La audaz arquitectura de Les Cols, adaptando al siglo XXI una masía del siglo XI, es fiel reflejo de la cocina que nos encontramos. Fina Puigdevall lleva 36 años, aquí en Olot, al pie del Pirineo catalán, demostrando que interpreta como pocos cocineros su entorno, el volcánico de La Garrocha. De él se nutre para unos platos sabrosos y sobrios, con los ingredientes justos, sin innecesarios efectismos. En un mundo global que tiende a igualarlo todo, Fina ofrece genuina cocina de paisaje con lo que ella denomina «alimentos no viajados».
Elaboraciones de base tradicional perfectamente adaptadas, como se adapta a los tiempos actuales esta masía en la que se asienta el restaurante, y que es también la casa donde nació la cocinera. Productos de las huertas y de las granjas de La Garrocha, algunos recuperados tras largas investigaciones: alforfón, patatas de La Vall d’en Bas, maíz, aves de payés (como esos patos alimentados con bellotas), judías de Santa Pau, ratafía, roscón de Olot, el cerdo y sus embutidos, caracoles, jabalí, trufa, castañas, nabos, setas, hierbas y las flores… Todo pasa en su momento del año por los menús de Fina Puigdevall, reforzada ahora por sus hijas Martina, jefa de cocina, y Carlota Puigvert. La naturaleza es su fuente de inspiración. No importa que los productos sean humildes para convertirlos en protagonistas de platos de alta cocina. Además, la familia Puigvert Puigdevall está convencida de que el objetivo de un restaurante es dar felicidad a los clientes. Por eso da tanta importancia a la hospitalidad, capítulo del que se ocupan Manel, el marido de Fina, y Clara, la otra hija.
En el menú no falta su emblemático «Del gallinero al plato», un huevo fresco recogido el mismo día de las gallinas que se ven junto al restaurante. De yema untuosa, su acompañamiento cambia según la temporada. Ahora, en primavera, colmenillas y espárragos silvestres. Tampoco faltan las judías de Santa Pau, estos días guisadas con manitas de cerdo. Ni faltan las hierbas, ni las verduras, ni el bacalao. Les Cols ha sido el escenario perfecto para la presentación del nuevo Ruinart Blanc Singulier, un champán con el que la histórica “maison” de Reims busca adaptarse a un clima cambiante que está afectando a sus viñedos. Un chardonnay de gran profundidad aromática y textura envolvente en la boca que va como anillo al dedo a esa cocina natural, ligera y sabrosa que se disfruta en Les Cols.