El puesto no tiene letrero. Está en la Plazuela de Balderas, entre el ruido de la avenida y la indiferencia de los que pasan sin mirar. Sobre la mesa, apiñados con una lógica que solo ella comprende, libros de cocina: tratados de técnica francesa, recetarios regionales, manuales de pastelería, volúmenes sobre cocina prehispánica. Y entre
