1. Aranjuez: Casa José
C/ Abastos, 2. Tlf.: 918 911 488. casajose.es
Una visita a los Reales Sitios de Aranjuez declarados Patrimonio de la Humanidad no estaría completa sin, antes o después de la misma, pasarle revista a los tesoros de la espléndida huerta arancetana. Y no hay mejor sitio para hacerlo que Casa José, restaurante familiar inaugurado a mediados del siglo pasado y que actualmente regentan los hermanos Fernando (cocina) y Armando del Cerro (sala).

Un local dividido en dos ambientes: el atelier de la planta baja, más informal y completamente atestado a la hora del aperitivo, y el comedor gastronómico de la primera planta, donde, además de la carta, se ofrece un menú degustación de seis pases a 60 €. En ambos son protagonistas las verduras y las hortalizas, que Fernando ensalza y sublima en preparaciones elegantes, vibrantes, sutiles y, sobre todo, excitantes, que refutan por completo aquello de que comer verde es aburrido.
Pero, ojo, que no se trata de un restaurante vegetariano (aunque existe la opción de hacer una comida de este tipo), ya que muchos platos llevan fondos elaborados con proteínas y en otros son protagonistas la carne y el pescado, con los vegetales como acompañamiento. ¿Ejemplos? Lentejas caviar con angula de monte, manos de cerdo y puntilla frita; espinacas al wok con orejones, daikon, mollejas y cigala o rape cocido sobre bastones de nabos e infusión aromática.
Muy buena bodega, a precios más que razonables.
2. Becerril de la Sierra: Malabar
Calle Real, 14. Tlf.: 918 538 936
Yago Márquez, natural de Majadahonda, y Cecilia Delpech, argentina, se conocieron en el Martin Berasategui de Lasarte. Luego viajaron a China para abrir Martin en Shanghái y, de ahí, a Buenos Aires, donde se instalaron durante un tiempo. En 2019 abrieron Malabar en Navacerrada y, después de dos años complicadillos, las pandemias es lo que tienen, en 2021 se trasladaron a una casa serrana de la vecina Becerril de la Sierra. Y ahí siguen, cinco años después.

Ellos definen su proyecto como “bistró nómada”. Bistró, por el escenario, funcional y sin alharacas. Y nómada porque, además de ser dos viajeros inquietos e impenitentes, intentan darle un espíritu cosmopolita a su propuesta gastronómica.
Una propuesta que consiste en una carta cortita, con once platos que van cambiando en función de la temporada, aunque hay dos que se han convertido en santo y seña de la casa y no se pueden tocar, la anchoa con brioche con mantequilla ahumada en frío y unos callos notables, untuosos y bien trabados (aunque algo tímidos en cuanto a picante). Otras recetas que se pueden encontrar actualmente son la empanada de carrillera al curry con coco o el flan de carabinero con gamba de cristal.
De los postres se ocupa Delpech, varían semanalmente y se cantan de viva voz una vez terminada la parte salada. Y en la bodega, se apuesta por los vinos radicales y naturales.
3. Navacerrada: Carande
Plaza del Doctor Gereda, 10. Tlf.: 683 491 066
Discípulo aventajado, y orgulloso de proclamarlo, del maestro Hilario Arbelaitz. Enamorado incondicional de la Sierra de Guadarrama. Apasionado de la cultura y la gastronomía japonesas. Éstos son los tres atributos fundamentales del treintañero madrileño Carlos Carande, que iba para economista y acabó dedicándose a la cocina y abriendo en 2021 este restaurante que lleva su apellido por nombre y se localiza en una de las localidades más bonitas de la susodicha Sierra de Guadarrama.

En una zona donde proliferan los asadores y los mesones familiares, Carande ha apostado desde sus comienzos por una gastronomía atrevida y arriesgada, en la que la creatividad y la obsesión por el perfeccionismo se conjugan con una notable técnica para, como él mismo señala, “contar historias a través del producto de temporada”.
Se puede comer a la carta, con platos de enunciados más tradicionales que su contenido (nuestra menestra de verduras, trucha del Pirineo asada, solomillo de la Sierra del Guadarrama) u optar por el menú degustación Made in Japan: Diario de un viaje, un periplo de doce pases por la isla de Hokkaido (95 €).
La estupenda y muy variada bodega es un plus añadido, que denota la pasión incondicional de Carande por el vino.
4. Pozuelo de Alarcón: Ancestral
C/ Saliente, 2. Tlf.: 608 577 658
En primavera de 2025, el restaurante Ancestral, bendecido con una estrella por Michelin en la localidad toledana de Illescas, daba un salto sin red y se trasladaba a la urbanización Monte Alina, en el municipio con la renta per cápita más alta de España, Pozuelo de Alarcón. Allí, ha desarrollado una fórmula que viene a ser un dos en uno: el restaurante gastronómico propiamente dicho en la planta superior (que, por cierto, ha renovado el florón micheliniano) y un concepto más informal, Aleño Brassafina, en la planta baja y en la terraza.

Por lo demás, culinariamente la cosa se mantiene más o menos igual que en Illescas: los cocineros Víctor Infantes y Saúl González siguen practicando la misma cocina manchega de enjundia que les encumbró, con la brasa como hilo conductor, largas cocciones a fuego lento y una apuesta firme por productos como la caza, los pescados de agua dulce o la casquería.
Su menú degustación, Pardo (100 €), se divide en seis apartados de epígrafes altamente representativos de lo que incluyen: Taberna, Tiempo, Río y Arroyo, Mar de Secano, Campo y Monte y Postre. Algunos platos a destacar pueden ser consomé de gallina y tomillo; sopas de ajo en olla de barro y gamba roja a la brasa; trucha fario a la brasa y sus huevas ahumadas o corzo a la brasa y cerezas encurtidas. Son platos reconocibles y reconfortantes, que destilan autenticidad y azuzan la memoria gustativa y, por ende, que tienen un sugestivo punto nostálgico.
En la bodega están bien representados, obviamente, los vinos de Castilla-La Mancha… pero los franceses (champagnes, burdeos y borgoñas) no le andan a la zaga.
5. San Lorenzo del Escorial: Montia
Juan de Austria, 7. Tlf.: 911 336 988
Productos de Kilómetro Cero, ya sean procedentes de pequeños proveedores de la zona de la sierra madrileña o, en el caso de las verduras, directamente recogidos de su propio huerto. En Montia hay una apuesta innegociable por la temporalidad, lo ecológico y lo biológico. Radicalidad máxima en sus postulados. Transgresión, provocación y disrupción.

Dicho todo esto, está claro que el Montia que Daniel Ochoa inauguró hace casi tres lustros (junto a su entonces socio Luis Moreno, que hace unos años abandonó el proyecto) es un restaurante único, inclasificable e inimitable, que derrocha personalidad y luce una marcada identidad propia. Algo muy de agradecer en estos tiempos de restaurantes adocenados y con cartas casi clónicas.
La propuesta, definida (más que acertadamente) por sus propios responsables como «cocina salvaje», se articula en tres menús degustación (Montia: 115 €, Montia XL: 130 € y Montia XXL: 145 €). Gurumelo, mantequilla y azafrán, alubias de Peguerinos, erizo y corteza de cerdo, cabrito colmenareño y liebre y gachas de bellota son algunos de los platos primaverales del más largo… además, claro, de los ya míticos e imprescindibles callos, servidos tanto en versión tradicional como en versión moderna.
El tema de los vinos siempre ha conllevado polémica en este restaurante, porque Ochoa los considera parte de las recetas, como se puede comprobar si se opta por el maridaje, más allá de su calidad y de sus características. Se puede estar de acuerdo o no con él, pero es indudable que esto también contribuye a que la visita a Montia sea algo único y diferente.
6. Valdemorillo: La Casa de Manolo Franco
C/ La Fuente, 6. Tlf.: 626 615 739
Valdemorillo es un pueblo ubicado al oste de la comunidad de Madrid conocido, principalmente, por albergar la primera feria taurina de la temporada, a principios de febrero, por San Blas y la Candelaria. Se podría pensar que su nombre es un diminutivo de Valdemoro, localidad mucho más grande; pero, teniendo en cuenta que entre ambos hay más de 60 kilómetros de distancia…

Sirva esta prolija (y probablemente innecesaria) introducción para ubicar el estrellado La Casa de Manolo Franco, restaurante que inauguró en 2019 el antiguo periodista deportivo reconvertido en mesonero que le da nombre en el local que ocupara durante medio siglo el Casa Manolo de sus padres.
En un entorno bucólico marcado por el paisaje del cercano embalse de Valmayor en la cuenca de Guadarrama, la idea de Franco es que los clientes que se sientan a sus mesas pasen un día en la sierra y, así, cada plato representa un momento de ese día: el desayuno, el paseo, el aperitivo, el almuerzo…, con las hierbas, aromáticas o no (tomillo, cantueso, lavanda, romero, escaramujo, roble, pino, coruja), recogidas en el campo circundante como base.
El restaurante cuenta con tres menús, a los que se denomina caprichos, que cambian al ritmo de las estaciones. El capricho de primavera acaba de ponerse de largo y dispone de tres tamaños: pequeño (8 pases, 85 €), mediano (13, 125 €) y largo (17, 150 €). En ellos, platos evocadores, pegados al territorio y que martillean la memoria, como capuchino de verduras, parmesano y almendras; ciervo, humo y huevo frito; arroz cremoso de toro, encina y aire avellanado o torrija de lavanda, pistacho y chocolate.
7. Valdemoro: Chirón
C/ Alarcón, 27. Tlf.: 918 956 974
El de Iván Muñoz-Bargueño es, sin discusión, el mejor restaurante de Las Vegas…. de los ríos Tajo, Tajuña y Jarama, comarca al sur de la Comunidad de Madrid, que, afortunadamente, nada tiene que ver con la capital mundial del pecado y a la que el cocinero rinde homenaje en su propuesta gastronómica, reconocida con un florón por la Guia Michelin desde hace más de diez años.

Muñoz-Bargueño apuesta por una cocina madrileña que, según explica, se sustenta en tres pilares básicos: los platos típicos o tradicionales, los platos que han absorbido la influencia de las demás cocinas del mundo y la materia prima que se produce en Madrid.
Esto se traduce en el menú degustación Ruta por Las Vegas (120 €), con platillos tan identificables y representativos de Madrid (y de La Mancha, no olvidemos que Madrid es una villa manchega venida a más) como tasajo de cervatillo ahumado, presa Ibérica en mantequilla de orza, yogur de morcilla, cocido de taba marino acompañado de una empanadilla de su ropavieja, pavía de crujiente bacalao y sus callos a la madrileña o remolacha de liebre, mole y maíz.
Además, el restaurante ofrece un menú degustación a la carta (98 €), uno de clásicos (64 €) y la que quizá sea la opción más económica conocida para comer en un restaurante estrellado, un menú ejecutivo disponible de martes a viernes no festivos con diversos aperitivos, tres platos, postre y petit fours por ¡43 euros! Apunten: martes y miércoles de Semana Santa no son festivos…
