Según la Real Academia Española, barra es, en su décima acepción, el “mostrador de un bar o establecimiento semejante”. Esa es a la que hoy me refiero. Porque barras hay muchas, desde las de sushi hasta las de los modernos “gastrobares”. Pero para mí, la barra es esa, la del bar, aquella en la que uno puede acodarse para disfrutar de un vino o de una caña de cerveza bien tirada acompañada con su correspondiente tapa y, si se tercia, con alguna ración. De las cañas, sustituidas las tradicionales en vaso (que por algo se llama vaso de caña) por copas gigantescas que rápidamente pierden presión y temperatura, ya hablaremos otro día. Pero estamos con las barras y su paulatina desaparición.
Porque me niego a llamar barra a esos mostradores que se han llenado de mesas y sillas altas donde resulta obligatorio consumir determinadas cantidades. Si no es así, no hay sitio. Ocurre especialmente desde la pandemia. El otro día, sin ir más lejos, en una renombrada marisquería madrileña cuya barra era una de mis favoritas y donde ya no es posible tomarse una simple caña. Ahora sólo te dejan sentarte si vas a gastar. Sentarte, porque lo de estar de pie, aunque sea apretado, que siempre ha sido una característica de las barras, ya tampoco se estila.
Me gustan las barras. Me gusta apoyarme en ellas. Incluso tiene su encanto, cuando están llenas, abrirse paso a codazos para llegar. O pedir desde la segunda fila las consumiciones al camarero (algunos encantadores, sarcásticos bastantes y en determinados casos muy bordes). Me gusta hacer “una ruta” de bares y no anclarme en el primero.
Quiero barras en las que si sólo me apetece esa caña o un vino me lo pueda tomar tranquilamente sin que me miren mal. Y donde si un día lo que me apetece es comer algo tengan una buena oferta de tapas y de raciones escritas en una pizarra. No quiero tener que pedir permiso para sentarme en una mesa alta que siempre tenga el cartel de “reservado”, aunque casi nunca lo esté. No quiero que el bar de toda la vida se convierta en un “gastrobar”. Porque lo bueno de una barra es la libertad, y no tener que estar dando explicaciones al entrar al local sobre si voy a consumir más o menos. Nos estamos cargando (se están cargando) algo tan español como es el tapeo. Que no nos quiten las barras.