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Actualidad

Joan Piqué is back

Salvador Garcia-Arbós
Salvador Garcia-Arbós 16/8/2013Comentarios

Joan Piqué regresa en la nueva propuesta gastronómica global en la Costa Brava, el Lux’or de Platja d’Aro

Tras 14 años de ausencia y de deambular por diversos negocios y establecimientos de hostelería, Joan Piqué, cocinero esencial del grupo inicial de la “movida” de regeneración de la cocina catalana marca su regreso en el Lux’or, en Platja d’Aro, una de las ciudades más dinámicas de la Costa Brava

El restaurante Lux’Or, en Platja d’Aro.

Obra del arquitecto italiano Vicenzo Carmenati y construido en 1969, el edificio que aloja el Lux-or ha sido siempre muy reconocible y hoy, con la patina dorada y el restyling lujoso que le ha impregnado el diseñador Carlos Martínez, más siquiera, con una estética que, haciendo honor a su nombre, evoca el antiguo Egipto. Se trata de un edificio catalogado dedicado siempre al negocio de la gastronomía y las copas en pleno centro de Platja d’Aro. Durante 35 años y hasta su jubilación, Josep Reixach regentó el restaurante l’Esquinade y el Max Pub, que los propietarios han transformado y puesto al día, con Jordi Rissech a la dirección y con el chef Joan Piqué al frente de los fogones y de ideología y conceptos gastronómicos.

Del desayuno a la última copa

Lux’or cuenta con dos plantas de 250 m² cada una y, por supuesto, con dos ambientes. En la planta baja, a pie de calle, está la zona de bar y cafetería, un gastrobar donde sirven desayunos y meriendas, tapas y copas, según la hora del día; completa esta zona una terraza de 130 m². Arriba está el restaurante, el marco del regreso de Joan Piqué a las rutas gastronómicas. Una de las gracias de Lux’or es su versatilidad por ser el restaurante donde tomar el desayuno de fruta o croissant con la familia hasta la última copa.

Interior del restaurante Lux’Or.

Con un equipo de 50 trabajadores, Piqué y Rissech apuestan por crear un restaurante de calidad para volver a ser un referente en la dura plaza de la Costa Brava y Girona, referente gastronómico mundial desde hace ya unos cuantos años. Establecido en Cal Rei, también en Castell d’Aro, durante la década de los 1990, Joan Piqué disfrutó de una gran reputación como cocinero, recompensada con una estrella Michelin y su presencia en las guías de más prestigio. Precisamente, en su regreso pone al día algunos de los clásicos que marcaron su época entre los grandes cocineros: Mil hojas de huevo frito con foie gras poêlé; Galleta crujiente de manita de cerdo con ostras; el Ravioli de cigalas con salsa de trufa; el Bacalao a la “llauna” o la Lubina con ragout de chipirones. “Comienzo con la seguridad de donde lo dejé, pero con una puesta al día.” Y con alguna propuesta contemporánea como el Tartar de atún al natural o la Sopa fría de espárragos con bogavante y stracciatela de aceitunas de Kalamata.

Sin embargo, su mayor apuesta está en la oferta de pescado de la cercana lonja de Palamós, que le permite acometer su versión de platos tradicionales, como Zarzuela “Costa Brava” o el Suquet de pescadores, o una cocina a la plancha, sin manipular, o algo más complejo como los Filetes de salmonete con gárum y albahaca, hasta los arroces, con cigalas y almejas, con chocos o con bogavante.

Y mientras charlábamos en el lounge, ya emocionado por su regreso a la alta cocina, pues nunca se ha alejado de los fogones a nivel profesional, Joan Piqué confiesa su pasión por la grande cuisine classique  y reivindica la cocina mijoté, la de las lentas preparaciones. Entre los clásicos hay tres postres y un pedazo de carne dedicado al gran Gioachino Rossini, el inconmensurable Chateaubriand de ternera. De postres, claro, tres  de los más clásicos de la cocina clásica, con un toque de puesta al día, como corresponde: Tarta tatin, con helado de canela con calvados; una Tatin de manzana con crema helada de vainilla, y el Melocotón Melba con salsa de frambuesas.

El sumiller Xavier Ayala se encarga de la bodega, en la que destacan los vinos de la DO Empordà, pero no olvidan los mejores vinos del mundo, sean de Jerez, Oporto o Burdeos, como el mítico Château d’Yquem.