Dining Room, valentía venezolana al cuadrado

Los que vivimos en Latinoamérica lo sabemos: hacer un menú con técnica y producto en una ciudad chica es un acto heroico. Y en el contexto venezolano Dining Room es heroicidad al cuadrado

Rodolfo Reich

|
Dining Room
Dirección:Av. Paseo Cuatricentenario, Valencia, Estado de Carabobo, Venezuela
Cerrado:No cierra ningún día
Tipo de cocina:Cocina venezolana contemporánea.
Destacamos:Menú degustación. Desayunos los sábados y domingos desde las 8.00h
Precio medio:A la carta, desde 30€. Menú degustación: 80€

Cuando pensamos en cocina venezolana, de inmediato surgen lugares comunes que inundan nuestra imaginación: las arepas rellenas de reina pepiada, las cachapas de maíz dulce con queso fresco, los tequeños crujientes por fuera y golosos por dentro. Es esa cocina callejera que en los últimos años se presentó con la fuerza de ocho millones de venezolanos que salieron de su país natal, llevando consigo acentos, música, modismos, esperanzas, y, claro, también, sus sabores más nostálgicos.

 

Pero esto es apenas una pequeña muestra, un pantallazo rápido y callejero de una gastronomía de un país que tiene mucho: de las costas caribeñas a los Andes, del frondoso Amazonas a las sierras, de los fértiles valles a los llanos. El mejor modo de entender esto es —recurriendo a una analogía del mundillo gastronómico— poniendo las manos en la masa; es decir, viajando a la propia Venezuela para probar in situ qué están haciendo allí sus mejores cocineros y restaurantes.

Dining Room, valentía venezolana al cuadrado 0
Frank Parada, chef y socio de Dining Room.

En Valencia, ciudad industrial ubicada a dos horas de auto (poco más de 150 kilómetros) de Caracas, Dining Room es uno de esos lugares que se encarga de mostrar una alta cocina venezolana con envidiable orgullo por lo propio. Detrás hay gente que sabe, que tiene cintura para esquivar dificultades, y sensibilidad para expresar su lugar en el mundo. Al mando está Jonathan Faria, valenciano de raíz portuguesa, melómano y carismático, hijo de gastronómicos. Todavía de joven, a Jonathan se lo conoció como “el rey de la noche de Valencia”, tras abrir una discoteca (Living Room) que supo marcar a una generación.

 

Hoy, en esa misma esquina de la zona de Guataparo, Jonathan y su pareja Sofía Cárdenas Branger armaron un pequeño y maduro emporio culinario, que entiende cómo traducir tendencias globales al producto local. Ahí está Coffee Market, mezcla de panadería, cafetería y bodegón, donde trabajan con masa madre y hacen palmeritas de ensueño, crujientes y mantecosas; se suma El Clásico, nombre informal para el salón de donde salen pizzas, hamburguesas, pastas caseras, sánduches varios y el mejor desayuno de la ciudad (con cachitos, caraotas, huevos perico y tanto más). Al otro lado, con entrada independiente, aparece la preciosa Terraza, glamorosa con sus cócteles, su Dj y sus tentempiés. Y en el medio, escondido, de colores cálidos, íntimo, el Dining Room, una propuesta más profunda para una cocina con ambición de trascendencia.

El equipo de Dining Room al completo en la terraza
El equipo de Dining Room al completo en la terraza.

Dining Room abrió en pandemia y encontró su identidad cuando encontró a su cocinero, Frank Parada, hoy merecido socio. Flamante ganador del Tenedor de oro como mejor chef de 2025 según la Academia Venezolana de Gastronomía, Frank —más parco, tímido pero siempre afectuoso— es de esos cocineros que salió al mundo: de su Mérida natal se fue a conocer los pescados y mariscos en la paradisíaca Los Roques, hizo luego base en Caracas, de ahí recorrió Latinoamérica hasta encontrar escuela y mentores en Perú, trabajando con su compatriota Juan Luis Martínez (el de Mérito), también con Jaime Pesaque (Mayta) y con el inteligente Pedro Schiaffino.

Chicharrón de panceta de cerdo en Dining Room.
Chicharrón de panceta de cerdo en Dining Room.

América Latina es un continente mestizo, para bien y para mal, arrastrando conquistas y genocidios, migraciones e independencias. Sobre esa cocina mestiza trabaja Frank, apoyando sus pies en tierras venezolanas, donde no faltan productos fetiche, los que más ama: el maíz, el apio criollo (un tubérculo andino que nada tiene que ver con lo que en otros países de habla hispana conocemos como apio), el profundamente aromático ají dulce, el mapuey amazónico, el cambur y los plátanos, el lulo y el mango, el tamarindo, el café y el cacao, entre tantos otros.

 

Desde hace varios años, Venezuela está algo relegada de las rutas turísticas más transitadas. Dining Room debe, así, hacer lo que deberían intentar todos los buenos restaurantes del mundo: pensar en su comensal local, seducirlo con oferta, sus precios, su mezcla de sabores. En este restaurante se puede comer a la carta o pedir el menú degustación, una selección de esos mismos platos, que en su bajada a la mesa intentan narrar un paisaje con sus tradiciones.

El comedor de Dining Room.
El comedor de Dining Room.

Comenzar con un pan tibio de masa madre teñido con mapuey morado, acompañado de mantequilla de ají dulce; seguir con una frágil, casi traslúcida tarteleta hecha a base del apio criollo, rellena de pesca cruda y curada, ají dulce y arvejas frescas. Serán en total nueve pasos, donde no falta un ceviche con leche de tigre a base de lulos rostizados; una más contundente y conocida carrillera de infinitas horas de cocción, que gana identidad gracias al plátano maduro y la lechosa (papaya) verde encurtida; o un chicharrón de panceta de cerdo con barbacoa de piña, un plato que dan ganas de pedir en tamaño extra large junto a una negrita (una de las cervezas Pilsen más populares del país) bien fría; lo mismo sucede con un clásico de esta casa, un plato que inamovible del menú: su coliflor ahumado servido sobre un cremoso de los tallos del mismo coliflor y una adictiva demi glace de vegetales.

Coliflor ahumada en Dining Room.
Coliflor ahumado, uno de los clásicos de Dining Room.

Los vinos serán en su mayoría europeos, las armonías tienen camino por recorrer. Entre los postres, aparece una mousse de apio criollo (un guiño a la crema de apio, uno de los comfort food más queridos de la Venezuela hogareña) con reducción de manaca y macambo garrapiñado; y cierra un café de El Recreo, histórica, preciosa y turística hacienda ubicada a tan solo 50 kilómetros de Valencia, donde elaboran algunos de los mejores granos de café del país.

mousse de apio criollo
Mousse de apio criollo.

Los que vivimos en Latinoamérica lo sabemos: hacer un menú degustación con técnica y búsqueda minuciosa de producto en una ciudad relativamente chica, que no es la capital del país, es siempre un acto heroico. Y en el contexto venezolano, esa heroicidad se eleva al cuadrado, bajo el nombre de Dining Room: el salón de una casa orgullosa, con Jonathan, Sofía y Frank como bellos anfitriones.