Si por algo se caracteriza la novela negra mediterránea que se escribe en España, Italia, Francia y Grecia es porque sus personajes hacen del comer y el beber toda una declaración de intenciones, una filosofía de vida.
Mientras que los policías y detectives yanquis se atiborran de dónuts, hamburguesas y otras modalidades de comida basura; los nórdicos combaten el frío —no sólo atmosférico— de Noruega, Suecia o Islandia ingiriendo bebidas de alta graduación alcohólica por encima de sus posibilidades.
Manuel Vázquez Montalbán
Uno de los padres de la novela negra española, Manuel Vázquez Montalbán, convirtió a su personaje de cabecera, el detective Pepe Carvalho, en un consumado gourmet. De hecho, en una de sus aventuras, cuando un cliente le plantea ‘comer cualquier cosa’, le responde que él nunca come ‘cualquier cosa’. Que hasta un humilde bocadillo, hecho con buen pan, buenos ingredientes y mucho amor, es toda una delicatesen.

Carvalho creó escuela y después de sus visitas al mercado de La Boquería, en su casa cocinaba auténticos manjares. Y cuando tenía que viajar por cuestiones laborales, visitaba algunos de los restaurantes más afamados de las localidades donde hacía parada y fonda. Si tienen particular curiosidad por la dimensión gastronómica de esta serie de novelas policiacas a través de las que tan bien se explica la España de cada momento, de los años 70 del siglo pasado al mismísimo cambio de milenio, busquen ‘Las recetas de Carvalho’, libro que compila algunas de las más memorables, publicado por Planeta.
Andrea Camilleri
Una vez asentadas estas bases, autores como Andrea Camilleri, cuyo personaje de cabecera no por casualidad se llama Salvo Montalbano, también usan la cocina como elemento referencial en su novelística. La editorial Salamandra acaba de publicar una preciosa edición de ‘El comisario Montalbano’, con prólogo inédito del autor y que reúne tres de sus investigaciones más apasionantes. Siciliano como es, disfruta de la pasta tradicional italiana y de otras muchas variedades regionales de una gastronomía exuberante. Y del vino, claro. ¡Ay, el vino!

Petros Markaris
¿Qué tal si en este viaje por el Mediterráneo negro-criminal con mejor sabor hacemos parada en Grecia? En Atenas, concretamente, reside Kostas Jaritos, comisario de homicidios. Y su padre literario, el extraordinario escritor Petros Markaris, también hace de la comida y la mesa elemento destacado de sus aventuras.

Hablemos de los famosos tomates rellenos que su mujer, Adrianí, le prepara a Jaritos cuando, por alguna razón, quiere agasajarle, dado que es su plato favorito de la vida. Y están las tabernas griegas. Y hasta una escapada a la antigua Constantinopla hará el inspector en una de las más afamadas novelas de la saga, ‘Muerte en Estambul’. Y sí. La moussaka también tendrá su protagonismo. Como los pinchitos.
Camareros y parroquianos
De vuelta a España, nos vamos a Vigo para recordar al llorado Domingo Villar, que se nos fue demasiado pronto, y la Taberna Eligio que tanto frecuentaba Leo Caldas, protagonista de una trilogía negro-criminal que arrancó con ‘Ojos de agua’ y que la editorial Siruela acaba de publicar reunida en un mismo estuche que vale mucho más de lo que cuesta.

En ocasiones, cuando una investigación se atasca, nada mejor que irse a uno de esos establecimientos en los que nos sentimos mejor que en casa para destensar, conversar con el camarero y con los parroquianos habituales para ordenar ideas. De hecho, la auténtica Taberna Eligio se ha convertido en lugar de culto para los lectores de Villar, uno de los grandes maestros del género negro español contemporáneo. Y eso que ya era bien famosa y conocida, no en vano hablamos del bar más antiguo de Vigo.
Menús del día, cañas y pinchos de tortilla
A los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, los muy humanos y reflexivos personajes de Lorenzo Silva, les gusta comer bien, como a (casi) todos. Pero tratan de amoldarse a las dietas que les paga el cuerpo en cada una de sus investigaciones. Lo bueno es que el nivel medio de la restauración en España ha mejorado tanto que un menú del día es una inmejorable opción de alimentarse en condiciones y, a la vez, de conocer la idiosincrasia gastronómica de los diferentes rincones de la geografía española a los que les toca desplazarse por cuestión de trabajo.
Terminamos este repaso por los ribetes gastronómicos de la novela negra en Madrid, donde la comisaria María Ruiz de la periodista y novelista Berna González Harbour no le hace ascos a un buen pincho de tortilla.
Y no nos podemos olvidar de la inspectora Petra Delicado y el subinspector Garzón, de la escritora Alicia Giménez Bartlett. ¡Lo que les gusta tomarse una caña de cerveza con unas tapas en el bar de al lado de su comisaría para poner en orden sus ideas! Y es que no todo pueden ser restaurantes con estrella Michelin en la narrativa gastronómica.
¿Y Asia?
Llegados a este punto tendríamos que irnos a Japón para descubrir la enigmática taberna Kamogawa. Pero ésa es una historia tan sumamente fascinante que la dejamos para otra ocasión. Eso sí: no duden en comprar los libros de Hisashi Kashiwai publicados por la editorial Salamandra. La serie de novelas comienza por ‘Los misterios de la taberna Kamogawa’ y ya tiene cuatro libros traducidos al español. El más reciente: ‘Los sabores secretos de la taberna Kamogawa’.

Háganme caso y no duden en traspasar sus puertas. A riesgo de quedar felizmente atrapados para siempre en su interior.
