta o Andrés Vignoni coincidan: la vendimia argentina 2026 puede dar vinos de gran frescura, precisión y carácter territorial

Mariana Gianella

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El vino está atado al cielo, la montaña, las nubes, el agua. Pocas industrias dependen tanto del tiempo y el clima. El productor remonta ese barrilete cada año con el corazón en la boca, tratando de descifrar qué tiene que hacer, prendiendo luces a los santos y aprendiendo del pasado para decodificar el futuro. A esto hay que agregarle un factor: treinta años de buena enología han sumado al país la variable añada como un dato importante, ya que los productores conocen mucho más sus suelos, sus variedades y cómo puede impactar el año en sus portfolios.

 

Sin embargo, escuchando a los que saben, todas las añadas parecen ser buenas. Es difícil, en un contexto de defensa del producto, encontrar las diferencias. En la búsqueda de esa sutileza es que pregunté a grandes referentes del país cómo había sido la vendimia. Esta es una foto anual por zonas. Un año expresado por distintos productores y productoras del país, que cuentan desde sus lugares, qué esperar en la 2026.

Mendoza

La vendimia 2026 en Mendoza dejó una sensación compartida entre distintos productores: fue un año exigente, poco lineal y de enorme recompensa para quienes pudieron interpretar el viñedo a tiempo. Desde Catena Zapata y Casa Vigil, Alejandro Vigil trata de expresar el espíritu de la temporada con una frase: “Hay cosechas que se dejan contar fácil. 2026 no es una de ellas”. La define como una vendimia fría, larga y logísticamente compleja, donde el frío “retrasó, tensó, ordenó”. Para Vigil, ahí estuvo la clave de la calidad: “Nos permitió alcanzar una madurez polifenólica en perfecta sintonía con la alcohólica”. Sobre el estilo de los vinos, anticipa una cosecha de perfil serio y profundo. “La fruta no grita, se insinúa” serán vinos austeros, tensos y verticales. Y termina con una definición que probablemente quedará como una de las frases del año: “No es una cosecha cómoda. Es una cosecha verdadera”.

El vino nuevo recién extraído del prensado o estrujado de la uva.
El mosto para el vino nuevo, recién extraído del prensado o estrujado de la uva.

En Valle de Uco, Sebastián Zuccardi ubica a 2026 entre los grandes años recientes. “Yo me animo a decir que es un gran año. Al nivel del 2019 y del 2021”. Destaca la llegada de uvas muy sanas y con “muy lindos niveles de acidez y pH”, tanto en blancas como en tintas. Su lectura del clima pone el foco en la diversidad interna del Valle de Uco. Explica que las mayores complicaciones estuvieron en las zonas más altas, tras una helada a fines de octubre precedida por una nevada. “Arriba de los 1.400 metros en San Pablo, arriba de los 1.500 en Gualtallary y en Chacayes se produjeron heladas”, señala, marcando que la altura volvió a ser un factor decisivo.

 

Más allá de esos episodios, define el resto del ciclo como una temporada fresca, sin máximas extremas ni olas de calor prolongadas. “Eso tiene mucha influencia en mantener acidez y pH muy buenos”. También remarca que la cosecha fue entre 10 y 15 días más tardía que la del año pasado, acercándose a un calendario más clásico para la región. Sobre las lluvias, aclara un matiz importante: “No me animo a decir que fue húmedo, sino un año con precipitaciones puntuales en enero y marzo, en momentos sensibles del ciclo”.

Vendimia en la bodega argentina Puerta del Abra.
Vendimia en la bodega argentina Puerta del Abra.

Desde Raquis, Andrés (el mono) Vignoni pone el foco en los contrastes. Recuerda un arranque con “problemas meteorológicos severos”, heladas y nieve en zonas altas como San Pablo, Gualtallary y Chacayes. Sin embargo, la cosecha terminó sorprendiendo. “Nos encontramos con uva que estaba en buenas condiciones para vinificar”. Lo que vio en bodega lo entusiasma especialmente: “Vinos con energía tremenda, pH como hacía mucho no veíamos”. Y describe un perfil distinto al de años más opulentos. “No fueron a la golosidad, no fueron al volumen de boca, sino que se mantuvieron tensos, finos y de una longitud bárbara”.

 

En Altos Las HormigasFederico Gambetta observa en 2026 un cambio de lógica respecto de las últimas vendimias cálidas. Después de varios años donde el desafío principal fue contener excesos de madurez y preservar frescura, entiende que esta cosecha devolvió equilibrio natural al viñedo. “Fue totalmente al revés, todo sucedió perfecto”, resume, aunque enseguida aclara que ese “perfecto” depende mucho de cada zona. Menciona heladas en las partes altas de Gualtallary y San Pablo, granizo en sectores bajos y presencia importante de peronóspora en distintos puntos de Mendoza. Aun así, sostiene que la fruta que logró atravesar esos episodios llegó en condiciones sobresalientes. “Lo que quedó, sobrevivieron las heladas y sobrevivieron las enfermedades y granizos, está espectacular”.

 

Para Gambetta, el rasgo central del año fue la maduración lenta provocada por una temporada fresca, algo que permitió conservar pH bajos, buena acidez natural y alcoholes equilibrados. “La semilla estaba perfecta”, señala, marcando la armonía entre madurez interna y externa de la baya. En términos de perfil, anticipa vinos de fruta azul y roja, con mucha textura, fineza y potencial aromático. También introduce una mirada enológica interesante: después de varias añadas donde dominaron las crianzas en cemento o recipientes neutros, cree que 2026 vuelve a abrir espacio para el uso inteligente de la madera, especialmente en formatos grandes o esquemas mixtos. “Es una añada increíble para el recuerdo”, afirma. Y concluye con una frase que resume su entusiasmo: “Es vino en el que no hay que hacer nada. Hay que cosechar y fermentar”.

Buenos Aires

La provincia de Buenos Aires volvió a mostrar que sus zonas vitivinícolas ya no son una curiosidad, sino territorios con identidad propia y respuestas cada vez más consistentes. Gerardo Pereira, de Bodega Gamboa trabaja tanto en Madariaga como en Campana, y  explica cómo la cercanía al mar condiciona todo. “La influencia principal que tiene el clima oceánico es la frescura que confiere al escenario de la planta”. Eso permite noches más largas y frías, con impacto directo en la acidez. Sobre 2026, cree que puede dejar vinos de guarda. “Si le damos buena madurez polifenólica, vamos a tener vinos con buena presencia en boca, alcoholes no demasiado presentes y muy buena acidez”. Respecto de las variedades, Pereira ve un nivel general parejo, aunque se anima a señalar: “Creo que el cabernet franc va a subir un poquito por encima de los demás”. En Madariaga, además, encuentra un plus diferencial. “Tenemos unos cinco grados menos durante todo el año. Eso hace que haya una riqueza ácida que lleva a los vinos a un mejor potencial de guarda”.

El viñedo en Trevelin, vestido con los colores del otoño y listo para la vendimia.
El viñedo en Trevelin, vestido con los colores del otoño y listo para la vendimia.

Desde Bodega Puerta del Abra, en Balcarce, Mariana Boero habla de una temporada desafiante pero satisfactoria. “Ha sido una muy buena vendimia, con muy buena calidad de uva”. Hubo granizo, hormigas y otros desafíos típicos de la zona, pero la fruta que llegó a cosecha lo hizo sana. Entre las variedades, está especialmente sorprendida por algunos resultados. “El albariño y el riesling presentan muy buenas expresiones aromáticas”. Y agrega “Estoy sorprendida de los aromas de este año del tannat”.

Patagonia-Chubut (Trevelin)

En Trevelin, la Patagonia mantuvo su línea de pureza climática y regularidad productiva. Desde Contracorriente, Sofía Elena resume la temporada con sencillez. “Muy parejo todo y buena maduración”. Señala que hubo un poco más de calor que otros años, lo que puede mejorar la concentración. “Más sabor, más cuerpo, más todo”. También remarca una condición central del valle que contrasta mucho con las lluvias de verano que tuvo Mendoza: “Cero humedad acá este año”. También desde Trevelin, Emma Gomez de Viñas de Ñant y Fall describe un escenario muy alentador. “Tenemos un año bastante lindo”. Si bien por la latitud sur su vendimia recién está comenzando, cuenta que la cosecha se adelantó más de una semana y las heladas para esa zona patagónica fueron leves. Su conclusión es muy entusiasta “Creo que vamos a tener una hermosa vendimia”.

Jujuy – Quebrada de Humahuaca

En el norte argentino, la altura volvió a ofrecer vinos de gran carácter. Desde Bodega Kindgard, Estancia Los Cardones y Huichaira Vineyards, Diana (La Tana) Bellincioni cuenta que el verano fresco demoró la cosecha, pero trajo beneficios claros. “Hoy contamos con uvas con muy buena acidez, muy buena sanidad, muy buena fruta”. Destaca además el sello aromático del lugar: “Esa característica especiada y herbal muy típica de la Quebrada”. Entre las variedades, una la sorprendió especialmente. “Yo creo que es el año del cabernet franc acá en la Quebrada”. Y suma una novedad: “Hicimos nuestra primera garnacha purmamarqueña, superilusionados con eso”.

El mosto recién salido de la prensa
El mosto recién salido de la prensa.

En síntesis. Las voces de todo el país coinciden en algunos puntos centrales. La vendimia 2026 fue fresca en gran parte de las regiones, con maduraciones lentas, buena acidez natural y perfiles más tensos que opulentos. También fue un año muy dependiente del lugar. Heladas, granizo, lluvias puntuales o enfermedades afectaron de manera desigual, lo que vuelve difícil hablar de una sola cosecha. Las lluvias de verano en Mendoza sorprendieron al no influir en la sanidad de la uva pero si en el aporte de frescura, mientras que Patagonia y el NOA al parecer tuvieron un año más seco. Las mejores definiciones llegaron de sus protagonistas, todos con distintos tonos para decir algo parecido, 2026 puede dejar vinos memorables.

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