Lo que ocurre en el archipiélago canario, es desde hace años, un foco de atención para quienes saben de vino: altitud, suelos volcánicos, cepas prefiloxéricas y variedades con mucho carácter suman en una ecuación donde al conocimiento tradicional hay que añadirle la aportación de interesantes enólogos. Sin embargo, el consumo interno y la exportación a países dispuestos a pagarlos con más alegría que el consumidor español, hacen que algunos de estos vinos no sean fáciles de ver en la península.
Aunque Tenerife —con nada menos que seis denominaciones de origen— y Lanzarote sean los mayores productores de vino y los más conocidos de las islas, “quienes busquen algo realmente diferente tienen que fijarse en Gran Canaria”. Así lo recordaba hace unos días en Terrae Gran Canaria Carmelo Peña, el enólogo que ha hecho que el mundo del vino vuelva los ojos a esta isla con proyectos que abanderan esa singularidad nacida de la combinación de altitud, cepas viejas, variedades únicas y suelos volcánicos.
El vino de Gran Canaria fue uno de los protagonistas de la última edición del IV Encuentro Internacional de Cocinas Rurales, celebrado en la isla. Además de visitar los viñedos de Bien de Altura junto a Carmelo Peña y Alba Bernal, responsables de este interesante proyecto, también hubo tiempo para catar varias referencias.

Esta es una pequeña selección de algunos de los vinos más interesantes que ahora mismo se elaboran en Gran Canaria, fruto de esta reciente visita y de anteriores incursiones en la isla. Si alguna de estas botellas se cruza en nuestro camino en la carta de algún restaurante o en una vinoteca, merecen mucho la pena.
1. Ikewen
Es una de las referencias más conocidas de Carmelo Peña y del proyecto Bien de Altura. Algo así como la punta de lanza, ahora mismo, de esta nueva generación de vinos de Gran Canaria, con una notable presencia en las cartas tanto de restaurantes de Canarias como de locales de la península con buenas cartas de vinos. Aquí está todo: viñedos que trepan hasta los 1.450 metros, lo que los sitúa entre los más altos de Europa; variedades autóctonas como listán negro, listán prieto y otras blancas, mínima intervención y sólo 12,5 grados de alcohol. Ligereza, territorio y profundidad en este Ikewen que, por cierto, significa “origen” en bereber.

2. Lava Paraje Lomo de los Ingleses
Un vino de finca que, con una filosofía similar, es capaz de extraer todo el potencial de la uva listán negro, sin duda la más emblemática de la isla. Un tinto de color suave, muy elegante y que, con sólo 12 grados, parece ser la respuesta a esa creciente demanda de vinos con el alcohol controlado pero que no renuncian a cierto recorrido gastronómico. Altura, viñedos viejos, poca intervención y un paso por barrica y tinajas de barro que aporta estructura. Se elaboran menos de 1.000 botellas, así que hay que tener un poco de suerte para cruzarse con alguna de ellas.
3. Vandama Skin Contact
Al ver la etiqueta y el nombre de este vino de la bodega Finca Vandama —elaborado en la bodega de un restaurante muy recomendable de la isla— podríamos pensar que se trata de otro vino que quiere sumarse a la moda de los orange y los naturales. Error, porque resulta que el perfil de los vinos de Gran Canaria en realidad ya era moderno antes de que lo moderno fuera querer beber este tipo de vinos. Trabalenguas al margen, estamos ante un vino singular creado por Carmelo Peña a base de moscatel de Alejandría que se deja con sus pieles para obtener ese color naranja y envejece en acero inoxidable. Tal vez no sea para todos los públicos, pero los amantes de las rarezas estarán encantados.

4. Agala Altitud 1318
La altura es un elemento clave en los vinos de Gran Canaria. Hasta tal punto que algunos de ellos llevan este concepto, e incluso los metros a los que se sitúan los viñedos, a su nombre y etiqueta. Es el caso de Agala Altitud 1.318, de la Bodegas Bentayga. Un blanco que equilibra muy bien frescura y elegancia y que suele figurar siempre en las listas de mejores referencias de la isla. Se elabora con vijariego blanco y albillo criollo recogido en viñedos de, efectivamente, hasta 1.318 metros de altitud. Viticultura extrema para un vino con una acidez muy agradable y cierta cremosidad y estructura fruto del trabajo con lías.

5. Tidao
Volvemos a los viñedos de Bien de Altura, donde a esos más de 1.000 metros, suman laderas tan empinadas que requieren de sistemas de pequeños montacargas similares a los que se usan en Riberia Sacra. Viticultura heroica en versión canaria —“para que luego digan que los vinos de la isla son caros, bromeaba Peña”— que tiene frutos tan interesantes como este Tidao. Un tinto parcelario de un viñedo de más de 100 años donde la listán negro, y la castellana se combina con variedades blancas. De color suave y, de nuevo, poco más de 12 grados de alcohol, pasa un año en barrica lo que le da algo más de carácter, pero sin renunciar a un perfil muy fresco. Con una producción de sólo 1.200 botellas, podríamos decir que es algo así como la versión más refinada y exclusiva del citado Ikewen.

6. Tameran Baboso Blanco
Los expertos en el tema suelen señalar este vino como uno de los mejores de la isla. Se trata de uno de los monovarietales que trabaja la bodega Tameran y que aquí demuestra la elegancia de la uva baboso blanco y lo bien que le sientan los años. Este blanco tiene una excelente capacidad de envejecimiento gracias a una elevada acidez que le permite pasar por barrica para desarrollar estructura y cremosidad, pero manteniéndose muy vivo con el paso del tiempo. La bodega, propiedad del exfutbolista David Silva y dirigida por el enólogo Jonatán García (de Suertes del Marqués) es ahora mismo uno de los proyectos más conocidos y prometedores de Gran Canaria.
7. Las Tirajanas Tinto Roble
Cierto, eso de roble asusta, y en muchas otras zonas sería para salir corriendo y evitar el tablón de turno, pero podemos estar tranquilos, porque este tinto de Las Tirajanas, la bodega y cooperativa más grande de Gran Canaria, se salta los tópicos y, con sus solo trece grados y su fruta bien marcada, resulta un vino de lo más agradable. Se elabora con listán negro, vijariego negro, castellana negra y tintilla y sorprende su precio, muy ajustado para lo que se estila normalmente en las islas. Su perfil es, seguramente, el más tradicional de la lista, pero también representa una forma de entender el vino en Gran Canaria.
