Tiempo de lamprea

Tribuna

Llegó tarde, pero llegó. Las malas condiciones meteorológicas han retrasado de forma notable las capturas de lamprea, que habitualmente comienzan en enero y terminan a mediados de abril, cuando, como dicen en Galicia, “cante el cuco”. Los ‘lampreadictos’ hemos tenido que esperar, pero a cambio hay mayor cantidad que en años anteriores, en los que la escasez elevó su precio por encima de los 150 euros. En estos días, según leo en la Voz de Galicia, se está pagando a unos 60 euros.

 

Este peculiar pescado, del que se dice que tiene 400 millones de años, genera tanto entusiasmo como rechazo. No ayuda su aspecto repulsivo, cilíndrico y alargado, sin escamas y con una boca enorme en forma de ventosa con la que succionan la sangre de sus presas. Ni la peculiar textura de su carne, oscura y de sabor potente. Las lampreas remontan los ríos para desovar en el lugar en que nacieron. En Galicia se capturan en los llamados “pescos”, construcciones de piedra con redes artesanales que datan de tiempos de los romanos, principalmente en el Ulla y el Miño. Cunqueiro escribió que la lamprea es el poso del Miño. Y en el Miño, Arbo es la capital de la lamprea.

 

Esta localidad pontevedresa celebra desde 1960 la Fiesta de la Lamprea, en la que se consumen kilos y kilos, regados con vinos del Condado o albariños. Este año tendrá lugar del 24 al 26 de abril. Arbo incluso ha dado su nombre a una forma de preparar la lamprea, similar a la bordelesa, guisada con su sangre, vino y cebolla. Así es como la elaboran la mayoría de restaurantes. Pero también se prepara guisada con fideos y tirabeques, en empanada, a la brasa o rellena. Para esta última se seca y ahúma la lamprea y se hace un fiambre en rollo con huevos cocidos y verduras que se acompaña con ensaladilla.

 

Mi favorito para comerla en Arbo es Casa Pazos, pero están buenas también las del Mesón da Lamprea y Casa Barcia. Otra localidad fundamental al hablar de lamprea es Padrón, a orillas del Ulla. Y allí la referencia es Chef Rivera, donde Ángel Rivera ofrece un variado recetario. Cuando lo tiene, no hay que perderse el tradicional timbal que tanto gustaba a Cunqueiro. La lamprea, entera, se guisa dentro de una masa gruesa de pan. Notables también las que prepara Pepe Solla en Poio, y en Madrid las del restaurante Burela.

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