El Camino de Santiago, en su variante portuguesa, se recorre para llegar, pero también para demorarse andándolo. Los peregrinos avanzan hacia una plaza, una catedral y un abrazo sagrado, pero entretanto les suceden cosas: un puente, una conversación, una lluvia inesperada, el olor del pan recién hecho, una copa de vino, una mesa donde alguien
